lunes, 26 de marzo de 2012

"Mujeres Guerreras" (parte 1)



Sin duda la historia antigua, también moderna y contemporánea, ha estado marcada por una unidad familiar claramente patriarcal, aunque con pequeñas excepciones muy puntualizadas donde la mujer ha tenido –y tiene- un papel dominante en cada familia nuclear, como ocurre en una pequeña región del Tíbet, por ejemplo. Son sociedades donde el humor y la carencia de violencia predominan, posiblemente porqué el papel secundario en el que vive el hombre queda reducido al de simple objeto sexual, además éste no tienen ni dinero ni propiedad, e incluso ni hijos, ya que las madres escogen al hombre que quieren para irse a la cama, y de ese modo ellas se incapacitan para saber quien es el padre. Por tanto el hombre acaba por perder su virilidad y el poder de opinión, un infierno apocalíptico para el sector masculino de la sociedad patriarcal que ni en sus peores pesadillas hubiese imaginado.

De todos modos este tipo de sociedades matriarcales son muy puntualizadas, y que más allá del Tíbet podemos encontrar en pequeñas regiones de China, México o la India, pero poco más. Es por eso precisamente, al igual que ocurrió durante la Edad Media y Moderna con los campesinos y el proletariado, esa sensación de latencia permanente que la revolución de la mujer es una posibilidad ha originado en el cine cantidades inagotables de ideas donde ellas toman el poder y usan a su merced a los hombres. Y eso, a lo largo de las décadas, des de bien entrados en el origen del cine a principios del s.XX, podemos ver como ha evolucionado una mujer en las pantallas al que los hombres temen por ese posible despertar revolucionario. Las hemos visto de manipuladoras, ambiciosas, monstruosas, asesinas, caníbales, e incluso niñas, pero también madres e hijas juntas, e incluso mujeres que matan por amor. Y es que las hay de todos los tipos: malas, muy malas, o simplemente incomprendidas, pero lo que queda claro es que la mujer ha servido –y sirve- de una gran fuente de inspiración cinematográfica. Porqué ver “el mal” en ellas nos gusta, me gusta, y por ello haré un repaso panorámico -aunque a trompicones-, de películas que más o menos me han marcado o que simplemente creo que deben estar comentadas en esta actualización. Eso implica que ciertos títulos clave quizás no aparezcan, aunque el abanico de títulos será realmente elevado.

Tampoco pretendo valorar des de un punto de vista sociológico el papel de la mujer en este tipo de películas en relación a la época realizada. Como he indicado, comentaré muy superficialmente películas y sus personajes femeninos.

Ya des de los lejanos años 10 el cine ha suministrado películas con mujeres que se han ganado el respeto de los hombres a sangre fría, mujeres guerreras a nivel social demostrando como de frías y sin escrúpulos pueden llegar a ser. Aún no habíamos llegado a las Carrie(s) o May(s), pero las décadas poco a poco nos han ido trasladando hacia esos mundos irreales, con personajes extraños, fantásticos, e incluso seres de otro mundo como en la excelente y sexy Fuerza Vital. Pero para llagar a ello antes hubo mujeres manipuladoras, como en Salomé, un título producido en 1918 y dirigida por J. Gordon Edwards, y que nos sitúa en el imperio romano, donde habita Salomé (Theda Bara), la hijastra del rey Herodes. Ella es una mujer con poder, libertad (algo que carecía la mujer en los años 10) y eso nos conlleva a ver elementos tan interesantes como las connotaciones sexuales o de abuso de poder. Muy contrariamente a estas ideologías, y ya entrando en los interesantísimos años 20, en concreto en el expresionismo alemán, también podemos encontrar otra obra maestra del cine clásico, de ese que apenas se proyectan en las escuelas de cine o filmotecas, llamada La caja de Pandora, un título dirigido en 1928 por Georg Wilhelm Pabst a través de una adaptación teatral llamada “Lulú”. En este título también veremos a una mujer que aprovecha su belleza para manipular a los hombres a su merced y sin ningún tipo de moral, mostrándonos así un puñado de escenas algo subiditas de tono sexualmente hablando por la época en que se realizó. Pero en general la película justifica el calificativo de obra maestra con un excelente guión que posee un ritmo narrativo más que solvente visto hoy en día para ser una película de los años 20.

