domingo, 26 de febrero de 2012

Bricolaje, identidad y cultura participativa: como nacen las subculturas?



("Subcultura" de Dick Hebdige, el estudio sociológico más importante hasta la fecha sobre el mundo de las subculturas)













A diferencia de otras subculturas más atribuibles a olas de modas cíclicas que otros países implantaron a casa nuestra, ya sean los heavies o los psychobilly a lo largo de los años 80, los skinheads siguen haciendo prevalecer su estética dentro de un mundo underground cada vez más lleno de inquilinos diferentes que pretenden atraer a la juventud de hoy día. De hecho, los skinheads siguen atrayendo a los jóvenes de hoy gracias a la mediatización que ha hecho la prensa, especialmente a principios de los años 90, que es cuando se registraron los primeros incidentes violentos entre miembros de esta subcultura urbana en nuestras fronteras. Un hecho que hizo cuajar una imagen de los skins nociva para el movimiento, que no hizo más que colocarles dentro de un panorama de exclusión social. Atribuyéndoles así paralelismos directos como con la delincuencia, la agresividad o incluso el racismo, olvidando de ese modo sus orígenes obreros, humildes y multirraciales. Por tanto, esta publicidad engañosa no hizo más que posicionar a un extremo algunos de los rasgos estéticos, de carácter o incluso anécdotas como la introducción del nazismo generalizándolo a todos los skinheads. En definitiva, estamos hablando de unos canales de difusión que propiciaron la introducción de un flujo de personas seducidas por la violencia, convirtiéndose así no sólo en violentos los skins, sino violentos de por sí adoptando rasgos skin, tal y como dijo el antropólogo Manuel Delgado.

Referente al “bricolaje” como motivo de esta actualización del blog, intentaré indagar en territorios más actuales y posiblemente más inteligibles para el lector de hoy en día como pueden ser los bakalas. Pero para eso será necesario hacer unos pasos atrás y viajar a los orígenes de los skinheads y entender a partir de este punto, el significado de “bricolaje”.


(Skinheads)

 El “bricolaje” no es más que la manera que permitía a los hombres explicar y dar sentido a su propio mundo, desarrollando lo que llaman subculturas. Simplemente estas personas se han apropiado de una serie de elementos tanto materiales como inmateriales de la cultura dominante y les asignaron significados nuevos, como pueden ser la música, el lenguaje o la vestimenta, unos signos que representaban una tipología de subcultura. Los skins en concreto surgieron de una reacción de la clase obrera frente a la contracultura (término bautizado por Hebdige) hippy, y también contra su propia marginación social. Se dedicaron a hacer del obrerismo un orgullo, con el pelo rapado, camisas inglesas de trabajo, y pantalones vaqueros cortos sujetos por tirantes, además de botas con puntera de hierro (normalmente de marca Dr. Marteens) que les facilitaba una cierta protección en sus puestos de trabajo. Eran una gente que defendían su territorio local, trabajaban duro, y tenían un patriotismo inglés que, en ocasiones, (y sin generalizar) rozaba el racismo. Volviendo a la actualidad no tan actual, en concreto en los años 90, nos encontramos con un grueso importante de gente que ha adoptado la estética skin en busca de una identidad propia pero totalmente ajena al ideario skin original "nacido" en 1969. Gente que por tanto, no podríamos calificar como estrictamente skinheads, pero que sí aparentemente mantenían unos hábitos, como la vestimenta, la pasión por el fútbol, la cultura de bar, pelo corto, actitud viril, etc. pero muy diferente a la de los orígenes. Me refiero a los bakalas, gente que ha adoptado algunos de los rasgos característicos de los skins pero que nunca han adaptado el imaginario que ofrecía la música punk o el ska, en concreto se asocian dentro de la música makina, una música electrónica muy ligada a la cultura rave y las drogas sintéticas. Pero, para los bakalas, ¿qué significado puede tener esta adopción de estilo subcultural? Hebdidge en su libro subculturas se lo preguntaba, aunque lógicamente en ámbito generalizado, y decía que todas las subculturas reflejan, expresan y se hacían eco de los aspectos de la vida del grupo. Escogían objetos intrínsecamente y en sus formas adaptadas, una "homología" (bautizada por Lévi-Strauss) que recogía las inquietudes de esta gente, de sus actividades, así como una imagen propia como colectivo. Incluso la música makina -y por tanto las discotecas-, que demuestra de nuevo que la música es un medio para definir una identidad, al igual que para los primeros skins lo fue el reggae, el ska, el punk-rock o directamente el Oi!.

Entonces, como es lógico, si los medios de comunicación distorsionaron unos orígenes y, en general, satanizaron a los skinheads, aquella "unidad" tanto estética como de valores se puede fácilmente alterar y que otros grupos sociales adopten los elementos estéticos, pero nunca de valores, creando así una nueva homología adaptada a la cultura rave y a la droga. Pero que en el fondo, esto no hace más que demostrar lo que tanto Levi-Strauss como Hebdige ya indicaban, y es que un estilo subcultural se encuentra siempre en un continuo proceso de producción, en que sus mecanismos se manifiestan mediante un bricolaje subcultural. Y es que los bakalas han modificado la estética skin, tal y como comentaba, a la cultura discotequera (nueva homología), rechazando así elementos estéticos como los tirantes o las botas que identifican los skins como obreros, o también incluso la ropa de marcas inglesas como Fred Perry o Ben Sherman, ropa que refleja el patriotismo inglés de los primeros skinheads. Y en cambio, se han apropiado de otros como la estética deportiva, asociada al hooliganismo inglés, también nacido del bricolaje subcultural de los skinheads, aunque eso ya necesitaría un estudio aparte. Por tanto, nos encontramos ante un fenómeno paralelo totalmente distorsionado, surgido fruto de los mass media, ya que ellos han sido los que han hecho olvidar unos orígenes obreros y multirraciales por otros de violentos y sin ideología de la mayoría de cabezas rapadas actuales.

