sábado, 17 de septiembre de 2016

Train to Busan - Yeon Sang-ho, 2016



TITULO ORIGINAL: Busanhaeng
AÑO: 2016
DURACIÓN: 118 min.
PAÍS: Corea del Sur
DIRECTOR: Yeon Sang-Ho
GUIÓN: Yeon Sang-Ho
MÚSICA: Jang Young-Gyu
FOTOGRAFIA: Lee Hyung-Deok
REPARTO: Yoo Gong, Ma Dong-Seok, Ahn So-Hee, Kim Soo-An, Jung Yu-Mi, Kim Eui-Sung,Choi Woo-Sik, Jung Kyung-Mi, Shim Eun-Kyung, Choi Gwi-Hwa


NOTA: 8






Mas allá del cambio al cine convencional que ha hecho Yeon Sang-ho después de sus dos películas de animación (The King of Pigs y The Fake), Train to Busan guarda muchos más cambios. Ésta significa su introducción al género de terror y sobretodo a un género zombie que hoy en día vive en la más absoluta decadencia más allá de los productos surgidos por Robert Kirkman que, todo sea dicho, en el fondo no satisface al fan del subgénero. Train to Busan es la dignificación del género, una película de la que los aficionados a los muertos vivientes (o, infectados, como dirán los puristas) pueden sentirse orgullosos, y no tanto por sus metáforas en cuestión de crítica social al más puro estilo Romero, o de gore desenfrenado como hacían los italianos, sino simplemente con una película sencilla, bien rodada, con emociones fuertes, algún que otro susto, y poco más. En fin, el género solo pedía eso, y no era tan complicado.

Train to Busan arranca ya con una aparente infección en Corea del Sur de la cual no se explica por qué ha aparecido, y solo se sabrá el “donde” hacia el final de la película. No hay que olvidar que en este mismo 2016 el otro filme de Yeon Sang-ho, Seoul Station, actúa como precuela de Train to Busan y que por lo tanto servirá para explorar como se inicia el apocalipsis en Corea. La acción de la película transcurre a través de un padre y su hija a dentro de un tren que se dirige hacia Busan, un lugar donde se dice que está ausento de zombies y por lo tanto es la salvación para unos pasajeros que verán como su viaje no es del todo tranquilo...


A medio camino entre Snowpiercer y Guerra Mundial Z, Train to Busan significó un gran éxito de taquilla en Corea del Sur, y si no recuerdo mal es el título coreano más taquillero de la historia del país. Es, en definitiva, lo que nosotros conocemos como un “blockbuster”, con sus virtudes y sus defectos. Si bien Sang-ho es un genio dirigiendo las escenas y además el refuerzo que le aporta el CGI es para sacarse el sombrero (o acojonarse mejor dicho), la realidad es que no deja de ser un título comercialoide y elementos tan de género como el gore o la violencia extrema quedan relegadas al disimulo. Una pena. Pero quiero insistir que Train to Busan es una película muy bien realizada, con escenas de acción brutales que consiguen dejar sin aliento al espectador, capaz de acojonar cuando toca, y también emocionar en momentos de desesperación. Todo ello gracias en buena parte a un director que ha apostado por una dirección de las escenas muy cuidada y que ha sabido utilizar una BSO excelente, algo que no se suele apostar fuerte en títulos de este tipo y que esta vez se ha hecho y ha quedado de lujo.


Como al inicio apuntaba, Train to Busan se aleja de los anteriores filmes del director. Tanto The King of Pigs como The Fake son películas de animación adulta que tienen como denominador común el pesimismo en el ser humano, en la ausencia de bondad en las personas, y en general una sensación deprimente que invita a cortarse las venas. Es todo oscuro y no hay sensación de que la luz pueda aparecer en ningún momento (incluso literal, porqué siempre está nublado). Train to Busan es otra cosa y se nota que detrás de ella hay unos productores interesados en dar esperanza a la sociedad. Yeon Sang-ho ha renunciado esta vez a su estilo para hacer una película contraria a su cine, muy esperanzadora en el ser humano, y que incluso en los tiempos que corremos con el tema de los refugiados sirianos a Europa, se puede entrever una sutil crítica a los países que cierran las fronteras. De hecho, “Busan” significa la esperanza para los protagonistas de la película.



En fin, Train to Busan es de obligado visionado. Hay que verla, y sobretodo aquellos que disfruten con el cine de zombies o infectados por que no les defraudará. Quizás, tal como dijo Ángel Sala en una entrevista, al cine Coreano le sobra en general unos 15 minutos y en eso estoy de acuerdo, pero en este caso los 120 minutos de película realmente pasan en un suspiro. Además, Sang-ho demuestra una vez más que es un director con gran potencial, muy joven, y que no ha tenido problemas en hacer el salto a los grandes presupuestos y a las cámaras digitales. Es decir, ¡que es el puto amo! Directores de gran calibre como Mamoru Oshii han fracasado en el intento. Ya solo deseo que Seoul Station, un filme esta vez de animación, ofrezca una historia más rica en matices, más adulta y oscura, tal como el cine de animación de Yeon Sang-ho ha hecho en sus dos anteriores películas. La espero con ganas.



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