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Muy diferentes fueron los años 30, con la Universal de por medio ofreciendo un catálogo de películas de terror inolvidables. Eran las películas de “los monstruos”, del hombre invisible, la momia, el hombre lobo, el monstruo de Frankenstein… y fue precisamente éste último, que a través de la secuela de El doctor Frankenstein (1931): La novia de Frankenstein (1935), ambas dirigidas por el idolatrado James Whale, pudimos gozar del monstruo femenino por excelencia. Nadie olvidará jamás Elsa Lanchester encarnando a esa “novia” que apenas apareció unos pocos segundos en pantalla, los justos y suficientes para que incluso hoy en día cuando mezclamos las palabras “monstruo” con “mujer” directamente pensemos en ella. En cuanto a la película, qué decir que nadie no conozca ya, una obra maestra también que superaba de pleno a su antecesora, ya que si bien la primera poseía algunas incoherencias del guión La novia de Frankenstein las paliaba. Además, fue la primera película en la historia del cine que mezcló comedia con terror, algo que costaría ver repetido en una pantalla hasta posteriores décadas, especialmente de la mano de Corman (pese a puntuales excepciones a mediados de los años 40 con Abbot y Costello haciendo de las suyas, aunque de la mano de la propia Universal).

subir imagenesEn cambio, en la década de los 40, hubieron un par de películas destacables con personajes femeninos monstruosos: La mujer invisible y La mujer pantera. La segunda de ellas, de la mano del productor Val Lewton y su RKO fue dirigida por el menospreciado Jacques Tourneur en 1942, alguien que sabe moverse como el pez en el agua en producciones de bajísimo presupuesto, y que esta vez nos cuenta como un joven se enamora de una chica que sufre una extraña maldición que le hace convertirse en pantera. Una historia de fantasía, celos y amor, bastante lograda, y también bastante más entretenida de lo que parece a priori por dos motivos: su excelente fotografía en blanco y negro que acaba impregnando a la película de un misticismo muy atractivo, pero también posee un ritmo narrativo claramente creciente que desemboca a un final bastante majo y revelador. La película también cuenta con una secuela llamada La venganza de la mujer pantera que se realizó dos años después (1944), pero esta vez sin la maestría de Tourneur, aunque con el solvente Robert Wise junto a Gunter Von Frisch, y que aunque no tenga la virtud de su predecesora el hecho de repetir reparto le acaba dotando de un punto extra de interés en caso de haberse disfrutado de la primera. El gatillazo llega cuando el espectador se de cuenta que la película no tiene nada que ver con la original, de hecho no veremos ni panteras ni gatos, simplemente un melodrama empalagoso bastante olvidable. Como curiosidad diré que se realizó un remake de la original en 1982 llamado El beso de la pantera, y con un reparto la mar de interesante: Nastassia Kinsky y Malcom McDowell.

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También hay mediocridades de la ciencia ficción en los años 40 al lado de las películas de Tourneur, en parte por el progresivo hundimiento que vivía la productora Universal en dicha década en cuanto a películas del género, inmersa prácticamente en secuelas sin sentido de las sagas que les dieron gloria en los años 30. Pese a ello, podemos recuperar entre ese material tan discreto una película que centra su atención en la mujer. Se trata de La mujer invisible (A. Edward Sutherland, 1940), otra secuela más de la saga iniciada en 1933 con El hombre invisible. Esta vez se podría considerar como la tercera parte, pero la realidad es que más allá de la novedad de meter una “villana” el resto del argumento es más de lo mismo y prescindible. La película nos cuenta como un doctor fabrica una máquina para hacer invisible a la gente, y la utiliza con Kitty Carroll (Virginia Bruce) haciéndola así desaparecer. Por desgracia, unos gángsteres robarán la máquina, pero deberán enfrentarse a la mujer invisible. Estamos ante una comedia con tintes sobrenaturales, y con buenos FX para la época que la acaban haciendo –como mínimo- digerible. Se deja ver.