(El Neng como ejemplo paródico de los bakalas)


Referente a la cultura participativa

La cultura participativa es un concepto empleado por Henry Jenkins en su libro “Convergence culture” (2008), en que relaciona los cambios tecnológicos con el desarrollo de la cultura. Dice que los flujos de contenidos culturales pasan inevitablemente por múltiples plataformas de medios, además de industrias, y que no han hecho más que potenciar una investigación por parte de la audiencia en los medios de comunicación con el objetivo de encontrar el tipo de experiencia de ocio que se quiere. También dice Jenkins que todo sistema económico-cultural nunca es viable sin la cooperación activa de los consumidores. Como ejemplos actuales en este sentido es fácil ver que tanto blogs, la misma Wikipedia, o en general gran parte de las páginas web de Internet acaban sirviendo como medio de transmisión de flujos de información cultural de todo tipo, facilitando así cambios en la búsqueda de contenidos por parte de las audiencias. También Facebook o Twitter, muy utilizado por políticos, incluso el Papa, programas radiofónicos online como son los podcasts; dejar opinar a los espectadores sobre el futuro de una telenovela, consiguiendo así "matar" o "revivir" ciertos personajes... Por tanto, hablamos de una cierta conectividad que hace interactuar las audiencias, como si sintieran algún tipo de conexión entre el creador y la audiencia.

Trasladando esta visión del mundo de la información proporcionada por Jenkins en el terreno de las subculturas, y a la vez aprovechando los skinheads comentados anteriormente, quisiera dar relieve a lo que Carles Viñas en su obra "Skinheads en Catalunya" ya comentaba: el traslado de la publicidad de los skins en la red. Tal y como había apuntado, a lo largo de los años 90 los skins sufrieron una difusión extraordinaria que posteriormente llevó a una distorsión de su concepción originaria. De hecho, la cultura participativa entre consumidores y productores mediáticos no es más que participantes que interaccionan conforme a un nuevo conjunto de reglas, creando así lugares de reunión que sirven para discutir, negociar y desarrollar el colectivo, y así, estimular a la vez a los miembros individuales para que busquen nueva información por el bien común. Internet lo ha potenciado, y dentro del terreno skin ha sufrido modificaciones a la hora de atraer adolescentes a su terreno, como es lógico. También, la consolidación de la clase media hoy día ha hecho perder unos orígenes obreros creadores de subculturas, por otros posiblemente contraculturales, tal y como comentaba Hebdige.

(Punks)

La contracultura rompe con el sistema dominante, tanto de ideología como de pensamiento político, creando así una alternativa. El caso más claro fueron los hippies en los años 60, en que hay una clara ruptura con la cultura "madre", un hecho que queda muy claro cuando vemos que dentro de los skins aparecen variantes políticas como el nazismo, comunismo o anarquismo, unas variantes que buscan una ruptura del sistema pero que no nacen "rotos". Porque la subcultura, para Hebdige, es un gesto de resistencia de los jóvenes de las clases trabajadoras al orden impuesto, que acaba por cristalizar con el estilo, una manera de identificarse como grupúsculo. Es como si se representara un rechazo, un desafío al orden establecido, creando así un conflicto de valores, pero que en el fondo, no dejan de ser subgrupos que pertenecen a un grupo mayor o de cultura dominante, en que su único propósito es diferenciarse del resto de la sociedad. Digamos que son gente que a través del ocio y un estilo conseguido (la identidad), pueden conseguir un espacio cultural propio, y así poder representar una política de oposición cultural a un nivel simbólico. Por eso antes comentaba lo de la contracultura.


(Hippie, el único ejemplo de subcultura que rompe de la cultura madre, bautizado como "contracultura")

Para Hebdige, la tensión expresa la resistencia a la ideología dominante, a los valores hegemónicos, y que se expresan en formas "prohibidas". Como decía, el estilo conforma la subcultura, otorgándole una identidad, distinción, y que, volviendo a los skins y a su origen inglés, los jóvenes británicos se encontraban articulados al desafío que tenían sobre el hecho de pertenecer a la clase trabajadora, como también a la hegemonía de los padres; o sea, que el mismo ejercicio "resistía" a dos representaciones dominantes. Y eso no hacía más que pulir esa "resistencia" que abocaba en una identidad creando un estilo, y, por tanto, se manifestaba como un sistema de comunicación, expresión y representación, una resistencia al orden público. Internet ha hecho alterar estos valores que Jenkins llamaba “flujo de convergencia”. Son flujos de contenidos que se expresan en diferentes canales de difusión, cooperando entre ellos y con unas audiencias ocasionalmente migratorias en busca del tipo de experiencias deseadas de entretenimiento. Carles Viñas habla de cómo Internet se ha convertido en el último canal de difusión para los skins, facilitando así las relaciones personales entre adolescentes a pesar de las distancias. De hecho, el papel de Internet no ha hecho más que seguir arrinconando el modo de seducción de los adolescentes que había en los año 60-70 -e incluso de los 80-, del movimiento skinhead (con los valores originales) por otros de más informativos, históricos y a veces distorsionados. Un trabajo que ya se empezó a principios de los años 90 en nuestra casa por parte de la prensa. Y es que mientras los skins antirracistas reivindicaban unos orígenes, los cabezas rapadas de extrema derecha o izquierda se encargaban de mezclar política. Y no sólo eso, incluso, los racistas, creaban enlaces con otros grupúsculos rapados neonazis, tanto españoles como extranjeros, juegos de contenido racista, y documentos estratégicos o doctrinarios. Por lo tanto, estamos hablando de una mayor intensificación de células, que expresan y distribuyen un estilo de vida, ideologías, y en general unos métodos diferentes de seducción antes de entrar dentro del movimiento skinhead.

