miércoles, 26 de septiembre de 2012

Jack el Destripador, el asesino de Whitechapel


Ferran Ballesta



Era un abogado depravado? Un cirujano sádico? O un miembro de la realeza? Son muchas las preguntas que nos hacemos hoy en día sobre este famoso asesino en serie que traumatizó a toda la ciudad de Londres y en general Inglaterra.
Este asesino en serie actuó en la zona de Whitechapel a partir del 1888, una zona precaria de la ciudad donde vivían muchos judíos inmigrantes provenientes de Polonia y Rusia. Era un barrio con mucha suciedad, gente pobre, donde se pasaba hambre, había delincuencia e incluso asesinatos. La prostitución también era abundante, puesto que era una zona de gente precaria, y que para pagar el alquiler las mujeres debían prostituirse. Este barrio marginal hacía que la policía no quisiera intervenir demasiado, fruto de un cierto miedo a entrar. 
Este panorama era perfecto para Jack el destripador. Él andaba y vivía siempre a poca distancia del lugar del crimen, y era alguien con un estado anímico alterado. Al menos esto es lo que se cree, ya que la realidad es que todavía no se sabe hoy en día su verdadera identidad, habiendo así multitud de teorías tan distantes entre ellas que da la sensación que el mito ya se ha convertido en leyenda.


El 6 de agosto de 1888 Jack el destripador actúa por primera vez a Whitechapel, matando a Martha Traham, una prostituta de la zona, con 39 puñaladas a su abdomen. La brutalidad del asesinato hizo saltar la alarma en Londres, sobre todo entre las prostitutas de la zona, que tenían miedo a ser las siguientes, pero como ya he dicho necesitaban dinero para sobrevivir y debían arriesgarse. Sobre esta víctima no hay certeza que se trate del destripador como responsable, todavía hay dudas, pero lo que no se puede negar es que este acto salvaje desató el miedo y a la vez alertó a la policía en la zona de Whitechapel.
Al 31 de agosto de 1888 se cree con certeza que asesinó a su primera víctima. Se llamaba Mary Ann Nichols (foto de la derecha), una prostituta también que desafió la noche con su nuevo sombrero pensando que ganaría bastante dinero para poder pagar el alquiler del mes. Por desgracia no pudo ser así, se convirtió una víctima del destripador cortándole el cuello de una manera rabiosa, con un corte profundo, prácticamente decapitada, y al igual que Martha Traham, recibió puñaladas al abdomen. 
Entonces fue cuando el detective Friederick George Sutherland empezó a investigar los sucesos, puesto que se empezaba a tratar de un maníaco sin escrúpulos, un maníaco con la mirada fijada a las chicas. Tenía 25 años de experiencia el detective Sutherland, aunque por desgracia no le sirvieron de nada para parar al asesino. Entonces la policía ofreció recompensas a quien diera pistas sobre quién podría ser el asesino, pero como ya he dicho, aquella zona era muy necesitada de dinero y la gente daba pistas falsas que no ayudaban a la investigación, provocando la detención de mucha gente inútilmente, y que después quedara en libertad una vez probada su inocencia.
Mientras, el destripador siguió con sus actos macabros y asesinó a Annie Chapman (foto de la izquierda) al sábado 8 de septiembre de 1888, que presentaba unas condiciones horrorosas. En la brutalidad del asesinato, el asesino dio una pista de como actuaba, y un primer perfil de como era: a la Annie se la encontró con la cavidad abdominal abierta, el aparato genital estaba sobre su espalda, el útero desgarrado y desaparecido (se lo llevó), y también el cuello cortado. Este asesinato decía que el asesino era una persona perversa, obsesionada por el cuerpo femenino pero con cierto odio hacia las mujeres, y entendido en el cuerpo humano, puesto que arrancar el útero no es una cosa sencilla. Esto hizo creer que podía ser un cirujano o un carnicero.
Se acusó a una persona por este asesinato. Se decía John Pizer(foto de la derecha), más conocido con el nombre de “Mandil de cuero”. Era un zapatero a quien se vio discutir con Annie la noche antes del asesinato a Hanbury St. Tenía la fama también que robaba dinero a las prostitutas, y también era judío, lo que hizo que se creyeran aún más la posibilidad que fuera el asesino. Pero, la falta de pruebas y el miedo a que hubiera una revuelta antisemita hicieron que se le dejara en libertad. Entonces la policía puso a la calle aún más policías, aunque en teoría iban camuflados, pero cometieron la grave estupidez de patrullar con las botas de policía puestas, y por lo tanto, era muy fácil reconocerlos.

