viernes, 11 de marzo de 2011

La fortaleza escondida - Akira Kurosawa, 1958




TÍTULO ORIGINAL: Kakushi Toride no San-Akunin (The Hidden Fortress)
DIRECTOR: Akira Kurosawa
GUIÓN: Akira Kurosawa, Ryuzo Kikushima, Hideo Oguni, Shinobu Hashimoto
MÚSICA: Masaru Sato
AÑO: 1958
DURACIÓN: 123 min.
PAÍS: Japón
FOTOGRAFÍA: Ichio Yamazaki (B&W)
REPARTO: Toshirô Mifune, Misa Uehara, Takashi Shimura, Susumu Fujita, Eiko Miyoshi
PRODUCTORA: Toho


NOTA: 8




A menudo occidente ha necesitado recurrir al exterior la inspiración para saciar su carencia creativa. Lo cierto es que a finales de los 50 y principios de los 60 las televisiones empezaban a entrar en las casas, provocando así una disminución progresiva de público en los cines, apareciendo un nuevo negocio como serían las series de televisión. Poco a poco, y gracias en parte a Rashomon (1950) de Akira Kurosawa (que ganó la Palma de oro en Cannes) tímidamente se fueron introduciendo títulos orientales en Europa y USA.

Cuando Kurosawa ya llevaba encima unas cuantas obras maestras, en 1958 tuvo la necesidad de crear una obra de puro entretenimiento, rompiendo así los moldes de lo que fue hasta ese momento su filmografía, cargada de dramatismo, y incidiendo en la personalidad y deseos de cada uno de los personajes que creó. Fueron tiempos también de innovación técnica en las películas. El Cinerama y Cinemascope se crearon para atraer el público de nuevo a las salas por su espectacularidad, pero el hecho que el Cinerama fuera tan caro (y peligroso) hizo consolidar el Scope. También en Japón, fue un formato que permitía crear composiciones temáticas que habrían sido difíciles si no imposibles de realizar con una pantalla normal. El resultado fue espectacular, Japón lo aprovechó excelentemente creando bellísimas composiciones panorámicas, y Akira Kurosawa se moría de ganas de utilizar ese nuevo formato, el TohoScope. Eso si, el director seguía reticente al color, decía que no se hacían aún películas con un buen color en caso de abusar de una profundidad focal larga, solamente veía con buenos ojos cuando la fotografía era cercana, un tipo de fotografía muy diferente al cine de Kurosawa ya que siempre ha abusado de planos generales.

La fortaleza escondida fue el proyecto que apostó el director para este nuevo formato, una película situada en el Japón feudal en que apuesta por la mezcla de géneros cinematográficos como son la aventura, drama, comedia y los Jidai-geki, totalmente compatibles y que con una gran maestría Kurosawa supo cohesionar. A menudo el director siempre ha sorprendido por la gran cantidad de suspense que ha dotado sus guiones, profundizando en las luchas internas que sufren sus personajes, las luchas contra su propia alma, creando así una fuerte tensión constante. Pero el resultado de la presente película es un drama de acción, tan bien hecha y imaginativa que gracias a los personajes de Chiaki y Fujiwara consigue divertir y descafeinar la tensión habitual del director. Un caramelo en forma de oxigeno totalmente refrescante para todo aquel seguidor de la filmografía de Kurosawa, donde encontrará su película más divertida y entretenida sin olvidar la obra maestra que es a nivel técnico y artístico. Aunque quizás no está a la altura de joyas como Rashomon (1950) o Los siete samuráis (1954), es la película que conseguirá atraer al público poco familiarizado con el cine oriental.

