lunes, 31 de octubre de 2011

Vincent Price: The Tingler + La mansión de los horrores. (Parte 3)

Ferran Ballesta


TÍTULO: The Tingler: Escalofrío
DIRECTOR: William Castle
GUIÓN: Robb White
AÑO: 1959
DURACIÓN: 82 min.
MÚSICA: Von Dexter
FOTOGRAFÍA: Wilfred M. Cline
REPARTO: Vincent Price, Judith Evelyn, Darryl Hickman, Patricia Cutts, Pamela Lincoln, Philip Coolidge
PRODUCTORA: William Castle Productions

NOTA: 6








Antes de la excelente La mansión de los horrores, William Castle realizó otro film con Vincent Price que por desgracia poco podemos comparar a nivel cualitativo. Pero hay que destacar la interesante intención del director con esta película, al intentar experimentar con los espectadores el miedo en sí, porqué la película no es más que 82 minutos de metáfora perceptiva explicada inicialmente por el propio Castle con un monólogo comentando el significado de dicha sensación, y como ésta incide en nosotros. Proponiéndonos una especie de “juego” en que si no gritamos para librar nuestra tensión durante el visionado del film, podríamos llegar a morir. Incluso en el estreno en cines en 1959, más allá de estos avisos, el propio Castle preparó uno de sus famosos gimmicks, al programar las butacas de la sala de cine con hormigueos y sonidos para que el espectador realmente viviera “el miedo” en toda su plenitud. Porqué William Castle más allá de ser director de cine, vivía en sí por y para el espectáculo.
subir imagenesAnécdotas aparte, que funcionara o no el experimento es otra cosa, y lo cierto es que el director fracasó, con una película de serie B en que una oruga gigante es la culpable que la gente se muera de miedo. Un film de ciencia ficción visto hoy en día muy cutre, con dicha oruga de goma arrastrada por un hilo destapado, que quizás en los años 50, donde abundaban todas aquellas fantásticas producciones de ciencia ficción, funcionó y dio el resultado esperado. Se trata de una masa orgánica que cuando los humanos experimentan algún tipo de sensación de miedo se desarrolla y coge tal fuerza hasta el punto de destrozar la columna vertebral, y que la única manera de librarnos de ese bicho es gritar con fuerza para así salvar nuestras vidas. Aquí está lo que nos propone William Castle.

Vincent Price se encargará de encarnar a un Mad doctor llamado Warren Chapin que descubrirá la explicada masa orgánica asesina. Pero su obsesión llegará hasta tal punto de experimentar con él mismo a base de drogas tipo LSD -lo cual suscitó polémica en su momento- y su mayor error, extraer de un cuerpo dicha masa, con los problemas que acarreará posteriormente.
La idea base que tuvo Castle hay que reconocerlo, muy enginiosa al intentar que la película interactúe con el espectador, salir del anonimato y dar la cara para presentar el título avisando de sus misterios. Pero lo que podía haber sido una película de terror psicológico con elementos sobrenaturales, se queda en una chapuza simplona con una ridícula puesta en escena. Momentos absurdos e incoherentes (como la trama en sí), pero que como mínimo consigue entretener por su delirante ejecución del guión y un impecable Vincent Price, salvando hoy en día los muebles al director esté donde esté. Pero tampoco hay que olvidar el innovador planeamiento de Castle al inicio de la película, que para un servidor convierten como mínimo este título en un clásico menor y anecdótico, incluso la escena de la bañera llena de sangre a todo color cuando la película es en blanco y negro (¿?) para mi hoy y siempre será inolvidable. Más allá de su significado real, y de ciertas incoherencias en relación a la oruga, el entretenimiento está asegurado con esta corta comedia bizarra.






TÍTULO: La mansión d los horrores
DIRECTOR: William Castle
GUIÓN: Robb White
AÑO: 1959
DURACIÓN: 75 min.
MÚSICA: Von Dexter
FOTOGRAFÍA: Carl E. Guthrie
REPARTO: Vincent Price, Carol Ohmart, Alan Marshal, Richard Long, Carolyn Craig, Elisha Cook, Julie Mitchum, Leona Anderson, Howard Hoffman
PRODUCTORA: William Castle Productions

NOTA: 8.5







Sin duda una de las películas más aterradoras en las que ha participado Vincent Price. Se trata de otra de esas películas ambientadas en casas encantadas, pero con la diferencia que ésta es claramente una de las mejores junto con The Haunting (Robert Wise). Dirigida por un director ligado al cine de terror como es William Castle, autor de títulos de culto también ligados a casas encantadas como son 13 fantasmas (1960), La vieja casa oscura (1963), y también fuera de mansiones malignas encontramos otro título en el que vemos de nuevo al reparto a Vincent Price, The tingler (1959).
La historia trata de Friedric Loren (Vincent Price), un loco millonario que vive junto a su hermosa mujer en una casa con un oscuro pasado. Friedric, decide hacer una fiesta en su mansión invitando a 5 desconocidos ofreciéndoles 10.000$ a cada uno, simplemente resistiendo una noche en dicho habitaje supuestamente encantado. Los cinco invitados aceptan sin tener posteriormente escapatoria…
Estamos ante un título muy Corman (producida por el mismo William Castle), de poca duración y un poco sensación de escenarios cartón piedra, pero no por eso pierde su atractivo, de hecho es capaz de reírse de su propia escasez de medios en el tramo final de la cinta, y dar un bofetón a la cara a todos aquellos que la acusaban a priori de envejecida. Sin duda La mansión de los horrores siempre será inmortal dentro de la serie B, un clasicazo que repite tópicos kitsch del susto fácil, en un planteamiento que juega constantemente con la duda, entre lo sobrenatural y la oscuridad interna de los personajes.
Eran los momentos más prolíficos de un Vincent Price que cada vez más se iba resignando a arrinconarse dentro del cine de terror, algo que aceptaba sin conformidad. En este caso le vemos impecable en su papel de Friedric, el dramatismo aristócrata típico en sus actuaciones se ve casi arrinconado en alguien mucho más oscuro y meticuloso que encaja perfectamente en un personaje que es puro mal, pero al fin y al cabo que posee la elegancia característica de Price.
Quizás lo que más desentona de la película es la música, creada por Von Dexter, el siempre ligado a la compañía de Castle en las producciones de terror, no supo combinar el misterio y el terror con una música excesivamente dramática que no acaba de encajar.
En 1999 el director William Malone realizó el remake House on haunted hill, con un estilo notablemente más videoclipero y actualizado.



domingo, 30 de octubre de 2011

Vincent Price: Los crímenes del museo de cera + La mosca. (Parte 2)