La desesperación de no encontrar nada, ninguna pista, ni el nombre -ni sobrenombre- del asesino, hicieron que el nerviosismo se extendiera desde la misma policía hasta la realeza. Incluso los americanos lo aprovecharon para burlarse de los ingleses. Y aún habría más, se llegó a fotografiar la retina de Chapman para ver si se quedó grabado el aspecto de quien le había asesinado… una cosa ridícula que evidenciaba desesperación.
Hasta que un día llegó una carta a la policía, una carta del asesino que causa todo ese pánico social. Ese 25 de septiembre de 1888, se descubrió algo de esa persona:
           
Querido señor:

Desde hace días siento que la policía me ha detenido, pero en realidad aún no me han encontrado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya acabado con ellas. El último fue un magnífico trabajo, a la dama no le dio tiempo ni a chillar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso para empezar de nuevo. Temprano tendrá noticias mías y de mi gracioso juego… -Firmado: Jack el Destripador.


Esta carta fue retocada por la policía, ya que en ella también constaba que le cortaría una oreja a la siguiente víctima. Aparte de eso, también había una pista para completar el perfil del asesino. La carta tenía americanismos, lo que hacía pensar que podía ser una persona proveniente del continente americano.
El 30 de septiembre de 1888 Elizabeth Stride fue encontrada muerta con el cuello cortado. Un testimonio que pasaba por allí se ve que asustó al Destripador, evitando así que siguiera con su acto macabro, aunque lo cierto es que inicialmente se sospechó del testimonio, ya que había tantas ganas de encontrar al asesino que cualquier persona servía.
Unas horas más tarde fue encontrado el cuerpo de otra víctima: el de Catherine Eddowes. Esta víctima sí que fue la que nombraba en la carta. Jack, atacó a su víctima a los ojos, posteriormente le hizo unos cortes en forma de V a las mejillas, le arrancó la punta de la nariz, otro corte a la mejilla, y buena parte de los lóbulos de las orejas fueron arrancados, incluso dejó abierto todo el abdomen con los intestinos fuera, y por si fuera poco de recuerdo se llevó el riñón izquierdo y el útero. Vaya, una auténtica salvajada que ponía en práctica lo que ponía en la carta. Eso si, en el lugar de los hechos se encontraron pruebas, como un  trozo de ropa que usó el Destripador para limpiarse la sangre de sus manos una vez actuó. También se encontró un escrito a la pared que decía: “Los judíos serán los que no serán culpados de nada”, (aunque hay dudas de si lo escribió realmente el asesino), así que el detective Friederick Sutherland ordenó que se borrara de la pared.
El 16 de octubre de 1888 fue recibida una segunda carta, dirigida a George Lusk, presidente del Comité de Vigilancia de Whitechapel, en ella se decía:

Desde el Infierno:
Señor Lusk. Señor, le adjunto la mitad del riñón que le robé a una mujer y que he conservado para usted, la otra parte la freí y me la comí, estaba muy buena. Puedo enviarle el cuchillo lleno de sangre con el cual fue extraído, si se espera un poco.
Firmado: atrápame cuando puedas, señor Lusk.

(la carta: Desde el infierno)

El trozo de riñón iba dentro de una caja que acompañaba la carta. También a la carta se revelaba que no le dio tiempo a matar a la primera víctima, por lo tanto en principio no debería haber muerto Catherine Eddowes.
(Catherine Eddowes - foto izquierda)
El 9 de noviembre de 1888 hubo otra víctima, Mary Jane Kelly (foto de la derecha), una chica de 25 años mucho más joven que las demás víctimas, ya que el resto se movían entre los 45 años. Pese a ser joven el asesino no escatimó: la encontraron en una habitación con los órganos esparcidos, trozos de carne por la mesita de noche, profundos cortes en los muslos hasta llegar al fémur, sin cara (sic), y sin corazón. Como ya era de costumbre, una salvajada, pero quizás con más razón cuando se trata de una bonita chica joven.
Éste fue el último asesinato del Destripador, o al menos en 7 meses, ya que se volvieron a cometer asesinatos, 2 concretamente, aunque en esta ocasión con detalles que lo hacían distinto y daba que pensar en un posible imitador
Hay quien dice que fueron entre 5 y 8 asesinatos, otros entre 4 y 6, pero lo que está claro es que estamos hablando del asesino en serie más inteligente jamás conocido, y que llevó como locos a todo un país que nunca supo su verdadera identidad.