La película trata del despertar personal de la princesa, de la dual visión social que tiene tanto del feudalismo como de la realeza, toda la esplendor de una época vista por sus ojos. Es el camino que tiene que seguir, buscando las respuesta de ¿quién soy? y ¿a quien mando? Es el camino que debe seguir para recuperar su trono. Junto a ella la seguirá Rokurota, el escolta personal que tiene el deber de protegerla hasta su destino. Interpretado por el siempre excelente Toshiro Miffune desarrolla un personaje comprometido con su deber, fiel y con tanta seriedad que contrasta magníficamente con la estupidez y miedo de Chiaki y Fujiwara. Este trío de personajes es sin duda la clave de este film, un trío memorable gracias a las reacciones de ambos en las distintas situaciones de la historia.

Estos dos últimos personajes (Chiaki y Fujiwara) fueron motivo de inspiración para George Lucas crear su aclamada La guerra de las galaxias. C-3 PO y R2-D2 son clarísimamente esos dos personajes de la cinta de Kurosawa, con prácticamente la misma personalidad, incluso los primeros minutos de ambos films son idénticos, ese paseo entre la soledad y la nada nutrieron de inspiración a un Lucas que siempre se ha declarado admirador del director japonés. Incluso la princesa Yuki puede compararse con la princesa Leia.

También hay que resaltar la música. Kurosawa siempre apostaba por músicas muy poco melódicas, de solo un instrumento normalmente. Masaru Sato escribió la música, alguien habitual en su filmografía y que compuso para películas como Trono de sangre (1957) o Los bajos fondos (1957), entre muchísimas obras posteriores, quizás el Ennio Morricone o Jerry Goldsmith japonés. En esta producción, Sato apostó más por una música más melódica que acertadamente ligaba mucho más con el tipo de cine que se vería, el de aventuras. Una música orquestada y muy vigorosa.

La fortaleza escondida fue el segundo exitazo de Kurosawa a nivel económico después de Los siete samuráis, muy condicionada por los recortes que sufrió la cinta, decían en USA que 132 minutos eran excesivos para su estreno y que entorpecían el ritmo haciéndose muy lenta (típica justificación americana de la época). Así que se recortó hasta los 90 minutos. Solamente en los años 80 la pudimos ver y disfrutar íntegramente.

Ganó el premio del Oso de Plata en Berlín, un reconocimiento poco habitual en el cine oriental de la época, que justifica que se puede hacer cine entretenido y de calidad, algo que los productores de hoy en día parecen haber olvidado.

Como anécdota, recientemente ha hecho un remake japonés, en que la primera mitad se dedicaban a plagiar íntegramente la versión original, y la otra mitad se dedicaban a destrozar la película. Un desastre de principio a fin.


domingo, 6 de marzo de 2011

El regreso de un héroe (Django 2)




TÍTULO ORIGINAL: Django 2: il grande ritorno
DIRECTOR: Nello Rossati
GUIÓN: Franco Reggiani, Nello Rossati (Personajes: Sergio Corbucci)
AÑO: 1987
DURACIÓN: 88 min.
PAÍS: Italia
MÚSICA: Gianfranco Plenizio
FOTOGRAFÍA: Sandro Mancori
REPARTO: Franco Nero, Donald Pleasence, Christopher Connelly, Licinia Lentini, William Berger, Roberto Posse, Alessandro Di Chio
PRODUCTORA: National Cinematografica

NOTA: 7





En plena oleada de spaguetti western en los años 60, uno de los máximos exponentes de aquel cine fue Sergio Corbucci, creador de uno de los westerns más violentos y logrados que existen. No era pretencioso, pero si que cumplió con sus intenciones, que era emular la historia de Yojimbo (Akira Kurosawa, 1961) y que Sergio Leone aprovechó en su primera incursión a la trilogía del dólar con Por un puñado de dólares (Sergio Leone, 1964). Fue dos años después cuando apareció el citado "exploit", Django (1966), radicalizando el argumento con momentos de gran crudeza visual, y una puesta en escena asquerosamente sensacional, con ese barro por las calles que incluso hoy en día sorprende y crea la gran pregunta de cómo se pudo rodar en esas condiciones la película. Pero es que nada tenía que envidiar a la obra de Leone, Corbucci dotó la película de otro protagonista carismático, un Franco Nero simplemente espectacular que encarnó un personaje machista a rabiar y silenciosamente inesperado, un antihéroe de durísimas reacciones. Incluso la música tenía gancho, creada por Luis Enrique Bakalov, es hoy en día pegadiza, algo complicado y siempre buscado cuando se hace una producción cinematográfica.