Ferrn Ballesta



TÍTULO: Los crímenes del museo de cera
DIRECTOR: André De Toth
GUIÓN: Crane Wilbur
AÑO: 1953
DURACIÓN: 88 min.
MÚSICA: David Buttolph
FOTOGRAFÍA: Bert Glennon
PRODUCTORA: Warner Bros. Pictures
REPARTO: Vincent Price, Phyllis Kirk, Frank Lovejoy, Carolyn Jones, Paul Cavanagh, Paul Cicerni, Roy Roberts, Charles Bronson

NOTA: 9







Cuando Vincent Price ya se había consolidado como un secundario de lujo, habiendo trabajado con grandes directores y estrellas de cine, en el año 1953 su vida dio un giro de 90º que significó su perdición dentro del cine de terror, estereotipando así al actor como personaje malvado de lujo dentro del género. Suerte tenemos los aficionados al fantastique que la Warner Bros le ofreciera el papel del prof. Henrry Jarrod en la película Los crímenes del museo de cera, un remake del film de Michael Curtiz del año 1933, llamada Los crímenes del museo. Esta nueva versión contaría con la dirección de André De Toth, quien dotó el film de mucha más violencia y espectacularidad visual gracias al uso del Warnercolor y el efecto 3D, convirtiéndose así en la primera película que usó este efecto voluptuoso con sonido estereofónico, un logro por parte de la productora. Y la película en general, que superó con creces su predecesora en todos los sentidos convirtiéndose hoy, no solo como obra maestra dentro del género sino como indiscutible clásico dentro del cine.

La película trata sobre el profesor Jarrod (Vincent Price), un escultor de figuras de cera que ve quemado el trabajo de su vida por culpa de un socio que pretende cobrar la indemnización del seguro. Después del desastre y la pérdida de su valía física como escultor, Jarrod decide junto a su ayudante Igor (un sorprendente Charles Bronson mudo y ya culturista), reabrir otro museo de cera mostrando la cara más amarga de la humanidad, con asesinatos de renombre histórico, pero con la única y oscura intención de vengarse de un modo totalmente grotesco...

La película ve nacer al nuevo Vincent Price. El renacimiento de Jarrod durante el segundo tercio de la película hay un diálogo muy simbólico que podría resumir esa transformación, cuando le es preguntado por el motivo que le supuso el cambio de contenidos en su museo de cera (anteriormente repletos de belleza) por los de asesinatos, y la respuesta de Jarrod se limita a decir que ya no puede crear belleza porqué ha cambiado física y mentalmente. Aquel Vincent Price murió y nace lo que sería su segunda etapa como actor, la de actor ideal para encarnar a personajes con psiques turbias tendentes a la aberración.

En cuanto a la película sobran las palabras, es una maravilla del género de terror mire por donde se mire, totalmente imprescindible y con la etiqueta de clásico indudable. Una de sus grandes virtudes reside especialmente en su aspecto visual, algo básico para un título que apuesta por un espacio inquietante como es el de un museo de cera lleno de esculturas grotescas de asesinatos, y es un aspecto solventado de manera impecable, inquietante y preciosa. Se nota el gusto y sutileza con la que André De Toth y la misma productora Warner trabajaron este título, puro cariño y profesionalidad depositado en su diseño de producción.

Y no se puede más que pensar al finalizar el film que estamos ante un título totalmente solvente, ya que apenas 3-4 escenarios son suficientes para la desarrollar el ritmo narrativo, con sus dosis justas de acción dentro de lo permisible de su apariencia de cine clásico. Y no hay que olvidar el maquillaje, importantísimo, que aparte de hacer un grandísimo trabajo Vincent Price presentándose al mundo como amo y señor de una película, nos ofrecieron a uno de los poquísimos Vincent(s) Price a cara cubierta. Obra de Gordon Bau (uno de los más grandes maquilladores que ha tenido el cine), diseñó un complicado maquillaje que alargaba el proceso de caracterización que sufría Price hasta las 3 horas, y lo mismo en quitarse. Mucho sufrió el actor en este proceso, incluso en una ocasión llegó al desmayo por falta de oxigeno durante el rodaje, que a veces se alargaba hasta las 10 horas.

Sin duda una joya influyente y clave dentro del cine, y en la carrera del actor.





TÍTULO: La mosca
DIRECTOR: Kurt Neumann
GUIÓN: James Clavell
AÑO: 1958
DURACIÓN: 94 min.
MÚSICA: Paul Sawtell
FOTOGRAFÍA: Karl Struss
REPARTO: Al Hedison, Patricia Owens, Vincent Price, Herbert Marshall
PRODUCTORA: 20th Century-Fox

NOTA: 6








Cuando el temor a la radiactividad se hizo patente entre los años 40-50 gracias (si es que se puede decir así) a las bombas de Hiroshima y Nagasaki, el cine lo aprovechó produciendo una considerable cantidad de películas de serie B que profundizan en los temores de la sociedad de la época, tras desatarse públicamente las fatales consecuencias que puede tener para la humanidad una catástrofe nuclear. Fueron los tiempos de los monstruos, insectos u animales desarrollados radiactivamente creando seres de otro mundo. Películas como Godzila (Ishiro Honda, 1954) o Them! La humanidad en peligro (Gordon Douglas, 1954), eran ejemplos de este nuevo cine de ciencia ficción hoy ya considerado de culto.

Uno de los mayores éxitos fue La mosca, dirigida por Kurt Neumann en 1958, intenta alejarse de la mayoría de películas de monstruos titánicos centrándose en un caso más intimista. Basada en un relato de George Langelann, la película trata de un científico que logra transportar materia de un lugar a otro con una máquina creada por él mismo, pero su obsesión le lleva a experimentar con personas (él mismo), y con la mala fortuna que el experimento no sale bien, una mosca común se interpone en su camino emergiendo dos nuevas criaturas…

Lo cierto es que no podía ser de otra manera que la conservadora Fox acabara mostrando de fondo un mensaje conservador, dejando entrever el peligro que tiene para la humanidad el profundizar en la ciencia, una crítica realizada algo grotescamente.

Al igual que en El experimento del dr Quatermass (Val Guest, 1955), veremos mutaciones, la aparición de nuevo tejido cárnico en forma de mosca gigante sobre la base humana, y escenas inolvidables como la de la mosca-humana enredada en una tela de araña y acechada por la araña. Sin duda encantador, un título clave dentro de la ciencia-ficción de los 50, que significó para la Fox un gran éxito comercial, y que provocó dos secuelas más y el futuro remake de David Cronenberg. Pura serie B embriagadora que si bien hoy en día visualmente pueda parecer algo pobre, lo cierto es que la historia engancha desde el principio. Narrada con un largo flashback, Neumann nos ofrece un buen guión, con excelentes interpretaciones y una puesta escena limitada a prácticamente 2 o 3 escenarios a favor hoy en día de sus “pobres maquillajes”, que progresivamente se irán mostrando al mismo ritmo que se desarrolla la tensión.