Por tanto, Internet ha favorecido el intercambio de ideas e informaciones entre los sectores skin de todo el planeta, y también a la hora de distribuir ciertos materiales prohibidos en algunos países como Alemania. También se ha producido un desplazamiento en los medios de difusión, de convergencia, creando así una cultura participativa donde los jóvenes de hoy pueden encontrar sus identidades en función de sus valores, favoreciendo así la distribución de tipos de resistencias subculturales gracias a los canales de difusión informativo.



Bibliografía:
C. VIÑAS, Skinheads a Catalunya. Columna, 2004

M. DELGADO, Estética e infamia. De la distinción al estigma en los marcajes culturales de los jóvenes urbanos. Barcelona, 2002 

HEBDIGE, D. Subcultura. El significado del estilo, Barcelona: Paidós, 2004

JENKINS, Henry, Convengence culture: la cultura de la convergencia de los medio de comunicación, Barcelona, Paidós, 2008

lunes, 20 de febrero de 2012

Asesinos en serie, en el cine: Ted Bundy



TED BUNDY


Al igual que Albert Fish, Ted Bundy es un asesino realmente poco explotado en la cinematografía pese a poseer, éste sí, un carisma mediático bastante elevado en la sociedad americana. Curiosamente su mayor asiduidad en el audiovisual se centra en la televisión, en telefilms habitualmente surgidos de adaptaciones literarias y que ello conlleva –lógicamente- las restricciones típicas en cuanto a censura. De ese modo se enmascara un contenido base de carácter violento y agresivo, por otros más de investigación como el que hizo Hannibal Lecter en El silencio de los corderos, por ejemplo.

Es por eso que posiblemente el único título que se puede considerar un biópic con todo su esplendor y violencia sería la película del título homónimo Ted Bundy, dirigida en el año 2002 por Matthew Bright, responsable de títulos como la policíaca Freeway (AKA Sin salida, 1996). Sin ser una gran película Ted Bundy consigue hacer disfrutar al espectador ausento de neofília, espectadores que buscan emociones fuertes en detrimento de los que desearían ver reflejado un buen retrato psicológico del asesino. Atribuyéndosele de este modo un cierto carisma dentro del cine slasher mientras repasamos su carrera psicopática. Criticable? No estamos ante un documental, hay libertad creativa para desarrollar la historia base, y aunque sea cierto que el retrato psicológico del asesino no sea el más fiel sí que se ha bordado un personaje puramente cinematográfico y de género totalmente disfrutable. Incluso su final alberga una escena durísima y cruelmente dilatada de cara al espectador, una muestra de la morbosidad que ha depositado el director Matthew Bright y que para el espectador amante del género de terror no será más que una delicia sublime.

(Ted Bundy en plena violación)

De todos modos sí que es cierto que no llega a la altura de la miniserie televisiva Deliberate stranger, dirigida por Marvin J. Chomsky, tal como explicaré más adelante. En el presente título de Matthew Bright también la historia se situará inicialmente con un Bundy estudiante, empezando sus primeros crímenes, por lo tanto con una psique ya aberrada tal y como se puede ver en distintas ocasiones al principio de la película (como las escenas de la masturbación en la calle o la de la discoteca). El encargado de encarnar a Ted Bundy fue Michael Reilly Burke, que recientemente pudimos verle torturado en la excelente The Collector. En este caso él será el mal, un psicópata mucho más malvado que el del telefilm Deliberate Stanger (interpretado por Mark Harmon), algo lógico teniendo en cuenta las permisividades que puede ofrecer el cine. Pero lo cierto es que más allá de la maldad gráfica que el director le pueda atribuir en cuanto a FX o escenas de violencia, Michael Reilly Burke borda un fantástico –aunque dudoso- retrato del asesino, más malvado que nunca y de aspecto agresivo y aberrado. Pese a ello, sí que hay escenas -como la del espejo donde hace muecas-, que acaban por potenciar un retrato de Bundy de “inadaptado” o “antisocial”, cuando precisamente el misterio y carisma del asesino reside en su frialdad, en ser alguien totalmente opuesto a esa imagen cruda y extraña, enferma, en vez de alguien totalmente socializado, alguien con una vida “normal”. Pero no son más que detalles que aunque entorpezcan un retrato verídico sí que acaban por endulcir una película disfrutable en su conjunto, violenta, y sobretodo fiel en cuando a sucesos. Porqué más allá de esos detalles narrativos impropios del asesino, si que éste Bundy alberga el monstruo interior que aparecía en ocasiones, algo bien mostrado y con cierta retórica –por ejemplo- en la escena de sexo entre él y su novia Lee, en que él mismo se da cuenta que desea hacer lo que su mente le pide, es como si poco a poco su psique dejara de ser represiva con él, abriéndole camino a intensificar su doble vida.



