Descubriendo a Linnea Quigley (Parte 3)



Ya son 12 las películas comentadas hasta ahora. 12 películas reguleras y que en gran parte no merecen la pena ser revisadas una vez hecho el ejercicio de soportarlas hasta el final. Pues bien, esta tercera entrada empezará con una película de las que considero como imprescindibles, seguirá con una rareza, y la redondearé con par de clásicos, además de ir intercalando en medio algunas informaciones extra que pueden ayudar a entender mejor la carrera de Linnea Quigley, así que la cosa de anima en cuanto a la calidad general de las películas. Vamos allá!


1983 fue un año cargado de películas donde participó Linnea Quigley, y que además de las comentadas La Habitación Negra, Seguimos fumando, y Get Crazy, habría que añadir un par más: Jóvenes Guerreros y Nudes in Limbo, pero vayamos partes.

La primera de esas dos es Jóvenes Guerreros, aunque su título original es muy distinto: “The Graduates of Malibu High”, y el motivo de semejante cambio radical está en que, cuando se exportó el filme a Inglaterra, los ingleses traducieron el título a “Young Warriors”, y cuando llegó a España se acabó adaptando de los ingleses... supongo que cosas de marketing, aunque lo cierto es que “Jóvenes Guerreros” queda mucho más molón. Pues bien, se trata de una película producida por Cannon Films demasiado olvidada por lo buena que es, y que hoy ni si quiera se ha llegado a editar en DVD. Por tanto se trata de una película muy difícil de encontrar hoy en día además de ser una verdadera rareza dentro de toda la filmografía de ésta prestigiosa productora de cine de serie B y que tantísimas alegrías nos ha reglado como espectadores.

La película cuenta como un grupo de estudiantes universitarios emprende una violenta guerra contra una peligrosa banda callejera, después de que los miembros de ésta asesinaran a la hermana de uno de ellos. Su cruzada contra el crimen se transforma en una brutal guerra en las calles.

Fue dirigida por Lawrence D. Foldes, el inepto que dirigió No vayas cerca del parque (1979), la película donde participó anteriormente Linnea Quigley con un cameo. Pues bien, más de lo mismo en esta ocasión, ya que según se cuenta el director quedó tan encantado con la actriz que llegaron a hacer muy buena amistad, un hecho que le hizo tomar la decisión de hacerle un hueco a Linnea entre el reparto, el problema es que lo hizo con un personaje que no aporta nada a la trama y por lo tanto sobra. En todo caso, si os soy sincero, que Linnea esté en el reparto no debería ser el incentivo básico para que el espectador se anime a curiosearla, ya que Foldes en esta ocasión escribió y dirigió una película espléndida, con mucha acción, actores de renombre y mucha violencia. Una película que se podría englobar en el subgénero del Rape and Revenge, dentro de una terreno adolescente y de cine de acción, dando un resultado la mar de entretenido y técnicamente muy pulido. Por cierto, rodada en parte cerca de la ciudad de Valencia.


Entre el reparto encontramos a Kevin (James Van Patten) como protagonista, un estudiante universitario que cree en la venganza como solución a los problemas. También aparece Tiffany, su hermana (April Dawn), la chica que violan y asesinan entre 4 hombres. También al recientemente fallecido Ernest Borgnine haciendo de padre de ellos dos, además de policía; y sin olvidar al hermano de Chuck Norris: Mike Norris, que le substituyó ante la negativa del karateka barbudo a participar en el proyecto. Pero hubo una polémica antes de su “direct to video”, y la suscitó una de éstas personas mencionadas: April Dawn, en referencia a la escena de la violación. Pues si, ya se sabe que Cannon Films nunca ha escatimado en violencia, y el resultado final de la violación fue tan bestia que la comisión de calificación calificó directamente la película como “X”. Pero ojo que no acaba aquí el tema, más bien empieza, ya que esa situación hizo que Foldes tuviera que justificarse por escrito (e incluso con el apoyo de la iglesia) argumentando que el acto de la violación es algo horrible, pero que por el bien de la película necesitaba ser mostrada tal cual. Además, esa situación acabó arremolinándose por el hecho que cuando se rodó esa escena April aún era menor de edad (17 años), aunque Foldes utilizó un doble cuerpo en los momentos más reveladores de la brutal violación. Al final, todo éste escándalo quedó en una simple censura y Jóvenes Guerreros obtuvo por parte de la comisión de calificación la deseada “R”.