Y nos queda nuestro Vincent Price, que quizás en esta ocasión será más recordado simplemente por haber participado en semejante exitazo de taquilla más que por méritos propios. De hecho esta vez no es villano, ni siquiera maligno, se limita a interpretar a un hombre bueno enamorado de una mujer, la esposa de su hermano, y todo hay que decirlo, ante semejante marido tan repulsivo de apariencia (la mosca) incluso Vincent Price le respeta. Eso si, nuestro actor se encuentra totalmente en su salsa, viviendo a distancia unos sucesos espantosos que contrastan perfectamente con su delicadeza y poesía personal.

La mosca inició una franquicia multimillonaria que llevó a elaborar dos secuelas más para la Fox, El regreso de la mosca (Edward Bernds, 1959), con Vincent Price de nuevo pero esta vez sin la dirección de Kurt Neumann a favor de Edward Bernds. Incluso La maldición de la mosca (Don Sharp, 1965), tercera entrega de la saga dirigida por el siempre recordado director “hammeriano” Don Sharp, autor de clásicos como Rasputín (1966), pero esta vez sin la participación de Vincent Price. Títulos que para un servidor no están a la altura de la presente película de Neumann.

sábado, 29 de octubre de 2011

Vincent Price: introducción + primeros años (parte 1)

Ferran Ballesta




Introducción:

Vincent Price dijo en su momento que Boris Karloff “hizo creíble y humano lo que era increíble e inhumano”, y en parte tenía razón. Fue sin duda su máximo exponente, como el de tantísimos otros, pero Price consiguió ganarse a pulso su legado encima del altar del recuerdo, consagrando una vida a la interpretación apostando por las producciones de serie B, con los condicionantes que suponían realizar este tipo de cine.

¿Pero quien era Vincent Price? Creo que una persona neófita en cine de terror se le puede considerar con ciertos conocimientos mínimos cuando descubre por si mismo que Frankenstein no era un monstruo, sino un doctor. Llegados a este punto relacionará Boris Karloff con El doctor Frankenstein de James Whale, y sistemáticamente aprenderá que Bela Lugosi interpretó a Dracula, o Lon Chaney Jr a El Hombre lobo. ¿Pero y Vincent Price? Lo que hizo grande a Vincent Price es precisamente lo contrario, él prácticamente nunca utilizó máscaras o disfraces, el terror que transmitía era casi siempre a cara descubierta en favor de su talento interpretativo. De hecho, cuando los productores ofrecían algún personaje a Vincent Price lo que en realidad querían era que Vincent Price en sí, apareciera a la película, porqué él era el terror, sus capacidades interpretativas (tal y como apuntaba), crearon al verdadero demonio en forma de elegancia, que con cuatro frases y una mirada era capaz de transmitir el miedo al espectador, algo que solo gente de la talla de Bela Lugosi podía conseguir dentro del terror durante los maravillosos años 30, interpretando a Dracula, que con solo una mirada fija era capaz de decir tantas cosas… Por eso la clave de sus personajes residen en la monstruosidad de sus retorcidas mentes, hombres de carne y hueso con inclinación a la maldad.

Y tenemos que dar gracias al teatro, que fue lo que le dio su carisma interpretativo. De hecho su faceta más prodigiosa se encontraba en este arte escénico, pero acabó apostando por el cine, destrozando así una muy prometedora carrera dentro de los escenarios, aunque lo cierto es que nunca los abandonaría. Incluso poeta, antes de no ser nadie fue un erudito escritor de poesía, ganándose el respeto en Europa, algo que aprovechó siempre y que nunca se distanció. A modo anecdótico, incluso escribió un libro de gastronomía!

En este artículo que se irá actualizando -intentaré- cada día, intentaré centrarme en su faceta cinematográfica, y en concreto dentro del género cinematográfico que supo apostar por él, el terror. Pero no hay que olvidar que un “monstruo” de tales magnitudes tiene una extensísima filmografía de casi 80 películas, y que gran parte de ellas se centran en nuestro género. Pido disculpas de antemano si alguien se siente ofendido al no encontrarse en este artículo algún título que considera imprescindible dentro de su filmografía. He intentado hacer una extensa selección de títulos que considero clave dentro de su carrera, dando prioridad también a directores de cierto renombre como Roger Corman o Gordon Hessler, que aunque tengan títulos de discutible calidad creo que su aportación al artículo puede ser muy interesante. También quiero apuntar que en ningún momento pretendo hacer descubrir nada que los más expertos dentro del cine de terror (y en concreto de Vincet Price) intenten encontrar, sino que mis intenciones son las de dar a conocer a cuanta más gente mejor a un personaje maltratado por la industria y que muy tristemente vive olvidado en las bibliotecas y estanterías de las librerías. Porqué el cine de terror es mucho más que el desprecio que vive por parte de la crítica, porqué más allá de Karloff o Lugosi hay otro estandarte, quizás el más elevado, y se llama Vincent Price, y es algo que las nuevas generaciones de psicópatas amantes del género deben saber.



Sus primeros años:


El reinado de Price empezó en los años 40, como actor secundario de lujo en producciones de lujo. Quién se creería hoy en día que el actor principal de películas como Matar o no matar, ese es el problema (Douglas Hickox, 1973), participó en producciones de tal calibre como supone trabajar con gente como Michael Curtiz (La vida privada de Elizabeth y Essex)?, y compartiendo protagonismo con gente de la talla de Bette Davis o Erroll Flyinn? En un alto pedestal empezó su carrera, sin duda, pero sin duda también este título fue un desastre, pecaba de lo que quizás pecó Price en toda su carrera, de excesivamente teatral. Se notaba la puesta en escena de los actores demasiado sobreactuada, y aunque la participación de Price fue breve el resultado fue ridículo. Pero la industria empezaba a descubrir a un hombre con potencial, si más no a un caballero que ayudaba a un incompetente Erroll Flynn a aprenderse sus diálogos en pleno rodaje, (y que incluso en ocasiones llegaba tarde a ellos). Por su parte, Price, se preparó con mucho rigor histórico su breve aparición.