Respeto a la citada The Deliberate Stranger, el punto de vista de la película sí que se centra en el retrato verídico de los sucesos. De hecho un telefilm le va como el anillo al dedo a Ted Bundy, un asesino que parece hecho a medida para este tipo de productos, y que las limitaciones en cuanto a contenidos violentos también se ajusta a lo permisible en una televisión. Esta vez encarnado por Mark Harmon, un habitual en subproductos y carnaza televisiva -pero que curiosamente por este papel llegó a estar nominado a un Emmy-, fue quien dio vida a un Bundy basado en el de la novela Bundy: The Deliberate Stranger (1980), escrita por Richard W. Larsen (y que no he tenido el placer de leer). Se trata de un telefilm de ni más ni menos que 185 minutos, aunque por suerte está dividido en 2 partes, una maratón que en este caso sí alberga correctamente los sucesos reales del asesino sin entrar en detalles morbosos. Y es precisamente esa narrativa propia de telefilm que involuntariamente dota al film de un espíritu documental, en que inicialmente se verá arrancada la historia con un Bundy maduro y universitario, igual que en Ted Bundy, utilizando el modus operandi habitual en él del cabestrillo para engañar a las mujeres. Pese a ello, también hay que reconocer que algunos asesinatos no se ajustan a la realidad, ya que se usan algunos pseudónimos y cuesta identificarlos. Pero en este caso, como he comentado anteriormente, si que hay un buen retrato de su personalidad, alguien común, agradable y simpático, pero con la tendencia ocasional a desdibujar esa imagen, tal como era Bundy.

Lo que si nos fijamos, el año que se estrenó la película se sitúa en 1986, 3 años antes de la ejecución de Bundy, motivos extra para dotarle de más popularidad e incluso podría ayudar a “justificar” las masivas cartas de amor que recibía el asesino mientras estaba al corredor de la muerte por parte de mujeres. Pese al revuelo social que causó asesino/película en 1986 Ted Bundy jamás mostró interés en verla. Este fue el contexto de producción de una película fiel al asesino pero condicionada a los valores y limitaciones propias de este tipo de cine televisivo tan descafeinado.

Obligatoriamente hay que seguir hablando de telefilms, como el de Un extraño a mi lado (Paul Shapiro, 2003) basado en una novela de Ann Rule editada en 1980. Ante todo he de decir que no he visto la película, pero la verdad es que la historia apunta maneras algo más que interesantes -si más no la novela-. La historia narra la experiencia personal de la escritora en plenos años 70 cuando seguía la pista de un asesino en serie que ya había matado a 8 chicas, y, ante la sospecha y miedo a que su hija sea la siguiente acaba pidiendo ayuda a su gran amigo: Ted Bundy. Un caso verídico, una experiencia real totalmente escalofriante en que lo inquietante está en imaginar que cualquier persona cercana a ti podría ser lo que no parece.

El encargado de dar vida a Ted Bundy sería Bill Campbell, un habitual en televisión y de algunas películas sin demasiado interés.

También hay otro subproducto mediocre televisivo como es El asesino de Green River (Bill Eagles, 2004) también fruto de una adaptación novelística. Su título es The Riverman: Ted Bundy and I Hunt for the Green River Killer, escrito por Robert D. Keppel, un antiguo colaborador del FBI y profesor de criminología que cuenta una experiencia personal muy parecida a lo vivido en El silencio de los corderos por parte de Hannibal Lecter, como fue una de las colaboraciones de Bundy con la policía, para así poder resolver el caso de Green River. El encargado de interpretar a Ted Bundy en esta ocasión se trata de Carey Elwes, un tipo que siempre recordaremos en el papel de Dr. Gordon por su valentía a cortarse un pie en la excelente Saw.

lunes, 13 de febrero de 2012

Presentación "30/40 Livingstone" (Sergi López y Jorge Picó) - Teatro


El pasado jueves 9 de febrero, con motivo de la representación teatral "30/40 Livingstone" en el Teatro de Salt (Girona), ha sido presentada la obra con una mesa redonda de la mano de sus dos responsables, además del crítico y catedrático Àngel Quintana en la Sala de Grados de la facultad de letras de la UDG. La obra ha sido escrita, dirigida e interpretada por el polivalente Jorge Picó y por alguien reconocido internacionalmente como Sergi López, dos personas que se conocieron cuando eran estudiantes y que los unió una fuerte amistad, hasta el punto de haber trabajado juntos anteriormente en otra obra de gran éxito internacional en 2008 -y que incluso todavía está en algunas programaciones teatrales- como es "Non Solum". La presente "30/40 Livingstone" fue presentada dentro del Festival Temporada Alta de Girona hace un par de meses con críticas más que positivas. La mesa redonda se ha desarrollado dentro de un clima distendido, y posiblemente muy ligada a la tónica humorística de la obra, con algunos gags esporádicos por parte de los responsables que hicieron de las delicias de los asistentes, y que además éstos han podido participar con algunas preguntas, pese a las restricciones que ofrecía el horario estipulado previamente.

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(Jorge Picó y Sergi López)

Tanto Jorge Picó como Sergi López han roto el hielo rascando los orígenes que les unía, mucho antes incluso que la famosa "Non Solum". Se han remontado a principios de los años 90 dentro de la escuela Jacques Lecoq School de Paris, donde estudiaron interpretación entre los años 90-92, un hecho que les hizo establecer un fuerte vínculo de amistad. Era una escuela en la que por encima de todo aprendieron el gesto y la creación, que en palabras de Sergi López te ayuda a encontrar tu estilo, de qué quieres hablar y qué quieres decir.
Seguidamente los dos invitados ya han dirigido su charla hacia la obra "30/40 Livingstone", explicando el proceso de diseño y construcción de la obra. Han comentado que inicialmente tuvieron unas ideas que apostaban por el riesgo, y en palabras de Jorge Picó primero planteamos de qué queríamos hablar, y luego empezamos por la forma (unos cuernos por ejemplo) y poco a poco íbamos rascando y le dimos un sentido final, como si fuera un significado abstracto, por lo tanto, sus palabras indican que el proceso de construcción de la obra ha sido como la construcción de la casa empezando por el tejado, ya que han perfilado un significado a partir de una idea abstracta. Y eso les ha llevado a continuación a hablar sobre qué es la creatividad, el arte, y los dos lo han definido sencillamente diciendo que es algo que relaciona con otro. Decían que, en la obra, hay dos universos: el del tenis, por tanto, el "30/40", y el del "Livingstone" la exploración del mundo. Dos conceptos que han indicado que la relación que tiene el tenis en un momento del partido situado en un 30/40, quiere decir que, o bien estás a punto de perder o que tienes que dar la vuelta al resultado, además,-explicaron- hay una línea que no se puede pisar, y también una silla donde puedes descansar y así poder plantear una revolución, desarrollando un camino de revelación y autoconocimiento.