Los investigadores siempre creyeron que tenía una buena conducta, además de una capacidad innata para mezclarse entre la noche, e incluso llegaron a la conclusión que fue interrogado seguramente por la policía y que fue descartado por su aspecto normal, ya que no delataba a una persona sádica como la que buscaban.
Además de tener conocimientos de anatomía, como he dicho antes, el asesino debía tener una buena posición social, ya que en la escena de un crimen se encontró uva, que por aquella época era muy cara. Argumentos como este han dado pie a multitud de teorías conspirativas sobre la autoría de los crímenes: hay quien lo atribuye al médico de la Reina, otros a importantes pintores de la época, o incluso a miembros de la realeza británica.
Así mismo, recientemente se ha dado a conocer una posible identidad del asesino según documentos de Scotland Yard, expuestos al Black Museum. El sospechoso era un peluquero llamado Aaron Kosminski (foto de la derecha).
 
Al año 2006, descubrieron que una de sus cartas había ADN de mujer, por eso algunos piensan que “Jack” pudo tratarse de una mujer, aunque en este caso debería de tratarse de alguien muy fuerte como para mutilar los cuerpos de las prostitutas.

martes, 25 de septiembre de 2012

The Cabin in the Woods - Drew Goddard, 2012



TÍTULO: The cabin in the woods
DIRECCIÓN: Drew Goddard
PAÍS: Estados Unidos
AÑO: 2011
DURACIÓN: 95 min.
REPARTO:  Sigourney Weaver, Kristen Connolly, Chris Hemsworth, Anna Hutchison, Fran Kranz, Jesse Williams, Richard Jenkins, Bradley Whitford, Brian J. White, Amy Acker

NOTA: 9


Mucho hemos tenido que tragar en cuanto a material promocional hasta poder ver The cabin in the Woods, meses, incluso quizás algo más debido a sus serios problemas de distribución. Y ya se sabe, a veces, quien espera desespera, y desesperado me iba poniendo al empezar a leer las primeras impresiones sobre la película en diferentes webs y críticos especializados, que pudieron ver la premiere mundial hace unos meses dentro del marco del SXSW Film de Austin, posicionándola por las nubes como otra vuelta de tuerca al género slasher tal como lo hizo Scream en los años 90. Y es que a veces, pienso que oxigenar los diferentes géneros cinematográficos –especialmente el saturadísimo de carroña como es el de terror- con propuestas autocríticas, éstas son capaces de relucir entre la marea de títulos que aparecen anualmente. En este caso, The cabin in the Woods, instantáneamente para mí se ha convertido en un clásico del género de terror, al saber escarbar la superficie del género proporcionando al espectador una crítica brutal a sus clichés de un modo perverso, homenajear con respeto y dignamente a sus clásicos, proporcionar infinidad de giros insospechados perfectamente resueltos, e incluso toques Lovecraftianos!! Si, parece mentira ehh

El responsable de este experimento arriesgado es Drew Goddard, un joven debutante habitualmente ligado al oficio de guionista en series de televisión americanas de carácter más bien juvenil, y que en esta ocasión también ha trabajado en las labores del guión junto a Joss Wheddon, creando ambos una historia de carácter –siguiendo su estilo- juvenil que merece no ser revelada más allá de su planteamiento inicial. La película trata de 5 jóvenes dispuestos a pasar un fin de semana en una remota cabaña en el bosque (curiosamente es exacta a la de Evil Dead), un lugar donde la cobertura telefónica, GPS y diferentes no consiguen detectar. Una vez dentro, encontrarán un sótano (Evil Dead?) donde se esconden reliquias que quizás hubiese sido mejor no tocar…