Su siguiente película sería La torre de Londres (Rowland V. Lee, 1939), que aunque no es puramente de terror, si que tiene elementos del género. Esta vez compartiría escenario con su Diós: Boris Karloff, y con el siempre recordado Sherlock Holmes, Basil Rathbone. Una excelente película y que futuramente Roger Corman realizaría un remake, esta vez con Price como protagonista.

Green Hell (1940), de James Whale fue su siguiente trabajo. Fue un verdadero desastre, considerada como la peor película del año y fue arrollada al infierno por la crítica. Posteriormente comentaré sobre ella.
Poco a poco Vincent Price se veía relegado a ser actor secundario en producciones que normalmente fracasaban, y eso no le permitía encontrar su hueco en la industria. Pero la secuela de El hombre invisible, El hombre invisible vuelve (Joe May, 1940) obtuvo un considerable éxito, y además volvía a tocar de refilón el género fantástico, pero tan fantástico que al interpretar a un hombre invisible no le vemos prácticamente.

A partir del año 1940 firmó contrato con la Universal y realizó 12 películas. Los 4 primeros años con la productora los dedicó a seguir buscando su hueco dentro de la industria en películas de dudosa calidad, hasta que le cambió la suerte al volver a participar con gente de alto interés histórico dentro del cine, y concretamente en producciones que supusieron grandes éxitos en bien de su carrera. Películas como Las llaves del reino (1944) de John M. Stahl fueron un exitazo de la época con cuatro nominaciones a los Oscar y el impresionante nacimiento artístico de un Gregory Peck impecable, y Que el cielo la juzgue (1945), también del mismo director pero esta vez debutando en el color. También realizó dos películas para otro de los grandes, Otto Preminger, con Laura (1944) (5 nominaciones al oscar) y La Zarina (1945). Laura supuso siempre para Vincent Price “la película perfecta” (foto superior junto a Dana Andrews), que no quiere decir su favorita pero si la que considera de más alta calidad por ser “nada pretenciosa, simple y brillante a la vez”, un servidor le da la razón.

En 1948 participó en otro título inmortal, Los tres mosqueteros (George Sidney ,1948), una verdadera joya de aventuras totalmente reconocible pese a sus numerables adaptaciones. Price interpreta a Richelieu, y como siempre, seguía sin ser protagonista de nada.

El tiempo le iba relegando a secundario de lujo, participando en producciones de alto calibre como Soborno (1949), dirigida por Robert Z. Leonard, un film policíaco que mezcla a la perfección el thriller y el romanticismo, con Ava Gardner y Robert Taylor como principales estrellas. Para acabar llegando hasta Las fronteras del crimen (1951) de John Farrow, con un Robert Mitchum como siempre totalmente soberbio y con un guión que posee grandes diálogos, pero tristemente no es más que un título puramente anecdótico y prescindible, pero mediático por lo que supone trabajar con Farrow y Mitchum, incluso con la guapísima Jane Russel recientemente fallecida.

Para acabar llegando al cine de terror, a Los crímenes del museo de cera de André de Toth, pero que antes de comentarla ampliamente Vincent Price participó (posteriormente) en dos clasicazos del cine que junto a Laura de Otto Preminger le convierte en más inmortal que nunca, se trata de Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956) (foto a la izquierda) y Mientras Nueva York duerme (1956), de Fritz Lang. Pese a ser películas en las que seguía como secundario, sus papeles acaban teniendo una importancia bastante destacable, empezaba a entrar dentro de la industria como alguien de talento, con un amplio currículum, con prestigio, pero que solo le sirvió para acabar entrando en lo que él nunca quiso, el cine de terror. Como si de un estigma se tratara, Vincent Price quedó atrapado dentro de una tela de araña, en el cine de terror, de la que jamás acabó saliendo. Era su lugar, estaba predestinado, y por suerte hoy, podemos disfrutar de él.

Todo empezó con Los crímenes del museo de cera


miércoles, 26 de octubre de 2011

Robot Jox - Stuart Gordon, 1990



TÍTULO: Robot Jox
DIRECTOR: Stuart Gordon
GUIÓN: Joe Haldeman (Historia: Stuart Gordon)
AÑO: 1990
PRODUCTORA: Altar Productions
REPARTO: Gary Graham, Ann-Marie Johnson, Paul Koslo, Robert Sampson, Ian Patrick Williams, Jason Marsden, Thyme Lewis, Gary Houston, Russel Case, Jacob Wheeler, Hal Yamanouchi, Stuart Gordon

NOTA: 4









Robot Jox es posiblemente uno delos títulos más desconocidos de la carrera de alguien que está entre los grandes del género fantástico: Stuart Gordon. Y si a eso le añadimos que forma parte de la mítica productora Empire Pictures se convierte en casi obligado por parte de los amantes del género, a no dejarse perder un título que desprende fracaso mire por donde se mire. Maticemos.

La Empire Pictures es una productora americana creada por Charles Band, alguien que con presupuestos ínfimos se convirtió en uno de los estándares del cine de serie B y Z dentro del fantástico. Y que más allá de su mayor o menor interés artístico, cada film tenía como objetivo el entretenimiento puro y duro, que los espectadores naveguen durante 90 minutos entre risas y palomitas. Ese era el poso de los años 80 dentro del fantástico de serie B, con películas cargadas de esa esencia como Re-animator, Troll, Re-sonator, Trancers o cine de serie Z total como Crepozoids. Mucho cine hoy ya convertido en “de culto”, pero que se fue a pique. Los 90 cambiaron el cine completamente al intentarse abrir a más público, perdiendo la vergüenza, y las producciones de serie B se convertían en películas con presupuestos demasiado elevados para un Charles Band acostumbrado a producir películas de 1 o 2 millones de dólares. Pero igualmente tiró la casa por la ventana e intentó producir una película diferente, una con un presupuesto impermisible para alguien acostumbrado a presupuestos ínfimos: 10 millones de dólares. Apostó en la dirección por Stuart Gordon, alguien de confianza que ya triunfó a medio mundo con su obra maestra Re-animator. Se trataba de Robot Jox, una película de robots gigantes con batallas al más puro estilo Mazinguer Z, que llevó a la bancarrota la Empire Pictures, el bolsillo de Charles Band, e incluso casi se lleva la carrera de Stuart Gordon.