subir imagenesUnos mensajes subliminales como estos mencionados necesitaron la aclaración del argumento de la obra por parte de los responsables, porque lo tiene, tal como dijo un Sergi López más habladora que nunca, contándonos que hay un personaje (Sergi López) que tiene un padre juez y le gusta el tenis. Pero tiene un vacío interior y marcha en la naturaleza donde encuentra su "yo", interpretado por Jorge Picó. Tanto Sergi como Jorge han reconocido el riesgo de una obra que mezcla humor de carácter absurdo con la reflexión dentro de un universo extraño e incluso metafísico. Incluso han apuntado a los riesgos más elevados que posee el teatro, hasta el punto de tasar el mismo como cruel. Los dos han argumentado que, la suerte de hacer creación es que no puedes evitar escuchar el público, si están dentro de la obra o no, si se van de la sala o si son críticos. Y además, han aplaudido este riesgo comentando que esto les da la posibilidad a rectificar durante la obra, ya que su trabajo como actores y directores de "30/40 Livingstone" es la de cogerles por el cuello (referente al público). Por eso los dos consideran que el teatro es interesante, porque los actores tienen la posibilidad de vivirlo; una argumentación bastante contrastada con la carrera de Sergi López totalmente ligada al cine con excepciones puntuales como "Non Solum".

Posteriormente han comentado los aspectos más artísticos de la obra, como es la puesta en escena. En concreto, dentro de este concepto de campo visual, se han fijado en la escenografía totalmente minimalista más allá de su mínimo contenido. Apenas componen el escenario césped, unos cuernos y un sillón, una mínima expresión escenográfica que juega con la soledad que sienten los dos actores, como si vivieran en un vacío existencial -comentaba Sergi López-. Y eso, según -otra vez- Sergi López, ha tenido una gran importancia la escuela Jacques Lecoq School, porque les ha dotado como actores la capacidad a explotar la gesticulación del cuerpo, un elemento muy importante siempre que se trata de una obra improvisada, un hecho que ayuda a entender los vínculos de esta obra con "Non Solum", una obra sin complejos, también con poca escenografía y totalmente libre para los actores. Por lo tanto, entre los dos actores existe más allá de una profunda relación de amistad un vínculo profesional dentro de este estilo teatral.

La mesa redonda ha ido avanzando con un importante liderazgo de Sergi López por encima de Jorge Picó, pero que han evidenciado igualmente su vínculo improvisando gags y bromas durante la charla, muy posiblemente en relación a la improvisación que ofrecerán a la obra. Y este hecho ha conducido a una de las preguntas del público, preguntándoles a ellos sobre la improvisación. Sergi López ha dicho que el teatro tiene un gran trabajo, ya que repetir una obra dos veces igual es prácticamente imposible, por eso anteriormente han recalcado la importancia de las reacciones del público, ya que de estilos de humor hay muchos tipos -en este caso de estilo absurdo- y el trabajo de los actores principalmente debe ser conectar con el público. Por tanto, "30/40 Livingstone" da la sensación que ofrecerá el que el fenómeno "Zapping" ofrece desde hace casi 3 años en el Teatreneu de Barcelona, aunque en este caso no existe ningún tipo de argumento previo, ya que los actores improvisan una obra según la conveniencia del público, y, en cambio, en la presente obra de Jorge Picó y Sergi López sí hay un hilo argumental mínimo a explotar. Por lo tanto, según López eso de no saber hacia dónde se dirige -referente a la tónica más humorística o más dramática que pueda tonificar la obra- da muchas posibilidades, o sea, si se va en una línea descendente se debe trabajar para allá.

Finalmente han querido dejar claro la pasión con la que han trabajado la obra, el hecho de que incluso ellos mismos como actores también se convierten en espectadores, ya que ocasionalmente no saben qué hará el otro. Incluso han dado importancia al hecho de pasar de momentos de humor a otros más serios y profundos. En cambio han tenido momentos de crítica para según qué tipo de humor que potencia la industria fruto de una pregunta de un asistente. López ha criticado el humor de Torrente catalogando él mismo como motor para incentivar un humor transparente y ofensivo por los jóvenes en relación al racismo. Además, López ha comentado al respecto -con esporádicas intervenciones de Jorge Picó-, diciendo que antes la gente arriesgaba más a la hora de decir cosas, se tomaban más riesgos, incluso algunos acababan encarcelados. [...] Hacer humor implica estar enfadado, por ejemplo, el Gila vivió y sufrió lo que hablaba, en cambio (volviendo a Torrente) cuando se explica algo ofensivo primera vez hace gracia, 7 molestan.

La charla promocional ha finalizado a las 13h con la sensación positiva de haber conocido más de cerca el mundo teatral, pero también de haber conocido Sergi López como persona más allá del personaje cinematográfico que nos tiene acostumbrado. Sin embargo, la satisfacción no es completa, y es que el turno de preguntas ha sido tan breve que prácticamente se puede catalogar de inexistente. Habrá que estar atento a la trayectoria de "30/40 Livingstone" en el transcurso de este tour por territorio catalán, una obra que promete humor de carácter absurdo mezclado con la reflexión dentro de un universo extraño.