Linnea Quigley también participó en 1983, tal como comentaba, en Nudes in Limbo, la que considero sin dudarlo como la película más singular de su carrera. Y con esto no quiero decir que se trate de un “WTF?”, sino más bien de algo que narrativamente está muy lejos de lo que tanto en la forma como el fondo nos habituaría Linnea en el corpus de su carrera, y de ese modo la presente película no tiene nada que ver con el cine convencional para así acercarse a algo más experimental y de arte moderno. Como digo, Nudes in Limbo se llama, y es una película de gente desnuda (sic), aunque no pretende excitar a nadie, sino más bien explorar la anatomía masculina y femenina, toda su belleza, su geometría, su sensibilidad, su erotismo, y que a diferencia del cine erótico en ningún momento pretende entrar en el terreno de la perversión ni del sexo. La película tiene una duración de unos escasos 50 minutos, y en ella el espectador se encontrará con una serie de performance realizadas por chicos y chicas de buen ver (sobretodo chicas), haciendo gesticulaciones con tal de mostrar algunas características de nuestro cuerpo como son el esfuerzo, el sudor, los músculos, el tacto, y la excitación. La participación de Linnea Quigley se sitúa al tramo final del filme, donde se la puede ver columpiándose desnuda en un columpio.

La película fue dirigida por Bruce Seth Green de un modo brillante. Supo depositar delicadeza a las imágenes y no caer en la trampa del cine erótico, consiguiendo hacer que una película redundante y sin argumento pueda brillar estrictamente por lo visual, y hacer de Nudes in Limbo una película preciosa sobre el cuerpo humano. La verdad es que no me aburrió para nada. Y respeto al puñado de modelos que aparecen a la película, se encuentra (además de Linnea Quigley), una jovencita Michelle Bauer, lo que conllevaría el hecho de ser la segunda vez que interpretarían juntas una película (la primera vez fue con The man who wasn't there (Bruce Malmuth, 1983) por cuestión de meses.

Creo que alguien que acabó siendo imprescindible en el cine de terror de serie B como Michelle Bauer merece que le dedique unas líneas, al igual que haré posteriormente con la otra actriz que cerraría el circulo de amistades femeninas de Linnea Quigley “imprescindibles” como es Brinke Stevens. Michelle, como comentaba, en aquellos tiempos en que participó en Nudes in Limbo, se ganaba la vida como modelo de fotografías eróticas y pornográficas, aunque de hecho lo cierto es que era una simple actriz porno que interpretó algunos papeles en producciones de poca monta como Bad Girls (1981) o Café Flesh (1982), donde ocultaba su nombre -al igual que la mayoría de actrices porno- con el avatar de “Pia Snow”. Trabajó para Penthouse y Playboy, y en esos tiempos también aprovechó para tunearse el cuerpo con silicona tal y como la conocemos hoy en día.

La pornografía no le duró mucho más de 1984, y poco tiempo después entró en el cine de serie B, y entre esas películas, más allá de la anécdota de Nudes in Limbo en que ni si quiera había un argumento sólido, participaría en una película que compartiría protagonismo con Linnea Quigley: Kidnapped Girls Agency, una película de 1985 de la que hablaré dentro de poco. Solo decir que Michelle Bauer siguió ligada a la fotografía erótica (¡¡incluso fue portada de la revista Interviu en 1988!!) y en sí utilizó su cuerpo como arma de atracción en sus películas de cine de terror de serie B, al igual que Linnea Quigley y Brinke Stevens, y que hoy, pese a tratarse de una ex-actriz porno del montón y que utilizó su cuerpo para “vivir” dentro del género, lo cierto es que aún sigue interpretando papeles en películas de terror casposas a sus ya 56 años. Así que RESPECT.


