domingo, 22 de junio de 2014

Descubriendo a Linnea Quigley (Parte 5)



La caspa también existe. Y no me refiero a los restos de piel muerta flotando entre los cabellos, sino al cine de bajo presupuesto malo, el que provoca vergüenza ajena, el que no tiene timidez a mostrar sus influencias descaradas basadas en un reciente éxito de taquilla, y por tanto, se trata de un cine que no es más que una copia barata y mal hecha de otra película. Ahora me toca hablar de uno de estos diamantes en bruto, y hablaré de un "diamante" porque de caspa hay de autenticamente divertida, y también de vomitiva, pero en este caso se trata del primer tipo. Su nombre es El tesoro de la diosa Luna, una película de 1987 muy influenciada por el éxito masivo que tuvo Indiana Jones para aquellos tiempos con sus aventuras exóticas, concretamente con su segunda parte, la de "El templo maldito".

La película fue rodada íntegramente en México, en la localidad de Mazatlán, situada al oeste del país, y es allí donde comienza la historia de El tesoro de la diosa Luna, en que una bailarina llamada Lu (Linnea Quigley) es secuestrada por unos piratas y llevada hasta un antiguo templo Maya donde aún habitan nativos. Todos ellos van pintados de blanco y con ropa tribal, y al ver a Lu la reconocen rápidamente como una descendiente de su tribu. Los piratas ya lo sabían desde un principio, y no tienen buenas intenciones. Mientras tanto, un grupo de jóvenes amigos de Lu intentarán rescatarla y de paso conseguir el tesoro de la diosa Luna custodiado por Mayas. Un argumento lleno de posibilidades que su director José Luis García Agraz, junto con el guionista Asher Brauner, no desaprovechan a pesar de sus evidentes limitaciones presupuestarias.

No engañar a nadie, "El tesoro de la diosa Luna" no es una película con ninguna virtud, pero es capaz de hacer pasar un buen rato al espectador con un buen puñado de situaciones pasadas de rosca, muy diferentes entre ellas en cuanto a escenarios y situaciones (la clave del éxito del género de aventuras), y aportando un punto de humor que, si bien en las películas de Indiana Jones ya se podía percibir y funcionaba de maravilla, en El tesoro de la diosa Luna también funciona bastante bien. En cuanto a Linnea Quigley ella es la encargada de aportar el punto sexy a la película, además de interpretar a un personaje singular en su carrera por las dosis de humor que desprende. Todo ello cristaliza en un filme entretenido a pesar de sus carencias de presupuesto como comentaba, que se pueden percibir fácilmente en una pobre (ya menudo escasa) escenografía muy acartonada.


En definitiva, no estoy hablando de una buena película, pero se que tampoco lo pretende ser. Simplemente se marca como objetivo distraer sin ningún tipo de complejo a todo aquel espectador menos exigente, el espectador familiar que busca distracción un sábado por la tarde después de comer sin romperse los cuernos con historias reflexivas de mucha labia y poca acción. Una pena que la película se trate hoy de una verdadera reliquia cinematográfica dificilísima de conseguir, y pienso que se merece ser recuperada por unas televisiones de hoy que, personalmente, están acostumbrando a todos estos espectadores familiares a un cine de altos presupuestos -ya sea con estrellas de cine o efectos especiales- cuando precisamente esto es sólo la cara superficial del cine, en detrimento de un estilo que hoy llamamos "independiente", basado en, simplemente, hacer lo que le dé la gana al director de una manera descarada. Como decía, El tesoro de la diosa Luna es una buena mala película, un diamante en bruto mar de divertido que pide ser reivindicado, al igual que una manera de hacer cine.