Pero Italia fue Italia, y si no te llamas Sergio Leone dentro del western no eres nadie en el exterior. Muy tristemente Django cayó en el olvido aunque Corbucci siguió haciendo westerns y solamente quizás Franco Nero triunfó minimamente en el exterior (hoy es ya actor de culto, actuando en Hollywood aún). Tuvo que ser un japonés quien la recuperó del olvido, un Diós llamado Takashi Miike y que hizo su propio remake libre, llamado Sukiyaki Western Django (Takashi Miike, 2007), con Tarantino actuando. Una obra maestra.
(Django y su inseparable ametralladora)

Pero antes de llegar a este remake, 21 años después del estreno de Django, se hizo una segunda parte prácticamente desconocida por el público y que llegó a estrenarse en España en contados cines. El regreso de un heroe (Nello Rossati (a.k.a Ted Archer),1987), daba un giro radical a la historia y al tipo de producción. Para empezar Corbucci ya no estaba en la dirección (ser retiró del cine en el año 1983), la dirigió un tal Nello Rossati con el seudónimo de Ted Archer, claramente influenciado por la década en que se rodaría la película, los ochenta, creando así un producto ochentero, más cercano a la acción que al western pero que seguía las bases de los westerns de carácter modernista. Ya no encontramos las típicas villas, el saloon, prostitutas, etc. sino una historia completamente diferente a lo que se vio en el año 1966:
Django, ahora convertido en un hombre pacifico de monasterio, se ve obligado a empuñar las armas (y su característica ametralladora) nuevamente a causa de la sinceridad de su antigua amante, quien antes de morir le confiesa haber tenido una hija de ambos. La muchacha, una adolescente, ha sido raptada por el sádico y cruel príncipe Orlowsky, un alemán.

Franco Nero repite como Django, y esa es la base de lo que podría funcionar, sin él esto nunca funcionaría. Para empezar, con ese argumento perdemos uno de los tiros más característico de Django, su carácter, ahora, el antihéroe que fue se convierte en héroe, luchando contra la tiranía y la esclavitud como si de un defensor de la justicia fuera. No es Django, pero se acepta esa nueva personalidad, no se corta un pelo a la hora de matar y ser alguien cargado de violencia interior, una especie de Rambo del western. Incluso otro actor clásico aparece en el reparto, un Donald Pleaseance que siempre se agradece aunque lógicamente se ve relegado a un personaje secundario y sin interés.

Otro aspecto diferente respeto a la de Corbucci es la música. La inolvidable canción de Luis Enrique Bakalov cae en el olvido y se apuesta por otra música, creada por Gianfranco Plenizio, un músico creador de obras menores, pero con un largo currículum a sus espaldas. Si bien no estamos ante otra canción pegadiza y que nos haga olvidar la original, si que se consigue una excelente banda sonora que le da un mayor aspecto de producto de calidad. Lógicamente, 21 años son muchos para los tecnicismos.

En resumen, esta secuela es una muy digna continuación, que aunque poco tenga que ver con la original apuesta por el cine ochentero de acción aprovechando esa obra de culto que fue la de Corbucci. Quizás más que un western es más una película de lucha de clases, de la pobreza, y a los más puritanos del género quizás les defraudará, pero a lineas generales, una secuela es lo que tiene que ofrecer, más de lo que había, aunque haya desproporción. Una pequeña joya a descubrir, con sus fallos (como la mala introducción de la historia al principio) pero que su violencia, y un Franco Nero espectacular, hará que no se olvide en tiempo.