La película es rancia, rancia en casi todos los aspectos por querer abarcar demasiado cuando no puedes, dejando un resultado muy pobre de diseño de producción. Vista hoy en día, más de 20 años después, se hace imposible verla con ojos entrañables, como curiosidad e incluso seguro que tendrá detrás su legión de frikis ciegos, que cuanto más basura es la película mejor. Pero la verdad es que es desastrosa mire por donde se mire. La película destila ingenuidad en esencia, y se hace fría de resultado, reluciendo la simpleza pobretona del guión, el vestuario de feria, e incluso unos robots inarticulados de juguete marca Bandai acaban confirmando que nada funciona. Y es cierto que quizás esa simpleza –por no hablar de cutrez- servía en al resto de películas de la productora para satisfacer a un público neófito de subproductos desvergonzados, porqué ayudaban a ver sus películas con ojos diferentes, el de un resultado pobre pero totalmente entretenido y que sabía exprimir todos los clichés del género; por no hablar de la personalidad de la Empire, con actores marca de la casa –Jeffrey Combs, Barbara Crampton, Phil Frandocaro,…-, e incluso sus ridículos exploits tipo Ghoulies o Crepozoids no hacían más que crear leyenda. Pero Robot Jox se desmarca de todo eso, entrando en un campo superior, en un laberinto artístico sin salida posicionado en otro nivel supuestamente superior, que por desgracia acaba abocado a ser un título de obligado saboreo con el paladar, y fácilmente nos damos cuenta de dos cosas: de una indigestión y que se ha perdido la personalidad de Charles Band y su Empire, dejando frio al espectador. Un producto que en ningún momento impacta, menor, con un stop motion de bandera que aunque su sencillez es extrema –vale, es cierto, hablamos del año 1990 y los Transformers han hecho mucho daño-, no deja de ser correcto, pero su aún bajo presupuesto la hace ausente de espectacularidad y excesivamente escaso aprovechamiento del FX, afectando así a la épica de las batallas. Incluso Ray Harrihausen en los años 50 ya conseguía resultados más espectaculares, con batallas mucho más dinámicas, movibles, y no como en Robot Jox, totalmente estáticas, y con 4 petardos precolocados anteriormente al más puro estilo Power Rangers para recrear rayos psicotónicos.


Por no hablar del guión, tan estúpido como vulgar, parece estar hecho para sobresaltar las batallas de robots, pero como éstas tampoco sorprenden, el resultado es lamentable. Pero en medio se encuentra un chico y una chica, que como ya es de imaginar se acabará creando un vínculo amoroso que no interesa a nadie, pero que como mínimo servirá como intento –y aquí se queda- para dar un poco de épica al film. Incluido también un malo muy malvado sacado de teleserie juvenil. Conducidos así a un final de risa, infantil y excesivamente aromático que no convence, pero que en el fondo acaba haciendo justicia a algo que ya olía mal des de un principio.

Floja en su conjunto, entretenida por otro, pero rancia de sabor. Una mancha negra en el cine del gran Stuart Gordon, que pese a haber dirigido de manera correcta el film, los recursos disponibles y posiblemente su falta de promoción afecta y afectaron demasiado el resultado de la película. Y ojito a los vestuarios –como apunte-, con neoprenos arrapados para marcar paquete sacados también de los Power Rangers, un casco de moto y 4 adornos de cartón, no hacen más que evidenciar lo mal administrados que estaban esos 10 millones.


sábado, 22 de octubre de 2011

Sitges, día 9

Llegamos a viernes el día de la zombie walk y en sí “el día zombie” del Festival a nivel cinematográfico con la presentación de Juan de los muertos y la maratón nocturna de películas de podridos.

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La última propuesta del día era Sector 7, una película de las que nos gustan, de monstruo persiguiendo a un grupo de personas. Destaca por ser en 3D, en un escenario cerrado como es una estación petrolífera en medio del mar, y por plantearnos una historia común sin excesivas pretensiones pero de acertada compostura, ofreciendo básicamente lo que el espectador espera –y desea- ver en una película de monstruos.
El director coreano Kim Ji-hoon –si, otro coreano dando caña- debuta en el fantástico de un modo aceptable, en una película muy al estilo Ghost ship o la excelente Deep Rising, cine palomitero sin pretensiones y de difícil distracción, que apuestan por el survival más estricto aportando así un bodycount in crescendo. No está mal, pero nunca habrá que tomarse en serio una propuesta que acaba intentando parecerse a su predecesora The Host, un título que si bien seguía las premisas habituales, su director Bong Joon-ho fue capaz de imprimirle un sello de personalidad inolvidable, que próximamente se materializará en una secuela. Sector 7 se queda en nada, o mejor dicho, se quedará, porqué no es más que “otra más”, una de esas películas que dentro de 20 años 4 ratas de videoclub –perdón, de Internet- rescatarán del olvido como joya casposa a descubrir. Porqué insisto, el film que nos ocupa divierte, y eso nos dirige al entretenimiento, el motivo más básico por el que vemos cine.
En cuanto al monstruo hay que decir que está majo, tiene un muy interesante diseño pero que no consigue desligarse del diseño del monstruo de The Host, dando el resultado de un animalico visualmente feroz pero de articulaciones patosas. Poco a poco –tarda 1h en aparecer-, esta bestia marina irá haciendo su labor asesina, hasta conducirnos a un final casi adrenalítico para así intentar justificar el uso del 3D –que lo consiga eso ya es otra cosa-. Sin olvidar tooodos los tópicos imaginables y escenas previsibles que iremos viendo sobre la marcha, que no hacen más que reafirmar la simpleza de la película y lo poco elaborada que está a nivel narrativo. Eso si, que nadie se engañe, Sector 7 es una bienvenida propuesta, simplona, pero muy disfrutable.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Sitges, día 8

Y llegué a jueves después de una maratoniana jornada de miércoles. Era el día del cine de terror, almenos a priori, pero como mínimo el programa prometía emociones fuertes.

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Target fue el primero de los cuatro títulos que vería, y sin duda era otra de esas propuestas arriesgadas que uno hace al inicio del Festival, con tal de descubrir títulos escondidos que merecen ser descubiertos. Por desgracia decepcionó, y casi que más que decepcionar aburrió tremendamente a un público que solo aplaudió al finalizar el eterno metraje. 154 minutos de aburrimiento, de incomprensión, de inconexión,… fríos nos dejó Alexander Zeldovich autor del film, alguien avalado en su país y con gran renombre, ya que presentó anteriormente otra película de ciencia ficción llamada Moscow. Target se considera como una continuación de ésta, en un mundo distópico de la Rusia del 2020. Y tan distópico que incomprensible, porqué no estamos ante otra Fahrenheit 452 de Truffaut, que plantea una situación futurista con mensaje crítico, Zeldovich rebosa ambigüedad, nunca en 154 minutos fue capaz de convencer a nadie de lo que nos plantea. Y cuando el receptor no recibe el mensaje –ni se interesa por él, que aún es peor- es que algo falla. La película nos habla de la felicidad, de la plenitud que puede llegar a tener alguien perfecto que lo tiene todo tanto materialmente como físicamente, todos quieren ser más perfectos que la perfección en sí, volver a ser jóvenes, y crean competencias y envidias entre los protagonistas del film, 4 personas que forman parte de la élite rusa. Ellos 4 irán a una base secreta donde se les promete la juventud eterna….
Un título original, no lo desmiento, con mensaje entre líneas, pero que caerá al olvido de inmediato.

