lunes, 14 de febrero de 2011

The Ward - John Carpenter, 2010




TÍTULO ORIGINAL The Ward
AÑO 2010
DURACIÓN 88 min.
PAÍS USA
DIRECTOR John Carpenter
GUIÓN Michael Rasmussen, Shawn Rasmussen
MÚSICA Mark Kilian
FOTOGRAFÍA Yaron Orbach
REPARTO Amber Heard, Danielle Panabaker, Mika Boorem, Jared Harris, Lyndsy Fonseca, Mamie Gummer, Laura-Leigh, Sali Sayler, Sydney Sweeney, Dan Anderson
PRODUCTORA Echo Lake Productions / A Bigger Boat

NOTA: 5







Después de un parón de casi una década por motivos personales y de salud, Carpenter milagrosamente revive en el largometraje con una película de terror que indiferentemente de su calidad, debe ser motivo de alegría para cualquier aficionado al cine.

Su nombre es The Ward, donde una chica (Amber Heard) ingresará en un sanatorio mental por motivos desconocidos, y allí deberá enfrentarse a un fantasma que le acechará. Una “ghost movie” totalmente convencional y previsible, que si no hubiera sido dirigida por el maestro Carpenter no sería más que una correcta cinta prescindible, y de hecho tiene elementos del cine ochenteno que la hacen en cierta manera especial, pero viniendo de Carpenter es demasiado poca cosa, decepciona. Pese a eso hay que matizar las cosas. The Ward es un producto de encargo simple y alejado a lo que Carpenter nos tiene acostumbrados, con su cine de serie B más contundente, dentro de lo que sería el género Fantástico en sí, y en este caso se apuesta por el terror psicológico por encima del resto. Pese a eso, hay muy buenos momentos gore, realizados por el actual rey de los fx como es Greg Nicotero, que todo sea dicho, su presencia en las películas garantiza buenos momentos.

No estamos entonces en la siguiente genialidad después de Cigarrette Burns. Carpenter desentona garrafalmente en algunos momentos con roturas de ritmo de tensión en escenas de acción (por el montaje) o en el abuso de determinados planos: contrapicados de la fachada o el plano del pasillo por ejemplo, momentos que hacen evidentes los cuatro decorados que tiene la película y su clara influencia en El resplandor de Kubrick. Lo que si es cierto es que hay un excelente trabajo de iluminación, que acaba dotando la película de grandes momentos de terror que a más de uno de hará saltar de la butaca. Un gran trabajo de sombras.

Pero el resultado final deja un sabor agridulce. El final sorpresa arregla cosas, da respuestas a lo que estábamos apunto de calificar como “errores de raccord”, lo hemos pasado bien, con buenos sustos y momentos de auténtico gore (con desgarre ocular incluido!), pero demasiado previsible, demasiadas películas con la misma idea que no hace más que evidente que por más bien realizada que esté, con este producto de encargo Carpenter nunca ha podido hacer otra obra maestra.

Carpenter ha vuelto, y por encima de todo hay que agradecerle que nos regale otro entretenido bombón, aunque a ratos esté salado.


sábado, 12 de febrero de 2011

Videodrome, El desprecio y Vivir Rodando. 3 en 1

Ferran Ballesta




Cuando hablamos de lo que es la realidad o la ficción a veces no somos conscientes de que una cosa puede ir atada con el otro. Nuestro subconsciente a menudo nos indica el que no nos atrevemos a hacer salir a la luz pública, mintiéndonos a nosotros mismos sobre lo que realmente queremos o incluso deseamos. Estas tres películas son diferentes ejemplos de cómo se puede modificar una realidad con la falta de valor a la hora de afrontar las dudas y las voluntades que cada sujeto tiene. Por ejemplo Videodrome, una de las obras maestras del excelente David Cronenberg en que rompió tabúes, imaginó un mundo donde la sexualidad se convertía en un monstruo, que la carne mutaba, que lo que hacían no era destruir sino crear, una imaginación perversa por parte del protagonista dentro de una mente podrida por una especie de tumor cerebral nombrado Videodrome.

