sábado, 29 de octubre de 2011

Vincent Price: introducción + primeros años (parte 1)

Ferran Ballesta




Introducción:

Vincent Price dijo en su momento que Boris Karloff “hizo creíble y humano lo que era increíble e inhumano”, y en parte tenía razón. Fue sin duda su máximo exponente, como el de tantísimos otros, pero Price consiguió ganarse a pulso su legado encima del altar del recuerdo, consagrando una vida a la interpretación apostando por las producciones de serie B, con los condicionantes que suponían realizar este tipo de cine.

¿Pero quien era Vincent Price? Creo que una persona neófita en cine de terror se le puede considerar con ciertos conocimientos mínimos cuando descubre por si mismo que Frankenstein no era un monstruo, sino un doctor. Llegados a este punto relacionará Boris Karloff con El doctor Frankenstein de James Whale, y sistemáticamente aprenderá que Bela Lugosi interpretó a Dracula, o Lon Chaney Jr a El Hombre lobo. ¿Pero y Vincent Price? Lo que hizo grande a Vincent Price es precisamente lo contrario, él prácticamente nunca utilizó máscaras o disfraces, el terror que transmitía era casi siempre a cara descubierta en favor de su talento interpretativo. De hecho, cuando los productores ofrecían algún personaje a Vincent Price lo que en realidad querían era que Vincent Price en sí, apareciera a la película, porqué él era el terror, sus capacidades interpretativas (tal y como apuntaba), crearon al verdadero demonio en forma de elegancia, que con cuatro frases y una mirada era capaz de transmitir el miedo al espectador, algo que solo gente de la talla de Bela Lugosi podía conseguir dentro del terror durante los maravillosos años 30, interpretando a Dracula, que con solo una mirada fija era capaz de decir tantas cosas… Por eso la clave de sus personajes residen en la monstruosidad de sus retorcidas mentes, hombres de carne y hueso con inclinación a la maldad.

Y tenemos que dar gracias al teatro, que fue lo que le dio su carisma interpretativo. De hecho su faceta más prodigiosa se encontraba en este arte escénico, pero acabó apostando por el cine, destrozando así una muy prometedora carrera dentro de los escenarios, aunque lo cierto es que nunca los abandonaría. Incluso poeta, antes de no ser nadie fue un erudito escritor de poesía, ganándose el respeto en Europa, algo que aprovechó siempre y que nunca se distanció. A modo anecdótico, incluso escribió un libro de gastronomía!

En este artículo que se irá actualizando -intentaré- cada día, intentaré centrarme en su faceta cinematográfica, y en concreto dentro del género cinematográfico que supo apostar por él, el terror. Pero no hay que olvidar que un “monstruo” de tales magnitudes tiene una extensísima filmografía de casi 80 películas, y que gran parte de ellas se centran en nuestro género. Pido disculpas de antemano si alguien se siente ofendido al no encontrarse en este artículo algún título que considera imprescindible dentro de su filmografía. He intentado hacer una extensa selección de títulos que considero clave dentro de su carrera, dando prioridad también a directores de cierto renombre como Roger Corman o Gordon Hessler, que aunque tengan títulos de discutible calidad creo que su aportación al artículo puede ser muy interesante. También quiero apuntar que en ningún momento pretendo hacer descubrir nada que los más expertos dentro del cine de terror (y en concreto de Vincet Price) intenten encontrar, sino que mis intenciones son las de dar a conocer a cuanta más gente mejor a un personaje maltratado por la industria y que muy tristemente vive olvidado en las bibliotecas y estanterías de las librerías. Porqué el cine de terror es mucho más que el desprecio que vive por parte de la crítica, porqué más allá de Karloff o Lugosi hay otro estandarte, quizás el más elevado, y se llama Vincent Price, y es algo que las nuevas generaciones de psicópatas amantes del género deben saber.



Sus primeros años:


El reinado de Price empezó en los años 40, como actor secundario de lujo en producciones de lujo. Quién se creería hoy en día que el actor principal de películas como Matar o no matar, ese es el problema (Douglas Hickox, 1973), participó en producciones de tal calibre como supone trabajar con gente como Michael Curtiz (La vida privada de Elizabeth y Essex)?, y compartiendo protagonismo con gente de la talla de Bette Davis o Erroll Flyinn? En un alto pedestal empezó su carrera, sin duda, pero sin duda también este título fue un desastre, pecaba de lo que quizás pecó Price en toda su carrera, de excesivamente teatral. Se notaba la puesta en escena de los actores demasiado sobreactuada, y aunque la participación de Price fue breve el resultado fue ridículo. Pero la industria empezaba a descubrir a un hombre con potencial, si más no a un caballero que ayudaba a un incompetente Erroll Flynn a aprenderse sus diálogos en pleno rodaje, (y que incluso en ocasiones llegaba tarde a ellos). Por su parte, Price, se preparó con mucho rigor histórico su breve aparición.