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Llegado a la noche, le toca el turno a The innkeepers y Grave encounters.
El primero de estos films se trata de la nueva película del admiradísimo en Sitges director Ti West, responsable de auténticas cagadas, pero algunas de ellas épicas –The house of the devil-, lo que le convierte en alguien a tener en cuenta.
The Innkeepers es otra película de casas encantadas, algo que conoce de cerca el director tras haberle funcionado entre los frikis The house of the devil, pero por su desgracia con este título se le ha acabado el chollo. Sencilla, simplona, infantiloide,… si, vale, es una correcta película de casas encantadas con fantasmas al estilo Poltergeist o Ghosthouse, o incluso la reciente Insidious de James Wan, con algunos sustos logrados (2 sustos) y con algún que otro diálogo que hace gracia. Pero que más nos propones sr. West? Con The house of the devil hiciste un aburrimiento total, pero demostraste que amas el cine de los ochenta y supiste crear una película que bien podría haber sido recuperada de los antiguos videoclubs, en esa sección escondida llena de polvo cerca de la sección porno, incluso has conseguido que te la editaran en VHS en los tiempos que corren de la alta definición! Lo siento, yo no me considero del grupo de esos 4 frikis que aman tu cine, aunque debo reconocerte algo, me divirtió algunos ratos, pero también en otros me dormí.

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Y lo último del día, Grave encounters, oooooootra de esas películas de falso documental que tan repetidamente se ha visto en estos tiempos, y en Sitges concretamente junto a Apollo 18 y Emergo. Se trata de una película de terror canadiense que ha causado furor en Italia, siendo un tremendo éxito de taquilla y que supone una grata sorpresa en ese país, ya que nunca han tenido una tradición cinematográfica fantástica los espectadores -no confundir con la industria del país, que sí lo fue, pero sus espectadores nunca les apasionó el fantástico-. Dirigida por unos hermanos que se hacen llamar The Vicious Brothers debutan en el largo con un entretenido film "que ya hemos visto", lo único que han hecho ha sido cambiar el contexto, con un manicomio abandonado y algunos fantasmas. Igualmente es un cine que si bien siempre sigue las mismas premisas, como mínimo, si está hecho con un mínimo de gusto y arte, te aseguras algún que otro susto, entretenimiento y si lo saben hacer bien incluso miedo. Grave encounters no es una gran película, se hace aburridísima y larga en su tramo inicial, previsible también, pero hay que reconocer que el manicomio es un buen escenario y ciertamente acojona. También hay que destacar el tiempo, el hecho que cuando los protagonistas están dentro de la casa el reloj se para, siempre es de noche, y los pasillos se mueven, y en general, da la sensación que estamos dentro de una pesadilla. Es la sensación que nos desmarcamos dentro del falso documental en algo púramente sobrenatural, haciéndonos dudar del sentido onírico del film.
Una película disfrutable, con sustos, una atmosfera inquietante, y sobretodo esa sensación que poco a poco nos desmarcamos del falso documental hacia una pesadilla. Muy disfrutable.

martes, 18 de octubre de 2011

Sitges, día 7

Y llegué al día 7, el día más prometedor del Festival, o como mínimo el que se proyectaron algunas de las películas más esperadas –almenos aparentemente- por los espectadores, y otras que personalmente apuntaban maneras para convertirse en la revelación del presente Sitges. Así que manos a la obra, y a las 8:30 de la mañana empecé con un plató fuerte –o el plato fuerte del Festival- lo nuevo de Julien Maury y Alexandre Bustillo: Livid.

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Con un inicio estéticamente prometedor, Livid en seguida se convierte en algo diferente, algo que rompe estéticamente con su anterior trabajo: A l’interieur. Livid es un cuento de terror de primera línea, impresionante en muchos aspectos, en especial su increíble diseño de producción, que posteriormente tendría su justicia al ganar el premio en dicha área. Unos escenarios preciosos y escalofriantes, muy trabajados hasta el último detalle en que consigue crear una estética gótica que junto con su argumento sobrenatural no hace más que pensar en títulos como Suspiria o tantos otros de la Hammer.
Pero vayamos por pasos, ante todo Livid se desmarca de su anterior trabajo evolucionando hacia un terreno sobrenatural, entrando en el terror más estricto y dejando de lado el realismo que supuso ese thriller violento que era A l’interieur, entrando en un campo gótico pero sin olvidar el sello marca de la casa de la violencia más estricta y el gore más contundente. Por lo tanto, no hace más que pensar en un salto cualitativo en la carrera de ambos directores, ni que sea estéticamente, y se nota especialmente –como ya he comentado- en su puesta en escena. Es que los decorados son una delicatesen!, y un placer contemplarlos, eso sí, quizás algo sobrecargado, pero que ni de lejos molesta y demuestra el entusiasmo y cariño que han dedicado ambos directores. Porqué Livid es un cuento de brujas con momentos de auténtica pesadilla, quizás algunos incomprensibles, pero eso es lo que la hace inquietante. Llena de oscuridad, sangre y brujas, qué más podemos pedir? Esto es una película de terror, algo que escasea este año en Sitges.
Pero entremos en lo que no la hace perfecta, su guión. Tarda en arrancar, demasiado, pero cuando arranca no hay freno. Aunque se hace interesante y a la vez inquietante ese paseo por la casa, llena de oscuridad, puertas cerradas, marionetas que se mueven, un anciano en coma en su habitación,… es que coñe!, la estética de la película es muy buena! Sus decorados te consiguen introducir dentro de la casa e inquietar al espectador, por no hablar de la magnífica banda sonora, el sonido muy bueno –ojito con los silencios- y la música no gana protagonismo y eso la hace es un gran complemento. Pero tarda en arrancar, y en especial su primer tramo se hace algo largo. Y su tramo final, quizás algo desconcertante y precipitado.
Pero bien, solo podemos aplaudir que estos jóvenes directores no desentonen, al contrario, apunten maneras y un talento que parece estabilizarse –lo más importante en un segundo film- y que sigan ascendiendo en el cine!, como lo han hecho con Livid.