Lo siguiente que vendría se trata de una joya oculta entre toda la carnaza de la Empire Pictures: Chicas de Fraternidad en la bolera (“Sorority Babes in the Slimeball Bowl-O-Rama”), o lo que sería su título alternativo en el continente sud-americano: “Juego Infernal”. De este modo la relación fetiche entre el casposo director David DeCoteau y Linnea Quigley seguiría ampliándose, en este caso, con un filme divertidísimo y muy decente donde por fin se consolidaría definitivamente la actriz en la interpretación de personajes con roles importantes y sin tanta “necesidad” a desnudarse, algo que ya se pudo entrever en el anterior filme comentado El tesoro de la diosa Luna.

Su argumento es una chorrada: dos chicas quieren entrar en una hermandad de chicas raras que se hacen llamar Tri-Delta, y que se dedican a hacer brujería y cosas por el estilo. Pero no consiguen superar la prueba (basada en ser golpeadas en el culo medio desnudas y aguantar el dolor...¿?), y es por ello que el grupo Tri-Delta ofrecen a las chicas una prueba de valor en una antigua bolera, cuando sea de noche y permanezca cerrada. Pero allí las cosas salen mal, y sin quererlo el grupo de jóvenes acabarán despertando a un demonio con forma de perro y que tiene poderes sobrenaturales. Este argumento está basado en un cortometraje de 1902 llamado “The Monkey's Paw”, un cuento de terror inglés dirigido por William Jacobs Wymark en que un mono talismán concede tres deseos, pero los deseos vienen con un enorme precio a pagar por aquellos que lo piden.


Linnea Quigley interpreta a Spider, otra punki con mala leche que, por casualidad, el grupo de jóvenes se encuentran robando en la bolera. Y digo con mala leche porqué en la película Linnea se pelea, y lo hizo con tanto ímpetu que incluso llegó a lesionarse en una de esas escenas, concretamente la que rivaliza con la actriz Robin Stille (Babs). Pero parece ser que no fue casualidad que Linnea acabara lesionada en esa escena de pelea junto a Robin Stille, ya que según cuenta la actriz americana en alguna entrevista Robin Stille tenía bebidas siempre en el set de rodaje, era alcohólica, y seguramente es por ello que en 1996 acabó suicidándose.

Por otro lado no hay que olvidar que por primera vez Linnea Quigley y Brinke Stevens protagonizarían juntas una película, aunque es cierto que ya trabajaron juntas en Fatal Games, pero fueron unos roles imperceptibles a causa de la eliminación de sus cameos en el montaje final del filme. Por otro lado hay que incluir a la explosiva Michelle Bauer en el reparto, una chica que ya empieza a ser habitual en éste humilde artículo, y de ese modo, por primera vez, el trío femenino de lujo del cine de terror de serie B-Z de los 80 trabajarían juntas en una película (aunque habría que matizar, ya que las 3 participaron juntas en The man who wasn't there, en 1983, una película en que las 3 aparecen juntas en una escena con un cameo casi imperceptible). Este hecho se repetiría solamente una segunda vez: en Nightmare Sisters, que hablaré de ella en la siguiente entrada.

Chicas de fraternidad en la bolera es genial!! Toda la esencia de los 80 en una película muy disfrutable, y que formaría parte de un trío de películas que tienen cosas en común: el mal se libera, sin saberlo, por error de un grupo de personas. Esas películas son la ya comentada El regreso de los muertos vivientes (1985), la presente película, y La noche de los demonios (1988). No se cual será mejor de las 3, me niego a quedarme solo con una, aunque lo cierto es que Chicas de fraternidad en la bolera es la más desconocida de las 3 y merece ser reivindicada cuanto antes. Es una película que lo tiene todo: cachondeo, diálogos inolvidables (P.E.: “Creo que se me va a poner el dedo como la verga de un burro”), un demonio en forma de perro que de bien seguro inspiraría muchos años después la saga de Wishmaster (Robert Kurtzman, 1997), una especie de zombie que se transforma en Elsa Lanchester en La novia de Frankenstein (James Whale, 1935), magia, música punk ochentera, toques gore, perversión por parte del grupo masculino, y algún que otro desnudo, y sin olvidar el trío de actrices más importante del género en los ochenta participando juntas en ésta verdadera joya ochentera.