Llegamos a 1984, un año que fue clave para el género de terror y también lo fue para Linnea Quigley. Fue el año que el género vería nacer a Freddy Krueger, muchos años después que su creador Wes Craven dejara de hacer tonterías varias después de su brillante y brutal debut con La última casa a la izquierda (1972), creando un filme tan fascinante como inquietante: Pesadilla en Elm Street (1984), que iniciaría una franquicia multimillonaria y que actualmente aún es rentable a base de remakes y cross-overs. A la buena de Linnea Quigley no la veríamos participar en la saga hasta su cuarta parte, pero eso ya llegará.

También es el año del nacimiento de Empire Pictures, la mítica productora impulsada por Charles Band que crearía joyas inmortales incrustadas eternamente en las neuronas del cinéfilo de la serie B, grandes obras que hacían de la cutrez de bajo presupuesto películas entrañables y con una magia especial. Aunque siempre quedará la duda, ya que oficialmente Empire Pictures se crea en 1983, pero sus películas lo hacen entre el 1983 y 1984 -y en VHS en 1985-, con Al filo de la navaja, un thriller curioso con Joe Spinell haciendo de asesino. También Linnea Quigley sería una de las musas de la productora, participando en numerosas películas cada cual peor. Pero en en general 1984 el año de los “Terminators” (y digo en plural por sus inacabables exploits, donde nuestra musa tiene cosas que decir), los Gremlins de Joe Dante o la sobrevalorada Los chicos del Maíz.

Siguiendo con papeles secundarios pero cada vez con mayor protagonismo, a Linnea Quigley le dieron la oportunidad a participar en el megaclásico exploitation Calles Salvajes, una película malísima -para que engañarnos- destinada a las estanterías de los viejos videoclubes para aquellos amantes de lo casposo. En ella encontramos como protagonista a la mítica Regan de El Exorcista (1973), Linda Blair, una chica que después de abandonar los exorcismos, creció, le salieron tetas para lucirlas a cada película, y empezó a coleccionar algún que otro razzie para honorar su penosa carrera como actriz. Pero en el fondo, ¿y que más da? Calles Salvajes es un título jodidamente entretenido y pasado de rosca que merece ser visto, con Linda Blair jugando a ser Charles Bronson como justiciero de la ciudad, pero con escote, peleándose desnuda con las guarrillas del instituto, y masacrando a una pandilla de punks malotes que violaron a su hermana Heather (Linnea Quigley). Respeto a Linnea Quigley, en su salsa de aquellos tiempos cuando apenas era una canija (tenía 26 años ya, pero sus hormonas de crecimiento no daban para mucho), interpretando a una chica sordo-muda de lo más inocente, que se deja tomar el pelo por un punk y que termina por ser violada, para luego ser violada 3 veces más por otros punks, y finalmente pateada en la cabeza por cada uno de los violadores crestudos. Una joya.

(Escena de la violación)

La película fue escrita y dirigida por Daniel Steinmann (Viernes 13: parte 5) y se trata de un Rape and Revenge que goza hoy de una salud envidiable, encima con John Vernon en el reparto interpretando a uno de los punks violadores. Bueno, una película 1.000 veces vista pero que tiene mucho carisma y personalmente nunca me cansaré de ver, y que en el fondo ese hecho es lo que hace grande -o no- a una película indiferentemente de su calidad técnica y artística. Lo que sí es cierto es que la crítica la machacó por todos los lados, hasta el punto que Linda Blair ganó el razzie a peor actriz del año, algo que en el fondo no era nada novedoso, ya que también lo ganó con Night Patrol (Jackie Kong, 1984), además de otras muchas nominaciones como la que tuvo (y con razón) por la horrorosa Hell Night (Tom DeSimone, 1981).