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Peor suerte tendría la segunda película del día: Extraterrestre. Si bien Nacho Vigalondo venía avalado por la genial Los cronocrímenes, su nuevo trabajo se desmarca completamente de la intriga –y que cojones, del fantástico- para introducirse en un subproducto de Telecinco para un domingo por la tarde. Sí, eso es Extraterrestre, una comedia que “aprovecha” el fantástico, con un platillo volante en la ciudad que ha vaciado las calles por el miedo que tuvieron los ciudadanos ante su acecho, y solo se han quedado en un edificio 4 personas. No es un survival, tampoco otra The divide, ni Mars attack, ni… es una comedia “españolada” hecha con gracia –no lo negaré- pero que su proyección en Sitges pinta menos que Van Damme en una peli de Lars von Trier, osea 0. Tiene gracia, no lo negaré, con gags acertados y actuaciones interesantes como la de Carlos Areces, pero me molesta que engañen al espectador ofreciendo un planteamiento fantástico que luego no es más que una comedia de relaciones de pareja. Telecinco puro y duro.

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Y finalmente hablaré de Burke and Hare, lo nuevo de uno de los grandes en los 80: John Landis. Me parece increíble como la nueva película de alguien como es este señor haya pasado tan desapercibido en este Festival –vale, estaba oculta en los horarios nocturnos, pero es que nadie habla de ella!- , y lo que me hace más gracia de la situación es que se han perdido una excelente película que supone el regreso al género de terror, después de 20 años, con Sangre fresca.
En cuanto a la película es una divertidísima comedia negra totalmente marca de la casa por parte de Landis. En ella se nos contará como dos ladrones de cadáveres en pleno s. XIX, William Burke y Willam Hare, descubren el negocio de sus vidas entregando cadáveres a la escuela de medicina de Edimburgo, lo que supone que cuantos más cadáveres entreguen recibirán más dinero y así poder conseguir todos sus deseos, pero el problema que se encuentran es que no hay muertos, lo que les conllevará a asesinar –como puedan-. Y lo que promete ser una historia simplona cargada de clichés típicos que encontramos semanalmente en cartelera, los ingeniosos gags del guión junto con las excelentes actuaciones de Simon Pegg y Andy Serkis –y que no falte el gran Tim Curry-, dan una personalidad vibrante a la película, muy inglesa, que la hace encantadora y a la vez entretenida. Muy ingeniosa y divertida, pero no olvida el cine de terror, si, los que busquen elementos de terror encontrarán su premio con algunas escenas gore, acompañadas por la comedia negra, eso que no falle. Pero es que en sí toda la puesta en escena es sensacional, des de vestuarios hasta la recreación de la ciudad y escenarios, un diseño de producción de mayor calidad de lo que uno inicialmente se puede imaginar.
Para llegar a un final que si a nivel de guión es interesante, falla en la épica. Termina y punto, con sucesos muy destacables pero que Landis no ha sabido dotarlo de atractivo, una pena. Pese a eso, este film es un soplo de aire fresco a la comedia negra, negrísima, tanto como para tocar el cine de terror. Un ejercicio muy simpático y que muchos de sus gags –y sobretodo la personalidad de Burke y de Hare- dotan el film de un ritmo divertidísimo. Muy recomendable.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Sitges, resumen día 4

Se nota que el domingo 9 fue el día más flojo del Festival, con una programación más que discutible en que un servidor solo vio 2 películas: Gantz y The sorcerer and the White snake, lo nuevo de Jet Li.

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Pero antes de estos films, fui a la presentación de The last days, lo nuevo de los hermanos Pastor (Infectados) en la Sala Tramuntana. Se mostró un breve teaser trailer propocional de la película con tal de encontrar inversores y poder producir así la película. Y de bien seguro los conseguirá, claro que sí. Éstos jóvenes hermanos han ideado una película que prometes ser “la bomba” de cara al 2013, en que Barcelona se vestirá de gala para convertirse en una ciudad post-apocalíptica a causa de un estallido de agorafobia mundial. Promete ser un espectáculo visual, pero según palabras de los directores, dependerá mucho de la permisividad del ayuntamiento a la hora de cortar calles para así vaciarlas. Interesante y rompedor para un proyecto que recién empieza buscando la promoción para empezar la pre-producción, y para pasar al rodaje en los meses de marzo-abril. En cuanto a actores, productoras, distribuidoras, argumento,… un secreto todo, habrá que tener paciencia y ocultar nuestros dientes largos.

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Ahora si, el plato fuerte del día (lo siento, lo nuevo de Chapero-Jackson (Verbo), aparte de no llamarme en absoluto tiene horribles críticas), le tocó el turno a Gantz, la adaptación del manga por parte de Shinsuke Sato, que viene acompañada en este festival por su secuela –también presente al Festival-. Y no ha podido tener mejores críticas! Por encima de todo, los fans destacan su fiel adaptación, posiblemente el elemento más importante a la hora de elaborar un producto como éste, con mucha acción, violencia y gore, y en general un universo creado por el director inmejorable. Los FX también son una virtud, bastante cuidados, y que sin hacer virguerías en post-producción el resultado es de 10. Lo más negativo quizás lo encontraríamos en la ausencia de desnudos, algo quizás más tabú en Japón para una obra que practicamente irá dirigida a un público juvenil pese a su violencia. También destaco negativamente sus bajones al guión, aburrimiento creado en los momentos relacionales, con diálogos que rompen demasiado brutamente el ritmo narrativo dotando el film de una leve connotación rosa. Detalles para un film muy muy entretenido, habrá que ver su secuela.

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Y llegamos a The sorcerer and the White snake, lo nuevo de Jet Li, que abandona el continente americano para volver a sus raíces orientales y buscar así su sitio. Y así acabó embarcado en este proyecto que solo puedo considerarlo como “falso”. Falso más que nada porqué de los 1800 planos de la película, 1500 tiene FX, algo que nos explicó el director (Tony Ching Siu-tung, famoso por sus wuxia) en la presentación de la película –y que ganó el premio “la máquina del temps” al mismo tiempo-. Y eso es algo que a un servidor no le convence, pienso que los efectos especiales deben ser un recurso artístico para tapar las carencias (ya sean de presupuesto, tiempo o de imposibilidad de realizar) que pueden aparecer durante un rodaje. The sorcerer and the White snake abusa, abusa exageradamente hasta el punto de introducir elementos al film que fácilmente se podrían haber añadido al rodaje de manera “real”.
Pese a esta valoración, un tanto personal, la película decepciona, se hace transparente y hace que en ningún momento el espectador se involucre en la trama, pero si que es cierto que se hace –como mínimo- algo entretenida. Estamos ante un drama por encima de todo, de una relación amorosa imposible entre un hombre humano y una chica demonio que les llevará al matrimonio y la felicidad, pero ésta se rompe cuando aparece Jet Li y su compañero, dos monjes que persiguen demonios para liquidarlos. Entretenida, falsa (FX) y olvidable en conjunto.