ATENCIÓN:

"Las motosierras utilizadas en esta película son reales y peligrosas! Ellas se manejan aquí por profesionales experimentados. Los creadores de esta película no aconsejan a nadie que intente realizar estas acrobacias en casa. Especialmente si estás desnudo y a punto de emprender extenuante sexo".

Con esta advertencia la leyenda del cine casposo Fred Olen Ray introduce al espectador en Hollywood Chainsaw Hookers, una película que rodó en 1988 con 4 duros y en 5 días, y así ganar algo de dinero. Es curioso como tantos años después un proyecto tan simple y con tan bajas expectativas en su rodaje, hoy se ha convertido en un título de culto en el cine de terror de bajo presupuesto, y posiblemente el motivo sea por su reparto estelar -entre los más frikis-, encabezado por la acalorada Linnea Quigley, el primer Leatherface en el cine como fue Gunnar Hansen, y la otra screamqueen de la época -sobretodo en los 90- Michelle Bauer.

La película cuenta como un detective llamado Jack Chandler busca a la desaparecida Samantha (Linnea Quigley), y sus investigaciones le llevarán hasta un misterioso burdel donde las prostitutas asesinan a sus clientes con motosierras, además de descubrir la participación de Samantha en las matanzas. Esas muertes forman parte de un extraño culto satánico orquestado por un gitano interpretado por Gunnar Hansen.

Que nadie se espere grandes dosis de gore porqué el presupuesto no da para lindezas, tampoco un guión inteligente, ni siquiera coherente, pero sí es cierto que el espectador verá un montón de chicas que se dedican a poner cachondo a los tíos antes de destrozarlos con sus motosierras, también una cutre pelea de motosierras entre Linnea Quigley y Michelle Bauer capaces de arrancar cosquillas al espectador por dos motivos: 1) las motosierras en ningún momento funcionan pese al sonido -y pese a las advertencias iniciales de Fred Olen Ray-, 2) es divertidísimo ver como ambas actrices sufren por levantar las pesadas motosierras je, je. También hay enormes cantidades de desnudos, rock'n'roll y punk de calidad, y encima Olen Ray es capaz de aliñar la película con un humor de lo más absurdo que ayuda a no tomarse en serio la película y a disfrutarla mucho más. Yo la considero como una pequeña joya casposa con Linnea Quigley de co-protagonista, donde ella solita se dedica a matar algunas prostitutas, ofrecer algún streeptesse, mostrar algún maquillaje molón, y en general demostrar por qué hoy en día ella sola es capaz de hacer sobrevivir películas tan y tan sencillas como ésta, pese al buen hacer de Olen Ray en la dirección.


No merece la pena extenderse demasiado, ya que analizarla sería no entender las intenciones de Fred Olen Ray, ni siquiera su cine. Sé de primera mano que el principal consumidor de este tipo de películas acostumbra a ser un público muy fiel al género, que busca divertirse con una buena mala película; y si, querido lector, tus gustos son tan bizarros que has llegado hasta aquí (y entonces de bien seguro estás buscando un título casposo con el que divertirte), yo te puedo asegurar que con Hollywood Chainsaw Hookers lo harás, te la recomiendo.



Respeto al 3r título que cerraría el círculo de películas donde el mal se desata sin explicación, como comentaba, es La noche de los demonios. Un clásico en mayúsculas no solo de la carrera de Quigley sino del cine de terror entero, con muchas virtudes tanto técnicas como artística y que sobretodo no ha envejecido nada mal, algo importante cuando estamos hablando de películas que prácticamente tienen 30 años de antigüedad.