¿Noche de paz, noche de muerte? ¡Yes! Linnea Quigley también hace un cameo en uno de los mejores slashers de los ochenta como es en la primera parte de la magnífica saga del Papa Noël asesino. Tal como apunto su participación es casi testimonial, es decir, una aparición de apenas dos minutos, en una escena de sexo encima de una mesa de billar, enseñando sus pechugas, para finalmente acabar clavada en las aspas de una cabeza de reno colgada en la pared. ¿Os acordáis? Yo si, porqué sencillamente es la muerte más espectacular de toda la película.


Lo siguiente que vino fue Fatal Games (en España conocida como “Olimpiada de la muerte”) y se trata de otro slasher muy bien valorado por los fans al género por tratarse de un filme que, si bien recoge todos los tópicos que podemos encontrar al género, al menos es capaz de alejarnos de los adolescentes de instituto y aproximarnos a unos jóvenes con ambiciones algo más lejos del sexo, alcohol y diversión, como són unos futuros atletas que se entrenan para los Juegos Olímpicos. De todos modos soy consciente que el hecho de mezclar deporte y slasher ya se hizo en la anteriormente comentada Graduation Day (1981), pero igualmente los adolescentes son estereotipados completamente, además que Fatal Games es mucho mejor película en todos los sentidos. Por tanto, más allá de ese contexto, la película, escrita y dirigida por un desconocido llamado Michael Elliot en 1984, fue capaz de hacer algo bien hecho, y que si bien al fin y al cabo se trata de un slasher de serie B lo cierto es que no da la sensación de ser un producto casposo como si pasa con Graduation Day. Buen sentido del suspense, asesinatos brutales, oscuridad (¿por qué puñetas no encienden nunca la luz cuando es de noche?), desnudos por todas partes, música pop-rock bastante pegadiza, y un asesino que no conoceremos hasta el final (pero ojo, porqué al hacerlo nos llevaremos una sorpresita muuyyy sorpresiva), son elementos básicos para que funcione un slasher. Merece la pena verla, de verdad.

La película trata de un lanzador de jabalina que se dedica a matar a los atletas más prometedores de un instituto, unos atletas que aspiran a ir a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Y con éste argumento el espectador conocerá a un puñado de jóvenes que se entrenan en distintas pruebas, pero el grupo humano en sí es bastante más grande, lo que solo conocemos a unos cuantos, los que destacan por encima del resto, los que ya ganaros premios anteriormente y que al fin y al cabo son los que va a matar el asesino. Entre los que no conocerá el espectador se encuentran algunas personalidades conocidas (hoy más conocidas que los mismos protagonistas de la película, que son desconocidos), como son Brinke Stevens y Linnea Quigley (además de la interpretación del director de la película que se guardó un papel como médico). Pues si gente, ambas chicas se colaron entre el repertorio de extras para entrenarse con el resto de deportistas, pero de todos modos en ningún momento a lo largo de los 85 minutos de película conseguirán un plano bien enfocadas, y por tanto ni siquiera tienen una frase del guión, así que la presente película es anecdótica en éste artículo. De hecho, y para ser concretos, según cuenta Linnea en alguna entrevista ella aparecía estirada en una camilla mientras le hacían un masaje, pero al parecer en el montaje final esa toma fue suprimida por el director, así que no se la puede ver más allá de algún plano general donde destaca una rubia y que apenas se le ve la cara.

Como curiosidad, pese a tratarse de un título de calidad, jamás consiguió estrenarse en cines, e incluso hoy en día no se ha estrenado en DVD, una pena, y es por este motivo que se trata de una película difícil de conseguir más allá de que alguien la haya digitalizado directamente de un VHS.