Su siguiente película sería La torre de Londres (Rowland V. Lee, 1939), que aunque no es puramente de terror, si que tiene elementos del género. Esta vez compartiría escenario con su Diós: Boris Karloff, y con el siempre recordado Sherlock Holmes, Basil Rathbone. Una excelente película y que futuramente Roger Corman realizaría un remake, esta vez con Price como protagonista.

Green Hell (1940), de James Whale fue su siguiente trabajo. Fue un verdadero desastre, considerada como la peor película del año y fue arrollada al infierno por la crítica. Posteriormente comentaré sobre ella.
Poco a poco Vincent Price se veía relegado a ser actor secundario en producciones que normalmente fracasaban, y eso no le permitía encontrar su hueco en la industria. Pero la secuela de El hombre invisible, El hombre invisible vuelve (Joe May, 1940) obtuvo un considerable éxito, y además volvía a tocar de refilón el género fantástico, pero tan fantástico que al interpretar a un hombre invisible no le vemos prácticamente.

A partir del año 1940 firmó contrato con la Universal y realizó 12 películas. Los 4 primeros años con la productora los dedicó a seguir buscando su hueco dentro de la industria en películas de dudosa calidad, hasta que le cambió la suerte al volver a participar con gente de alto interés histórico dentro del cine, y concretamente en producciones que supusieron grandes éxitos en bien de su carrera. Películas como Las llaves del reino (1944) de John M. Stahl fueron un exitazo de la época con cuatro nominaciones a los Oscar y el impresionante nacimiento artístico de un Gregory Peck impecable, y Que el cielo la juzgue (1945), también del mismo director pero esta vez debutando en el color. También realizó dos películas para otro de los grandes, Otto Preminger, con Laura (1944) (5 nominaciones al oscar) y La Zarina (1945). Laura supuso siempre para Vincent Price “la película perfecta” (foto superior junto a Dana Andrews), que no quiere decir su favorita pero si la que considera de más alta calidad por ser “nada pretenciosa, simple y brillante a la vez”, un servidor le da la razón.

En 1948 participó en otro título inmortal, Los tres mosqueteros (George Sidney ,1948), una verdadera joya de aventuras totalmente reconocible pese a sus numerables adaptaciones. Price interpreta a Richelieu, y como siempre, seguía sin ser protagonista de nada.

El tiempo le iba relegando a secundario de lujo, participando en producciones de alto calibre como Soborno (1949), dirigida por Robert Z. Leonard, un film policíaco que mezcla a la perfección el thriller y el romanticismo, con Ava Gardner y Robert Taylor como principales estrellas. Para acabar llegando hasta Las fronteras del crimen (1951) de John Farrow, con un Robert Mitchum como siempre totalmente soberbio y con un guión que posee grandes diálogos, pero tristemente no es más que un título puramente anecdótico y prescindible, pero mediático por lo que supone trabajar con Farrow y Mitchum, incluso con la guapísima Jane Russel recientemente fallecida.

Para acabar llegando al cine de terror, a Los crímenes del museo de cera de André de Toth, pero que antes de comentarla ampliamente Vincent Price participó (posteriormente) en dos clasicazos del cine que junto a Laura de Otto Preminger le convierte en más inmortal que nunca, se trata de Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956) (foto a la izquierda) y Mientras Nueva York duerme (1956), de Fritz Lang. Pese a ser películas en las que seguía como secundario, sus papeles acaban teniendo una importancia bastante destacable, empezaba a entrar dentro de la industria como alguien de talento, con un amplio currículum, con prestigio, pero que solo le sirvió para acabar entrando en lo que él nunca quiso, el cine de terror. Como si de un estigma se tratara, Vincent Price quedó atrapado dentro de una tela de araña, en el cine de terror, de la que jamás acabó saliendo. Era su lugar, estaba predestinado, y por suerte hoy, podemos disfrutar de él.

Todo empezó con Los crímenes del museo de cera


1 comentario:

  1. Una entrada muy currada!!!
    Me encanta este tío, tenía mucho carisma trabajando =)

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