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sábado, 11 de febrero de 2012

Un cadáver a los postres - Robert Moore, 1976



TÍTULO ORIGINAL: Murder by Death
DIRECTOR: Robert Moore
GUIÓN: Neil Simon (Teatro: Neil Simon)
AÑO: 1976
DURACIÓN: 94 min.
PAÍS: USA
MÚSICA: Dave Grusin
FOTOGRAFÍA: David M. Walsh
PRODUCTORA: Columbia Pictures
REPARTO: Alec Guinness, David Niven, Peter Sellers, Peter Falk, Eileen Brennan, Truman Capote, James Coco, Elsa Lanchester, Nancy Walker, Estelle Winwood, James Cromwell


NOTA: 9






Neil Simon (foto derecha) desde hace ya algunas décadas se ha consolidado como uno de los guionistas más importantes que ha tenido el cine, pero también del teatro y la televisión. Se trata de alguien respetado tanto en àmbito literario como en el de producción. Alguien que por encima de todo se educó y vivió del y para el teatro, y que tras algunos rotundos éxitos Simon acabó optando por adaptaciones cinematográficas, como Los encantos de la gran ciudad (Arthur Hiller, 1970), o La chica del adiós (Herbert Ross, 1977) con el mítico Richard Dreyfus, ampliando poco a poco un currículum de lujo. Pero entre semejante arsenal literario de Simon había un guión escrito inicialmente con la intención de ser adaptado para el teatro, llamado Un cadáver a los postres (Murder by death), una sátira sobre las novelas detectivescas que Simon sería poco consciente del rotundo éxito que le supondría. Pero la supuesta obra de teatro no se desarrolló finalmente, ya que previamente a representarla imaginó algunos cambios argumentales que solo se podían efectuar cinematográficamente, un hecho que le hizo inclinar hacia el cine en 1976.

Como buen aficionado a las novelas de detectives que es nuestro anfitrión, fueron todas ellas una fuente de inspiración para escribir una historia totalmente paródica. Un cadáver a los postres fue el resultado de toda la experiencia del escritor con las novelas de Agatha Christie o Conan Doyle, pero también las películas de Sam Spade, con Humphrey Bogard como estandarte, o Nick y Nora Charles de la serie de películas nacidas de la novela The thin man escrita por Dashiell Hammett. Simplemente Simon juntó todos aquellos elementos audiovisuales y literarios que bebió de pequeño e hizo un cóctel paródico de todos ellos. Por lo tanto, el guionista de Un cadáver a los postres no considera este título como una película original, ya que simplemente se basó en lo que vio de pequeño. Y eso también implica incluir a la historia a los personajes de su películas inspiradoras, por ejemplo, Peter Folk significa el Humphrey Bogart personal de Simons; o David Niven ocupó el lugar de William Powell, por poner dos ejemplos. Pero no solo era eso, también incluyó al inspector Jacques Clouseau de La pantera rosa, Peter Sellers, alguién muy adorado por público y crítica, y que supuso una extensa saga de hasta 6 títulos; sin olvidar también el tirón de películas de Peter Falk dentro del género policíaco -por no decir anclado-, e incluso su participación en la serie eternamente recordada Colombo; en la dirección debutaría un no-joven veterano de Broadway de 46 años llamado Robert Moore, haciendo un más que solvente trabajo. Éste dirigió posteriormente Un detective barato (1978) y Capítulo dos (1979), ambas a partir de guiones también de Neil Simon, y con Peter Falk y James Caan -respectivamente- en el reparto como más destacado, demostrando así que el feeling entre guionista y director podría connectar más allá de un escenario teatral.

Regresando a Un cadáver a los postres la película nos cuenta como los cinco mejores detectives del mundo són llamados a través de unas misteriosas cartas a cenar con un excéntrico multimillonario llamado Lionel Twain, en una alejada mansión en medio del bosque. Allí, el anfitrión, avisará a los invitados que se cometerá un asesinato a medianoche, y quien sea capaz de resolverlo se llevará 1.000.000 de dólares.

(Maggie Smith y David Niven)

Pero claro, Neil Simons dejó en diferentes ocasiones claro que la clave del éxito debía ser la originalidad, porqué precisamente la película se burla de todos esos clichés tópicos del género detectivesco, y por eso la clave del film está en lo que plantea Simons: la creación de un anfitrión enfadado por los libros que había ledio sobre detectives. El autor se refiere exactamente a todos esos finales que tanto han abusado libros y películas del género, repitiendo esquemas con finales que añaden informaciones extra surgidas de la nada, y precisamente Simons lo que ha pretendido con este film ha sido burlarse de todo eso, de esas informaciones que aparecen en las últimas 5 páginas de las novelas, por ejemplo, de las de Agatha Christie.