Ya en plenos años 50, nos encontramos con un abanico importante de producciones centradas dentro del sci-fi que apuestan por la mujer como método represor para los hombres. También fue una década donde abundaba la ciencia ficción de monstruos interplanetarios u otros nacidos de radiaciones nucleares, algo muy de moda en aquellos tiempos de inicio de Guerra Fría y post 2ª GM. Entre esas producciones más o menos feministas habían algunas que pese a no destacar precisamente por su calidad sí que es cierto que hoy poseen un encanto muy propio que inevitablemente para un sector del público acaban convertidas en títulos de culto. Una de ellas fue la desastrosa Invasora de Júpiter, realizada en 1952 por un inepto llamado Ronald V. Ashcroft, un digno heredero de Ed Wood Jr., en que nos cuenta como un secuestro a una mujer acaba implicándose en una investigación sobre el impacto de un meteorito. En ese meteorito, como si de un huevo se tratara, nacerá una mujer misteriosa que empezará a matar a los animales y personas que se le acerquen… Un interesante argumento con texturas feministas por la venganza femenina al secuestro pero que una desastrosa –por no decir lamentable- dirección lo destruye todo. Y es que con sus apenas 60 minutos de metraje, se demuestra a ella misma lo desastroso que resultó el proyecto, y simplemente que no daba para más.

También hay otra película -esta vez de las buenas-, que nunca entenderé por qué motivo acaba siempre implicada en estadísticas o listas del tipo “mejores películas de terror” y variantes, ya que no tiene nada que ver con el género. Me refiero a Las diabólicas (H.G.Clouzot, 1954). Entonces, por qué la incluyo yo también? Pues no lo negaré, no seré el más guai de la clase y la voy a obviar, aunque fuera bromas si que es cierto que posee algunas de las escenas más escalofriantes que ha dado el cine, y es que estoy seguro que nadie olvidará jamás esos fotogramas que mostraban “el cadáver” dentro de la bañera… esos ojos… puro horror. Y aunque como digo, la francesa Las diabólicas no forma parte del terror, pero también hay un par de mujeres que casi mejor no provocarlas… así que cuidado, señores machistas y maltratadores. Por otro lado, como película, es impecable incluso después de haber pasado más de 50 años. Buenas actuaciones (sobretodo las femeninas), buen clímax de suspense, guión in-crescendo, final sorpresa, y la sensación por encima de todo que el peso de los años no han afectado para nada al conjunto de la película.

Otro título de esa época, quizás más conocido dentro de la carroña estimulante de serie B, sería La diabla (AKA She devil, 1957), dirigida por el responsable de la posterior y excelente La mosca (1958) Kurt Neumann. Se trata de otra de esas películas de “mad doctors” en que algo sale mal y habrá terribles consecuencias por parte de una mano femenina… Pero esta vez hay que reconocer que el resultado no fue tan satisfactorio como en La mosca pese a sus leves parecidos, más que nada porqué es incapaz de ser humilde con ella misma y definir hacia que horizonte quiere viajar. Que quiero decir? Lo que apunta a una película sci-fi inicialmente acaba convirtiéndose en una película de cine negro con pinceladas sobrenaturales, por lo tanto un experimento que dudo que convenza al público acérrimo de uno u otro género. Personalmente, discreta.



El ataque de la mujer de 50 pies es quizás el megaclasicazo femenino de los años 50, concretamente en 1958 y dirigida por Nathan Juran, un habitual en producciones de ciencia ficción de serie B. La presente película, que para los que no la hayáis visto seguro que inicialmente os llamará la atención el cartel por ser realmente sexy, y es que se trata de un título muy avanzado para su época, con infinidad de connotaciones feministas. La película trata de una ama de casa (interpretada por Allison Hayes y que insisto, muy muy sexy) que verá como unos extraterrestres la harán crecer en grandes proporciones, hasta 50 pies de altura. Una película de culto, entretenida, de bajísimo presupuesto, con unos FX de risa y fallos de raccord a cada esquina, pero, y que? Cumple con lo que ofrece, que es entretener. Para curiosidad, y producto del cariño que tiene el título de Nathan juran por parte de los espectadores más freaks del cine, en 1993 se realizó un remake por parte de Christopher Guest, y con Daryl Hannah como ama de casa gigantesca! No la he visto, así que no puedo opinar, pese a que las malas críticas abundan.