Un slasher? Si. Hay una “puta” al grupo? Si. Hay un atleta en el grupo? Si. Hay un estudiante? Si. Hay un tonto? Si. Hay una virgen? Si. Hay un asesino? Más bien una especie de zombies asesinos, pero Si. Inicialmente pocas diferencias encontraremos con un simple slasher del montón cargado de clichés, chistes fáciles, personajes acartonados, escenas previsibles y demás adjetivos discriminatorios que se le puedan atribuir a este subgénero, pero lo cierto es que la propuesta de Goddard es totalmente original y ambiciosa, y por si fuera poco, también efectiva. Tan efectiva que de bien seguro The cabin in the Woods se convertirá en un título clave para entender el cine de terror actual de la última década igual como lo hizo Scream en su momento.
Precisamente esos clichés, vacíos argumentales, o en general todos esos elementos nocivos que condenaron al rechazo de la prensa al subgénero slasher, en esta ocasión nutren la película, aunque de un modo completamente distinto a la propuesta de Wes Craven, y ese es el principal acierto del filme. Pero lo bueno es que The cabin in the woods quiere ir más allá al redirigir la película hacia la ciencia ficción, pero sin olvidar a toda la iconografía del cine de terror, proporcionando así un último tercio totalmente insospechado en un principio. Pero que nadie se alarme, antes de eso viviremos un genial survival tipo La noche de los muertos vivientes, con algunos sustos bastante bien logrados junto a unas decentes escenas gore. Pero a lo que decía, rápidamente veremos que esa no es la intención de Goddard y que hasta que no lleguemos a su último tercio –incluso los últimos 10 minutos- no sabremos hasta donde nos conduce, aunque por el camino podremos disfrutar  más allá de la original propuesta argumental, un interesante ejercicio de reconocer a todos los guiños al cine de terror que propone. Porqué el director demuestra que es un fan del género yuxtaponiendo a los fans espectadores -gracias a todos esos clichés- a una segunda película paralela… y hasta aquí puedo llegar. Porqué el cine slasher, con The cabin in the Woods, convierte sus clichés en patadas en el culo a todos nosotros como consumidores de éste que somos, y nos dolerán queridos lectores, y no pretendo hacer paralelismos con las risas que ofreció Scream –que también las habrá- no, esta película va mucho más allá, mucho, con un planteamiento interesantísimo tan bien resuelto que convencerá incluso a los más puristas del género, pero éstos deberán estar abiertos de mente y aceptar las reglas del juego, y que elementos tan básicos del género como la angustia o los sustos no serán más que elementos secundarios, ya que muy pocas veces viviremos un verdadero clímax de tensión.

Siento no poder profundizar en nada, ya que creo que parte del éxito de The cabin in the Woods reside precisamente en su factor sorpresa, y hablar más de la cuenta sería destriparla y joder –directamente- al espectador. Porqué la historia tiene cohesión suficiente para mostrar lo que quiera –e aquí parte de su gracia-, destapando así la veda a infinidad de posibilidades sin perder una coherencia, y aquí también está otra de las claves del filme, el saber no decaer a nivel de guión al permitirse todas las libertades que quiera. Consiguiendo así un guión potente, pero a la vez firme y coherente, lleno de giros argumentales, propuestas paralelas, en un entretenidísimo espectáculo visual dedicado a pestañear al espectador guiños a infinidad de películas, desde El vengador tóxico a Evil dead -o incluso Cube-, entre otras. También mucho humor negro nacido de la sátira al slasher, e incluso la ciencia ficción tiene lugar en The cabin in the Woods, con monstruos de todo tipo que ofrecerán una orgía sangrienta en su tramo final dignísima de ser recordada. Y todo esto montado inteligentemente como si de un puzzle se tratara, para crear una película en que, precisamente, ella es lo de menos.




martes, 18 de septiembre de 2012

Las 7 fases de un Asesino en serie



Se podría decir que una vez completadas las bases (la infancia traumática que sufre esta gente), el asesino llegará un día que decidirá matar, no por ganas, sino por sus fantasías psicológicas que le motivarán a hacerlo. Y es que el asesino en serie tiende a cometer el crimen con unos esquemas propios inconscientes dentro de su cabeza, y que sin querer acabará siguiendo meticulosamente. Este desarrollo esquemático del asesinato se deriva de 7 fases, según decía el doctor Joel Norris, uno de los expertos norteamericanos sobre el tema. Aquí van las 7 fases:




1-Fase aura: El proceso se lleva a cabo cuando el asesino empieza a moverse por su mundo de fantasías. Mientras actúa normal, en su interior, la idea del crimen se va recreando, es como si su contrato con la realidad se debilitara y su mente empezase a ser dominada por los sueños que tiene, a la luz del día, de muerte y destrucción. Gradualmente, la necesidad de realizar sus fantasías dementes llega a convertirse en una compulsión.
Hablando de un modo más claro, podríamos decir que todos hemos tenido fantasías sexuales en sueños, o incluso despiertos (por ejemplo cuando decimos: “que guapa que es esta chica!” e incluso podemos llegar a pensamientos más allá), pero no dejan de ser sueños que no se llevarán a cabo; en cambio lo que hacen los asesinos en serie es marcarse esta víctima como objetivo (o tipo ideal de víctima), y no descansará hasta que la encuentre i se satisfaga.