Sitges, resumen día 3

El tercer día del Festival se componía de 6 películas, y como es habitual entre tanto reparto, unas me acabaron convenciendo más que otras, pero también hay otra categoría mucho más preocupante como es la de la irrelevancia. Vayamos por partes:


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El siguiente turno fue para la post-apocalíptica Hell, del debutante joven director alemán Tim Fehlbaum. Por encima de todo llama la atención que Alemania nunca ha sido un país implicado en el género fantástico, ni tampoco sus espectadores, es por eso que siempre hay que recibir con los brazos abiertos productos “revolucionarios” de este tipo, y más si el director es un joven debutante (aunque con Roland Emmerich apadrinando el proyecto como productor ejecutivo). Tras mirar dicho film, las opiniones se movían entre la buena aceptación y la indiferencia. Un servidor tiende hacia esa segunda opinión, pero sin llegar al extremo. Hell no es más que The road mezclada con La matanza de Texas. Trata de un grupo de tres personas que luchan por sobrevivir en un mundo asolado por las altas temperaturas, un infierno solar que ha evaporado el agua y secado los cultivos. Una road-movie en toda regla, que complicará la existencia de sus protagonistas al recoger un mecánico que abrirá los sentidos de la duda y la desconfianza entre protagonistas.
Aparentemente su pinta es excelente, pero el resultada a ratos se hace algo irregular, decayendo el guión en ocasiones con tal de profundizar en las relaciones de persona de una manera un tanto dilatada. Que no está mal, Fehlbaum acaba introduciendo el tema de la confianza en un mundo en que la desconfianza es lo que te hace seguir vivo. También se nota a ratos la falta de presupuesto, pero que normalmente –no siempre- son bien tapados sus baches visuales por la postproducción, pero en otras ocasiones canta como una almeja –simplemente hay que fijarse en los planos generales de árboles, que en los más lejanos algunos hay hojas curiosamente-. Pese a eso, habrá que tener en cuenta a este joven director.


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Ya de madrugada, me atreví con una pequeña maratón de 2 películas: The victim y Hobo with a Shotgun. La primera de éstas destaca por ser dirigida, producida, escrita e interpretada por Michael Biehn. Y no podía empezar de mejor manera, con la presentación de dicho responsable y una productora que también interpreta. Llamó la atención dicha presentación, por dos cosas: la primera que la actriz y productora nos avisó que a la película hizo sexo real (ok), ahora todo el mundo sabe que es una experta en felaciones. Y la segunda es que el propio Biehn nos avisó que sería una mala película. Inmejorable presentación, pero como mínimo consiguió hacernos cambiar el chip por otro más fiestero, el que nos hace decir cosas como “yo en el cine me lo trago todo”, sin pensar mal, ojo. Y no falló, The victim es muy muy floja en conjunto, con algo de violencia y cero de gore, pero bueno, como mínimo entretenida.

lunes, 10 de octubre de 2011

Sitges día 2

Después de la interesante inauguración del Festival de Sitges, y la proyección de la magnífica Eva de Kike Maïllo, el verdadero Festival empieza en su Día 2 con un programa digno de las mejores ediciones. Allí estubo un servidor -al igual durante todo el Festival- para disfrutar, como un fan más, de éste monstruo que supone Sitges.


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Rapidamente fui a la siguiente sesion, Scabbard samurai, dirigida por uno de los veteranos en Japón, Hitoshi Matsumoto, y no defraudó. Aún diré más, después de 4 días al festival y de haber visionado unas 15 películas, digo públicamente que éste título -por el momento- es el más interesante que ha visto un servidor. Una película simple, absurda y repetitiva, pero también efectiva, divertida y dramática. La película trata de un samurai fugitivo -que ha perdido su espada a causa de la muerte de su mujer-, huye junto a su hija de la justicia, hasta ser capturado. Le condenan a que se haga el Harakiri, pero su única oportunidad de vivir consiste en hacer reir al emperador en menos de 30 días, un niño sin aparentes sentimientos.
La película ha sido recivida inicialmente con mucha frialdad por el público, con una muy baja asisténcia, y ciertamente, las 14h del mediodia no es la mejor hora para meter una pelícua desconocida. Un título que funciona, porqué es capaz de enmascarar su falta de presupuesto con mucho humor, tanto como para hacer llorar de risa a un servidor, y llegar a dramatizarnos en su tramo final. Una obra maestra discreta, a descubrir y con un sonido impresionant (ojito a su música). Una película que hizo las delicias de todos los espectadores, votando cantidad de 5(s) al finalizar.
Prometo su crítica próximamente, porqué simplemente se lo merece.

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Después de un parón para comer, venía uno de los platos fuertes del Festival, The Divide. De la mano del francés Xavier Gens nos presenta un título que olvida la desastrosa Hitman para acercarse a su gran joya Frontiere(s). Mucha violencia, sexo, y en general, un título apocalíptico que falla quizás en no saber que camino escoger, si tirar por lo que ocurre en su exterior con el tema de la guerra y los militares que irrumpen en el bunker, o la degradación que sufre el ser humano en condiciones extremas (excesivamente alargada ésta última). Pese a ese fallo -porqué canta como una almeja las preguntas sin respuestas que plantea el film- acaba siendo un trabajo disfrutable en su conjunto, y muy capaz de esconder sus carencias de presupuesto en el tema post-apocalíptico con una trama simple de degradación personal en situaciones extremas muy al estilo El experimento de Oliver Hirschbiegel mezclada con la española El refugio del miedo de José Ulloa.

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Para acabar el día con Contagion, la película más mediática del Festival de la mano del director Steven Soderbergh, y con Matt Damon, Gwyneth Paltrow, Laurence Fishbourne y Kate Winslet (esta última genial). Casi nada, aunqué la pregunta que me hago es si hacía falta tanto famosillo para una peli de diálogos descafeinada, sin épica ni sangre. La película nos plantea como de fácil es trasmitir una enfermedad de tipo vírica en nuestro planeta, y en este caso la epidemia se extiende a ritmo vertiginoso, pero lo único que consigue trasmitir es somnolencia, un aburrimiento sin fin y a la vez la decepción más grande del Festival para un servidor. Digamos, que no es lo que imaginaba, pero lo cierto es que la película consigue crear una buena trama casi documental, de diálogos, y sobretodo sabe tratar con seriedad un tema que el fantástico siempre ha desdibujado.