Es evidente que se trata de una película muy influenciada por Evil Dead (“Posesión Infernal”), la obra maestra que un joven Sam Raimi se sacó de la manga con cuatro duros, llegando a crear escuela hasta el punto que en una de esas explotaciones apareció La noche de los demonios. Su producción data de 1988, y su director fue Kevin Tenney, alguien que se merece un respeto en la industria por ser responsable de clásicos como Witchboard (1986), su propio remake llamado El espíritu de la mansión de los Lauter (1989) (con Linnea Quigley en el reparto) y de joyas casposas inolvidables como La venganza de Pinocho (1996).

La película trata de un grupo de jóvenes que decide celebrar una fiesta en una casa abandonada durante la noche de Halloween. Una vez en la casa surge lo de siempre: alcohol, música punk, cerveza, bromas y sexo, pero sin quererlo los jóvenes despiertan a un demonio que habita en la casa, y éste toma posesión de una de las chicas, a Suzanne (Linnea Quigley). Los jóvenes se verán atrapados en la casa, peleando por su vida contra los demonios.

Se trata de una película donde todo funciona, desde la cañera banda sonora a cargo de Michael Dennys Tenney (hermano del director), que además enlazaba de maravilla con ese inolvidable opening de créditos animados, o la fotografía de David Lewis retratando magníficamente las secuencias de horror por la casa (incluso él reconoce en algunas fuentes que hizo el mejor trabajo de su carrera), o los efectos especiales y de maquillaje a cargo de Steve Johnson que incluso hoy aún son impresionantes pese a tener un bajo presupuesto y sin usar el dichoso CGI. Es decir, y a resumidas cuentas, La noche de los demonios hizo un muy buen proceso de pre-producción, la base para que funcione a la perfección la producción de una película. Y para que veáis lo bien que funcionó todo, siguiendo con Steve Johnson, el supervisor de efectos de maquillaje de la película, éste fue también el responsable de la mítica escena de la teta y el pintalabios (una escena donde se puede ver a Linnea Quigley introduciéndose un pintalabios dentro de su pezón izquierdo, como se ve en la foto superior), pues bien, ese señor y Linnea se conocieron realizando las pruebas de maquillaje, y todo terminó en un matrimonio de dos años, entre 1990 y 1992. Una curiosidad.

Una película que le sobran descripciones, creo que quien más quien menos ha oído hablar de ella si es que no la ha visto. Respeto a Linnea en su salsa, interpretando a una punky con ganas de sexo como hizo en El regreso de los muertos vivientes, y para memorable su frase “recuérdame que un día te la chupe” (...) alaaaa!! Ja, ja. Pero más allá de ese particular carisma de la actriz en todas sus películas, que en el fondo quería y sobretodo sabía explotar bien, la verdad es que en su interpretación de Suzanne hizo uno de sus papeles más recordados y aclamados.



En 2009 el actor Adam Gierash, que ocasionalmente ha trabajado como director, se puso manos a la obra para escribir y dirigir el remake del clásico de Kevin Tenney. El resultado fue completamente fallido por culpa de una grave falta de personalidad en el proyecto, al convertir la película más que en un homenaje al clásico acabó por ser un refrito de otros clásicos ochenteros del género como Demons (Lamberto Bava, 1985), Evil Dead (Sam Raimi, 1981) o El día de los muertos (George Romero, 1985), que de un modo descarado les han sido copiadas algunas de sus escenas más emblemáticas. Solo algún que otro guiño al filme original, como la escena del espejo, el pintalabios, el culo en pompa de Linnea Quigley (y en general su cameo, obviamente), ayudan a mantener con vida la idea original.