2-Fase de pesca: Al igual que un pescador que busca su presa, el asesino empieza la caza donde cree que puede encontrar el tipo de víctima. Tanto puede escoger una iglesia, como una escuela, como una zona de prostitución. Es allí donde se marcará el objetivo que se adecue a sus pensamientos de la fase anterior.

3-Fase de seducción: El asesino siente en su interior un placer especial cuando intenta atraer a sus víctimas, proporcionándoles a éstas un falso sentimiento de seguridad, burlando sus defensas. Un ejemplo claro es el asesino Ted Bundy, que al tener un aspecto encantador, atractivo y simpático, las chicas quedaban encantadas con él, ya que era él el que les iba detrás. Por eso todas caían a su trampa, y eso, como asesino en serie que fue Ted Bundy, repercute en su satisfacción por su efectividad. Otros asesinos seducen con dinero, trabajo, un lugar para pasar la noche, o simplemente juguetes (cuando la víctima es un niño).

4-Fase de captura: Consiste en cerrar la trampa. Parte del juego del asesino es ver la víctima aterrorizada, ya que para él solo es juego en el que siempre gana y, como la mayoría de juegos se lo pasa bien. Por lo tanto, la amabilidad desaparece para dar paso a la verdadera cara del asesino en serie.

5-Fase del asesinato: El crimen es substituido por sexo, como es frecuente (no siempre pasa), el momento de la muerte es el clímax que buscaba el asesino desde un principio cuando empezó la primera fase, lo único que le faltaba saber era con quien y como, aunque la mayoría tienen una táctica fija (asesinos organizados). Una vez están matando es posible que experimenten un orgasmo, incluso se lo pasan bien decidiendo como matarán a la víctima: con cuchillos, estrangulada, golpeada, torturada,…

6-Fase fetichista: Al igual que con el sexo, el asesinato ofrece a los asesinos en serie -como ya he dicho- un placer muy elevado, pero es transitorio, se acaba. Para que no pase esto, los asesinos en serie deciden poseer alguna cosa de la víctima, que puede ser desde una foto, pasando por un trozo de ropa, incluso alguna parte de su cuerpo. Eso les proporciona placer al contemplar ese trofeo en casa, ya que recuerdan aquella experiencia, recreándose una fantasía y quizás volverán a sufrir otro orgasmo. Por lo tanto, lo podríamos considerar como un trofeo para ellos.
Este es un aspecto importante para diferenciar un asesino en serie de un simple asesino, o tipos diferentes de asesinos múltiples.

7-Fase depresiva: Después del crimen, el asesino en serie experimenta una etapa depresiva, equivalente a la tristeza post-coital. La crisis puede ser tan profunda como para intentar suicidarse. Aunque sin duda, y por desgracia, la respuesta más frecuente es un deseo inimaginable de volver a matar.
De todos modos, en caso de que se dé esta 7ª etapa, es por qué el asesino en serie es bastante joven, novato, ya que si sienten esta depresión es porqué se arrepienten de lo que han hecho, algo que a un asesino en serie experimentado no le pasa. Cuando son así de jóvenes pueden llegar hasta un año o dos a ser reincidentes, pero lo cierto es que el margen entre asesinato y asesinato cada vez es más estrecho. Lo podríamos comparar con las drogas, como la heroína en concreto, que una vez has tomado la primera dosis de arrepientes, pero seguramente volverás, y el hecho de volver te enganchará, y cada vez necesitarás más y más, hasta el punto de no poder más y morirás. El paso de la muerte a la heroína es equivalente al momento en que el asesino se da cuenta que lo que ha hecho no está del todo bien, y quiere que la policía le capture, aunque de todos modos no se dejará y seguirá matando.


                                                                     Andrei Chikatilo



Extraído de mi artículo "Asesinos en Serie", en www.aullidos.com (aunque esta parte está cortada, así que aquí la tenéis).