subir imagenesAbandonando los 50 e iniciando los 60 nos encontramos con una absoluta obra maestra del cine de terror llamada La máscara del demonio, dirigida por uno de los grandes, no solo de Italia, sino del género en sí: Mario Bava. Protagonizada por la siempre inquietante Barba Steele, una actriz que siempre ha revelado que nunca ha amado el género de terror, pero que curiosamente ha formado parte en un largo listado de películas del género como El péndulo de la muerte, Danza macabra, La maldición del altar rojo o Piraña, entre tantas otras. La película que nos ocupa cuenta como durante la Edad Media la Inquisición rusa condena a muerte a una pareja por practicar brujería, y son ejecutados usando una máscara con clavos en su interior. Siglos más tarde, las tumbas de los brujos siguen en su lugar, cuando alguien las profanará y quitará las máscaras a los ejecutados, y de ese modo la pareja de brujos revivirá desatando el mal. Impecable, rodada con un magnifico blanco y negro poco se le puede criticar. Mario Bava era joven aún, pero ya realizó su propia obra maestra en forma de terror clásico, con una decadente estética gótica con elementos sobrenaturales muy cercanos al ciclo Corman dedicado a Poe en los años 60, dotándola así de una sugestiva puesta en escena. Y qué decir de “la escena”? me refiero a la ejecución, durísima pese a la época.

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(Barbara Steele)

Hasta la siguiente entrada.

miércoles, 21 de marzo de 2012

"La escuela mata la creatividad" - Ken Robinson



Ken Robinson y la educación:

"La escuela mata la creatividad". Este es el argumento que da pie a la carrera del británico Ken Robinson, una persona dedicada a estudiar el sistema educativo de los niños, y como éste tiende a menospreciar la importancia de la creatividad. Y no sólo en las escuelas, también en los hogares, con los padres. Su tarea consiste en concienciar a la gente sobre el valor de la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos, unos valores argumentados en esta interesante y profunda charla haciendo pensar al espectador de si realmente el sistema educativo que tienen los niños de hoy en día sabe explotar los valores artísticos de cada uno de ellos.

(Ken Robinson)

De hecho, Robinson, ha querido recordar al espectador -una vez la charla ya había sido introducida- lo que dijo Picasso en relación al arte. Decía que "todo el mundo cuando nace tiene unas cualidades artísticas, y que si no se trabajan acaban por perderse". Por tanto, el problema está en conservarse artista cuando crecemos, y es que la tendencia de la educación establecida es separarnos de la creatividad a medida que crecemos. Es decir, que "la escuela mata la creatividad", y que incluso desprecia los niños con mentes inquietas en vez de cultivarlas, y eso inevitablemente les comporta una sensación de miedo a equivocarse porque no se les deja explotar sus cualidades. Es como si lo que pretende el sistema educativo es orientar a los alumnos hacia un solo camino en la vida: el de profesor universitario, y éste debería ser sólo una opción de las muchas posibles que ofrece la educación. Robinson lo expresa claramente diciendo que "las escuelas enfocan la educación para entrar en la universidad", y ello conlleva que si un niño, de pequeño, le dice a un profesor (o los padres) que cuando sea mayor quiere ser director de cine (por ejemplo), automáticamente se tiende a despreciar esta opción, un hecho absurdo.