Respeto a Linnea Quigley, como comento, aparece en un pequeño cameo al inicio de la película. Ella interpreta a una mujer que reparte golosinas a los niños que pican el timbre de su casa en la noche de Halloween, y es simplemente eso su cameo, unos niños que pican a su casa a pedirle caramelos. Lo gracioso de la escena es que al coger los caramelos para dárselos a los niños, Quigley lo hace agachándose y mostrando su culito, igual que hizo en el filme original (e incluso en Jóvenes Guerreros, tal y como mostré en una fotografía en la Parte 3), aportando así a la película su sello característico, aunque algo pedófilo, todo hay que decirlo... Su papel de Suzzane que interpretaba en el filme original recaería en una de esas actrices del montón que bien podrían haber salido del cine porno, llamada Bobbi Sue Luther, que también se la pudo ver morir en la reciente Laid to Rest (Robert Hall, 2009). Otros nombres destacados del reparto son los de Shannon Elizabeth, el mito erótico de toda una generación masculina gracias a su papel de Nadia en American Pie y American Pie 2, y que interpreta esta vez a Angela, la mala malísima, “la Suzzane” del filme original, y es que Gierash cambió en su filme los roles de los personajes. También aparece a Edward Furlong, el único y eterno John Connor.

La película, como comento, es un remake donde participa en un cameo Linnea Quigley, pero quisiera dejar claro que Linnea odia los remakes, ya que considera que hay muy buenos guionistas que no se le presta atención y en cambio se están potenciando historias muy repetitivas o bien con artificios baratos como son las Paranormal activity o El último exorcismo (el found footage, vaya). Por tanto, la actriz manifiesta en distintas entrevistas su odio a éste cine barato y comercial, además de los remakes y secuelas estúpidas, pero que en cambio quiso participar en Night of the demons 2009 por el buen recuerdo que tuvo del filme original, pero según cuenta le fue una total decepción y ni si quiera ha visto la película. La entrevista entera se puede leer en la Web oficial del club de fans de la actriz.

Hagamos un repaso por los culazos de Linnea Quigley:

(Jóvenes Guerreros)

(La noche de los demonios)

(Night of the demons 2009)



Finalmente me alegra haber llegado hasta este punto, porqué Dead Heat es una de mis películas favoritas. En España fue traducida con uno de los títulos más ridículos que he escuchado jamás: “Estamos muertos... ¿o qué?”, aunque tiene su gracia si es que el espectador consigue disfrutar con la propuesta tan y tan de género que dirigió Mark Goldblatt.

Fue dirigida en 1986 como un exploit en clave de género de terror del éxito que obtuvo en taquilla la franquicia Armal Letal de Richard Donner, y por tanto su argumento gira en torno a 2 agentes de policía de lo más pintorescos que se ven involucrados en un caso complicado. Tanto el humor, como la violencia se repiten en Dead Heat, pero como comento entrando de lleno el género de terror, concretamente en una película de zombis. Los protagonistas son Treat Williams (quizás más conocido por su protagonismo en la genial Deep Rising (Stephen Sommers, 1998)) y Joe Piscopo, interpretando al “Mel Gibson” de Armal Letal. También entre el reparto aparece gente como el gran Vincent Price, haciendo de malo y a la vez interpretando lo que sería su última participación en una película de terror.

Tampoco es lugar para extenderse en ella, y además la participación de Linnea Quigley se limitó a un cameo que ni si quiera apreció al montaje final de filme. Esa escena consistía en un sueño del protagonista Roger Mortis (Treat Williams) (un nombre que es un claro chiste negro en referencia a su estado físico a lo largo de la película con el concepto “rigor mortis”), tenía una pesadilla en que de una tarta de boda salía una go-go zombie en descomposición, y esa zombie era Linnea Quigley. Curiosamente el responsable de los efectos de maquillaje que maquilló a la actriz (e hizo un grandísimo trabajo en el conjunto de la película) volvió a ser su futuro marido Steve Johnson. Una pena no poder ver esa escena.

Por cierto, no se vosotros que opinaréis, pero me da la sensación que la modelo que aparece en esta revista es Linnea Quigley.... En la portada de la revista sale Samantha Fox, pero insisto, tengo la sensación que la de la foto es Quigley. Juzgad vosotros mismos:





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