Los personajes de la película son compuestos por Lionel Twain (el debut cinematográfico de Truman Capote) como anfitrión, un personaje que inicialmente tenía que ser interpretado por Orson Welles, pero que finalmente descartó por problemas de agenda. En cuanto a detectives encontramos al chino Sidney Wang (Peter Sellers), el neoyorkino Dick Charleston (David Niven), la inglesa Jessica Marbles (la inagotable Elsa Lanchester, la novia más immortal que ha parido el fantástico en La novia de Frankenstein). También el belga Milo Perrier (James Coco), y Sam Diamond (Peter Falk) de San Francisco, además de sus respectivas parejas normalmente femeninas, como por ejemplo Maggie Smith, que sustituyó al proyecto a Myrna Loy ya que ésta consideraba su papel como demasiado atrevido. También les acompaña el mayordomo ciego (Alec Guiness), y Nancy Aleen como camarera sordo-muda (ojo al dueto del servicio de la casa y su connectividad laboral).
(El servicio de la casa)

(Peter Falk)

Tal como aseñalaba anteriormente respeto a la posibilidad de representar teatralmente Un cadáver a los postres, uno de los elementos clave que hicieron declinar a Neil Simon al cine fueron las posibilidades que ofrecía el cine a poder incluir movimientos de circulación por la casa por parte de los personajes. De hecho, inicialmente la película tenía que ser representada en una sola habitación, ya que se podría perfectamente, porqué en sí se trata de una película de diálogos, pero el hecho de representarla cinematográficamente dotaba al guión de posibilidades, como el hecho de crear un castillo lleno de pasillos y habitaciones donde podían circular personajes. Y esos beneficios se palpan cuando alguno de los detectives entran y salen del comedor, dando paso a un seguido de gags divertidísimos de "teletransportaciones", aunque pensándolo fríamente quizás introducidos al guión con pinzas. Y ese fue uno de los factores que hicieron mejorar aquel guión original, si más no enriquecedor en cuanto a comedia, añadiendo cosas divertidas a la trama, elementos que animaban la historia.

(Peter Sellers y su vestuario oriental)

El resultado final quedó como una película muy recomendable, aunque quizás algo olvidada injustamente con el paso del tiempo, pese a que los años no la han hecho envejecer. De hecho, pienso que clásicos de la comedia como Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959), o el humor de Peter Sellers habitual en él son y serán inmortales, ya que ambas són películas en que el humor nace de un guión en que existe el factor sorpresa, el anticipo al espectador, y no del abuso de gags repetitivos y transparentes absentos de sorpresa. Y es aquí donde demuestra una película de humor si funciona o no, ya que se puede dar en el clavo gracias al factor sorpresa. Por lo tanto son películas que no envejecen, funcionan, y Un cadaver a los postres me da esa misma sensación, incluso más allá de la comedia, ya que escritores como Agatha Christie o Conan Doyle (éste especialmente por sus recentes adaptaciones cinematográficas tanto de Guy Ritchie como del inepto de Garci), siguen a la orden del día entre consumidores, y los contra-clichés que plantea Neil Simon son perfectamente aplicables a todos ellos. De hecho, pienso que Simon mientras escribía la obra parece que estubiera más interesado en lanzar un duro mensaje crítico con muy mala leche al género, ridiculizando a los implicados, más que a inventarse un final verdadero a Un cadáver a los postres. Por qué al igual que John Kramen en Saw (James Wan, 2004) Neil Simon también aparece entre el reparto... para aleccionar al "verdadero" reparto. Y allí está otra de las claves del film, porqué él sí que consigue sorprender al espectador con una resolución más que inesperada, inteligente, coherente, y encima pinchando a los escritores con un mensaje crítico escrito brillantemente. Dejando así al espectador la posibilidad a reflexionar sobre el género policíaco.

Pese a esos mensajes críticos que lanzó Simon, la película en sí se desenvuelve correctamente gracias a la buena dirección de Robert Moore, cohesionando un ritmo narrativo coherente sin dar un protagonismo hegemónico a ninguno de los detectives. Incluso el propio Simon se incorporó al rodaje de la película para poder así realizar algunas modificaciones a la historia (o quien sabe si por desconfianza hacia al novato de Robert Moore). Eso supuso cambios a los finales de 5 escenas e incluso reescribió el final, sin contar cambios en los diálogos. E incluso eliminó 6 o 7 páginas del guión para mejorar el ritmo narrativo y también así ahorrar costes, demostrando de este modo su experiencia en campos como la producción. Una serie de cambios que sea como sea el resultado final fue realmente impecable y poco se le puede criticar.

(El veredicto)

jueves, 2 de febrero de 2012

The Collector - Marcus Dunstan, 2009



DIRECTOR: Marcus Dunstan
GUIÓN: Marcus Dunstan, Patrick Melton
AÑO: 2009
DURACIÓN: 88 min.
PAÍS: EEUU
MÚSICA: Jerome Dillon
FOTOGRAFÍA: Brandon Cox
PRODUCTORA Fortress Features / Imaginarium Entertainment Group
REPARTO: Josh Stewart, Michael Reilly Burke, Andrea Roth, Juan Fernández, Karley Scott Collins, Madeline Zima, William Prael, Diane Ayala Goldner, Daniella Alonso, Haley Pullos, Robert Wisdom, Alex Feldman


NOTA: 6





Últimamente el cine de terror mainstream americano ha bebido mucho de la explotación de títulos de gran éxito comercial, pero que solo consiguen repetir esquemas muy alejados del gamberrismo que realmente interesa a los aficionados a este género. De hecho, han conseguido consolidar en el mercado un tipo de productos poco mordedores y arriesgados, que aunque beban de otras producciones de notable éxito no acaban de cuajar dentro de una cartelera repleta de competitividad entre géneros, y solo así se explica la clara disminución de títulos terroríficos en nuestras salas. Pero el problema no es el hecho de usar continuamente el mismo molde, ya que el cine se ha regido habitualmente por esa norma, sino la desconfianza que poco a poco los productores cogen al ver que la mayoría de títulos que llegan en taquilla acaban por fracasar.