Aprovechando que Brinke Stevens ya fue un activo profesional en la carrera de Linnea Quigley, y que ya le he dedicado unas líneas a Michelle Bauer, tal como dijo Andy Warhol todo el mundo merece unos minutos de gloria en esta vida, y pienso que a la morena actriz ya le ha llegado su hora también.

Brinke Stevens nació en San Diego, California (USA) en 1954. Se licenció varias veces y quiso dedicar su carrera profesional al estudio de la comunicación de los delfines, pero por cosas de la vida acabó trabajando como extra en una película, y al parecer le gustó tanto que allí se quedó.

Empezó su carrera a los años 70, y no paró de participar en tropecientas producciones en las que nunca decía ni una palabra, es decir, que siguió como extra muchos años. Hasta que llegó un día que le pasó por la cabeza que si se desnudaba quizás conseguiría mayor protagonismo en las películas, y de ese modo también podría ganar más dinero (según cuenta el libro “Assault of the Killers B-s: Interviews with 20 cult films actresses” – Jason Paul Collum). Y así lo hizo, y se sintió muy cómoda, tanto que incluso se ligó con la Playboy Video Magazine, y que poco a poco la hizo consagrar como otra de las reinas del grito de los años 80 junto a Linnea Quigley y Michelle Bauer, que tenían roles similares en sus películas. La película en cuestión fue -y es- un clásico de las estanterías de los viejos videoclubes: The Slumber Party Massacre (1984), un slasher dirigido por Amy Jones donde Brinke interpreta a Linda, una chica que, si bien no es la protagonista, es un personaje secundario con su correspondiente rol. Por tanto, Brinke Stevens, con ésta película, dejó de ser solo una modelo o extra para convertirse en una actriz de verdad. De todos modos sus interpretaciones no conseguían ir más allá de simples desnudos, ya que los mismos productores le pedían expresamente que lo hiciera debido a la fama que fue cogiendo con el tiempo.

Debido a su participación en The Slumber Party Masacre y sus apariciones en diversos volúmenes de la Plaboy Video Magazine, Stevens se sorprendió a ella misma al empezar a recibir un número considerable de cartas hechas por fans. Además le pedían si podía asistir a eventos cinematográficos como conferencias o presentaciones. Ella aceptaba con gratitud, además de contestar a todos sus fans, entregándoles fotos y firmas, y siempre de un modo gratuito. Pero con el tiempo su fama fue creciendo y eso le hizo abrir un club de fans a su persona, donde empezó a vender material suyo, además de poder hacerse fotos con los fans, etc. hasta el punto que llegó a tener unos 15.000 inscritos. Sin olvidar que cada día junto a su asistente personal contestaba a mano entre 50 y 100 cartas personales. Por tanto, Brinke Stevens fue alguien humilde dentro de la industria, que quizás se vio obligada a desnudarse para ser alguien en este mundo pero que no le importó demasiado... y sobretodo me quedo con que cuidó al fan lo máximo que pudo, y que hoy ya puede presumir de tener una filmografía más de 100 títulos. ¿Alguien se acuerda aún de los delfines?


Y de ese modo, Brinke Stevens, además de Michelle Bauer y Linnea Quigley, se hicieron las reinas de los videoclubes al participar en tropecientas películas “direct-to-video”, normalmente con apariciones sin ropa, pero al fin y al cabo estrellas de éste mercado. Sin olvidar que Brinke y Linnea tocaron juntas en el grupo de música punk "The Skirts", algo que hablaré en la siguiente entrada.

Las tres chicas aún siguen vivas y coleando pese a estar algo más arrugadas de piel y interpretando otro tipo de papeles, pero siempre serán recordadas como lo que fueron: Linnea Quigley era la pequeña chica rubia medio punky, Brinke Stevens como la inteligente y sensual chica con rasgos orientales, y Michelle Bauer como la extrovertida, divertida y de cuerpo perfecto.

(Los años pasan para todo el mundo)

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