Después por otro lado tenemos El desprecio, una de las obras maestras del famoso director Jean Luc Godard, uno de los directores propulsores de la "nouvelle vage". Un cambio radical si lo comparamos con la anterior película de Cronenberg, pero que también aporta similitudes dentro de una historia que no tiene nada que ver. Aquí también se tratan temas como las inquietudes de los protagonistas, la falta de sinceridad con ellos mismos y con el resto, el erotismo o la distorsión de la realidad que en ocasiones no sabemos en absoluto donde nos encontramos, si dentro de una película o dentro de una película que está dentro de la película. Esta falta de linealidad argumental o sólo en algunos momentos (sobre todo en El desprecio, ya que el resto de la película es totalmente cierta), es el motivo por el cual se han agrupado estos dos filmes, junto con Vivir rodando, de bastante menos calidad pero que ni mucho menos se queda demasiado atrás.


Vivir rodando se mezcla entre el documental y la comedia, se nos explica cómo es por dentro un rodaje de una película vista desde los diferentes puntos de vista que tienen los personajes, con sus sueños personales y sus inquietudes. Al igual que en Videodrome, aquí los personajes (no hay ningún protagonista claro) tampoco son sinceros con ellos mismos y por eso sucede la acción. Pero esta producción es de canto más simplista, más accesible al público general y podríamos hablar de un producto casi puramente comercial.
Los tres directores han querido aportar su visión de la voluntad distorsionada con tres historias muy diferentes, pero siempre con la misma intención. El querer y no poder, el abuso de las situaciones en momentos de superioridad, la creencia de ser erróneamente un ser superior, muy visto desde el punto de vista de una película, o de una pantalla. Precisamente a El desprecio, me gustaría rescatar una frase que podría resumir lo que pretenden explicar estos tres ejemplos fílmicos: "El cine sustituye nuestra mirada por un mundo más en harmonía con nuestros deseos. El desprecio es una historia de este mundo". Tanto El desprecio como las otras dos explican lo mismo. Ahora fijémonos en Videodrome, el protagonista se obsesiona por una cinta, busca la realidad y él cree que Videodrome es la solución. Precisamente también hay una frase que resume y se acerca a la anterior frase citada de El desprecio: "La pantalla de la TV es la retina del ojo, de la mente, por lo tanto, la pantalla de la TV forma parte de la estructura del cerebro. La TV es realidad, y la realidad es menos que la TV". Lo que vemos es lo que deseamos inconscientemente y en este caso, Videodrome nos ayuda a conseguirlo.

Menos complicado es todo en Vivir rodando, como ya he dicho antes, de canto más simplista, también juega con la distorsión de la realidad cuánto se está rodando una película. Todos los personajes tienen una profundidad muy típica de los protagonistas, pero la falta de un protagonista claro hace que todos tengan sueños, opiniones o ganas de expresar cosas. Todos sueñan con el rodaje, como les gustaría que fuera, los objetivos que tienen, etc. y siempre aprovechan la cámara para expresarse. Su naturalidad como persona queda desnuda en algunos momentos del metraje, con emociones y sentimientos que no se atreven a decir, que si los trabajadores no sirven y por eso no sigue adelante la grabación, que la actriz no es demasiada buena, que el actor es uno “guarro” y creído, la falta de sinceridad en el amor... diferentes sentimientos que sólo son mostrados delante de la presión de la cámara, y es en estos momentos cuando mejor funciona la película que están rodando, porque se desnudan como persona, sus sentimientos que guardan con miedo dentro de sí, explotan, y da el mejor de sí mismo obviando miedos y dudas.




En la siguiente entrada hablaré de los aspectos técnicos.
Link: http://lazonamuerta-cine.blogspot.com/2012/01/videodrome-el-desprecio-y-vivir-rodando.html