Quizás serviría para explicar esta situación del pez que se muerde la cola con lo que dijo Claude Chabrol en su libro “Cómo se hace una película?” (anteriormente reseñado en este blog), en que distingue a los directores de cine entre “narradores” y “poetas”. Los “poetas” son una minoría, los arriesgados, los que quieren transmitir mensajes subliminales entre su visión particular del mundo. En cambio, los “narradores” (y aquí sería lo interesante) son los que pulen, los que adaptan historias de otros a su propia manera, y eso no es algo malo, al contrario, porqué pese a beber de otros productos una mezcla de ideas siempre puede ofrecer algo bueno, e incluso mejor. Y eso es lo que carece el mercado mainstream en cuanto a cine de terror, la falta de libertad creativa en sus propuestas de alto presupuesto, ya que están demasiado ancladas dentro de unos mismos esquemas.


The Collector es un buen ejemplo de ello. La película dirigida por Marcus Dunstan bebe descaradamente de la saga Saw (James Wan, 2004). De hecho, él fue guionista en diferentes ocasiones de las secuelas de esta franquicia, hasta en 4 ocasiones, e incluso en otras franquicias de notable éxito como la saga Feast (John Gulager, 2005), o incluso en la futura Piraña 3DD (John Gulager, 2012), ambas con el mismo director curiosamente. Por lo tanto, se trata de alguien que sabe explotar historias ya hechas y acoger elementos nuevos para conseguir redirigir los contenidos de unas franquicias hacia lo que quiere el verdadero amante al cine de terror. En otras palabras, Marcus Dunstan sabe moverse en territorios mainstream desarrollando productos dirigidos al verdadero aficionado al terror, el amante de contenidos hiper-violentos y sin pretensiones artísticas. Y eso no es algo fácil hoy en día, porqué nos sorprenderíamos notablemente una vez supiéramos la cantidad de carnaza de videoclub que impera el mercado del DVD, unas aguas en que Marcus Dunstan sabe moverse como un pez por saber ofrecer exactamente lo que busca el espectador.

The Collector tal como comentaba no es más que una perfilación de las secuelas de Saw que él mismo había escrito, redirigiéndola hacia una nueva historia realmente curiosa como es un simple robo. La película nos narra la experiencia de un ladrón llamado Arkin que pretende entrar a robar a un hogar en busca de una rara gema que está guardada dentro de una caja fuerte. Los inquilinos inicialmente tenían que irse de vacaciones, facilitando así el trabajo a Arkin, pero una vez se encuentra en el interior de la casa se dará cuenta que no solo la familia sigue allí, sino que hay alguien más, alguien experto en la tortura que ha preparado infinidades de trampas letales por la casa.

Se trata de una de esas producciones que tanto me gustan, a priori, ya que más que la búsqueda de la coherencia narrativa por parte del director –y guionista- en la historia, lo que se pretende es explicar una historia en sí, que es algo distinto. Por ejemplo, acaso alguien se cree el argumento contextual de guerra entre niños y adultos en Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000)? O la convivencia de un marine americano y soldado japonés de Infierno en el Pacífico (John Boorman, 1968)? Ambos son dos ejemplos que me han venido en mente en este momento, totalmente absurdos y poco creíbles pero que a la vez consiguen situarnos dentro de un cosmos curioso, rompedor, un mundo poco imaginable inicialmente que puede dar paso a una variedad de situaciones la mar de interesantes.


La película a medida que avanza se va convirtiendo en el juego del cazador cazado, en que Arkin se verá sometido a luchar por sobrevivir en un juego laberíntico lleno de trampas, e incluso ya no solo por sobrevivir y no ser encontrado por el psicópata asesino, sino también por ayudar a la familia inquilina, retenida y brutalmente torturada. Estamos ante un exploit en clave simplista de la franquicia Saw, o sea, la violencia y el gore acaban tomando protagonismo dentro de un montaje casi videoclipero habitual en este tipo de producciones, que solo sirve para amañar las irregularidades de la película. De hecho, no solo estamos ante una película que nunca deberíamos creérnosla por lo (in)creíble de los sucesos y complejos montajes de trampas realizadas al instante, sino porqué la película acaba cogiendo una sensación de (i)lógica por los movimientos de los personajes por la casa, haciendo perder al espectador entre pasillos y habitaciones, careciendo de mucha lógica por no bautizarlo de falta de raccord. Y es que el montaje de planos de poca duración, acompañados por efectos de sonido sacados de una sala rave solo ayudan a enmascarar ligeramente una realidad carente de coherencia, pero que como comentaba, acabaremos por no darle importancia al aceptar como divertido lo que es absurdo en sí mismo, la verdadera clave de toneladas de cintas de terror de bajo presupuesto.

subir imagenesAsí que teniendo en cuenta las pretensiones de The Collector posiblemente el film de Marcus Dunstan no sea la sensación cinematográfica dentro del cine de terror que quizás en ocasiones se ha comentado, pero teniendo en cuenta las pretensiones de la película, dirigidas a un sector del público concreto, se puede considerar que su resultado es satisfactorio, haciendo del debut de Dunstan a la gran pantalla un verdadero acierto y convirtiéndole en alguien a tenerle en cuenta más allá de sus guiones.


Por lo tanto The Collector es una película que antes de verla debemos saber qué vamos a ver, porqué como comentaba, Marcus Dunstan es alguien que sabe lo que quiere ofrecer, y tiene la calidad suficientemente demostrada para cumplir con sus estereotipos. Y de este modo podremos disfrutar de un producto –por fin- desinhibido en las salas cinematográficas, frenético, extremadamente violento, de esos que luchan por sobrevivir en cuanto a la censura por ofrecer no solo escenas de violencia, sino hacer una película violenta en sí. Y pese a que la historia es terriblemente poco creíble, importará muy muy poco a todo aquel cinéfilo amante del cine de terror extremo dispuesto a vivir una situación curiosa, llena de trampas a cada esquina de lo más originales, y que conseguirá arrancar ampollas por ser una película seca y directa.