También Robinson ha querido dejar constancia práctica de sus explicaciones con algunos ejemplos, unos ejemplos que hablaban de cómo los adultos no saben ver aquellas "incorrecciones" de los hijos que bien podrían ser cualidades a explotar. Por tanto, lo que ha querido hacer entender al espectador es que cada persona tiene su arte, sólo hay que descubrirlo y explotarlo, una explicación muy ligada a las argumentaciones de Picasso anteriormente comentadas. Simplemente tenemos que saber ver las capacidades creativas que tienen los más jóvenes, por qué son una riqueza, y también de ser capaces de ver a los niños como la esperanza de que son, para que así puedan afrontar el futuro y ofrecer de él uno de mejor en detrimento de un sistema educativo que ha destruido nuestras mentes ya desde muy jovencitos.


El video con subtítulos en diferentes idiomas:

http://www.ted.com/talks/lang/es/ken_robinson_says_schools_kill_creativity.html

domingo, 4 de marzo de 2012

Cultura Mainstream (libro) - Frédéric Martel



MARTEL, Frédéric, Cultura Mainstream, Taurus, 2011, 453 pág.

NOTA: 8.5
















"Mainstream" por encima de todo es una herramienta para hacer abrir los ojos al lector, una herramienta para hacerle entender que lo que ve en la televisión, cine, o escucha a nivel musical, -entre otros aspectos relacionados con cultura- más que arte es un negocio.

Fácilmente nos podemos emocionar y creer unos valores que nos transmiten las empresas que hay detrás de todos esos productos culturales, como Disney por ejemplo, que se preocupa por transmitir unos valores familiares y educativos de tendencia claramente tradicional y conservadora, pero que tampoco le importa encontrar el beneficio en películas llenas de sexo y violencia, simplemente debe crear una empresa aparte, como Miramax (las películas de Tarantino, por ejemplo). Es sólo uno de los muchos ejemplos que plantea el libro. De hecho, este libro habla del mercado de masas, del volumen de ventas que mueven unos y otros, y sobre todo por qué las venden.




(Cualquiera diría que Disney está detrás, no? (Pulp Fiction))

La peculiar y polémica crítica cinematográfica Pauline Kael resume muy bien lo que necesita una película para ser mainstream, dice que el principal atractivo, visceral, es el "kiss kiss, bang bang", sólo hace falta una chica o una pistola para hacer una gran película. Por eso se muestra muy crítica con el cine de Jean-Luc Godard posterior a los 60, ya que le acusa de no hacerse entender con su público, torturándoles con historias ininteligibles.

(La polémica crítica cinematográfica Pauline Kael)

También este libro es fácilmente aplicable en estas fechas, con recientes entregas de premios académicos de cinematografía, como los Oscar o los Globos de Oro. Es tan fácil como mirar la cartelera, donde encontraremos títulos como La dama de hierro, una película claramente construida para que Meryl Streep se luzca y gane el premio a mejor actriz, y como muchos sabréis lo acabó ganando. Y eso por qué? En el libro se explica como una productora accede a producir una película, con qué motivos, y sobre todo con qué perspectivas. Digamos que tienen previamente una clara visión del futuro de la película, y lo mismo si entramos dentro de territorio musical. Esto ocurre, en parte, porqué el espectador se acaba convirtiendo sin querer en un objeto cultural, se le bombardea con quinielas cinematográficas y las industrias lo acaban aprovechando haciéndonos creer (me incluyo como espectador que soy) que lo que vemos es bueno cuando no tiene por qué. Por ejemplo -dentro del terreno musical- el Rock fue "alternativo" (por lo tanto para unas minorías “rebeldes” durante los años 50) y la industria lo aprovechó y lo hizo mainstream porqué le vio posibilidades comerciales; o lo mismo con la MTV en el tema videoclip tras el éxito del Thriller de Michael Jackson, o la posterior Madonna.

(Thriller, de Michale Jackson)

Són sólo algunos de los ejemplos que se explicarán a lo largo del libro, con la intención de hacernos entender que en la industria hay una batalla cultural globalizada para instalar unos valores, para imponer la cultura de masas, el mainstream. Y eso afecta a los valores que se transmiten, y que dependiendo del país o región donde quieran aterrizar pueden chocar con las tradiciones o religiones autóctonas, por eso normalmente se soluciona creando productos "dirigidos a ..." como son las "blaxploitation" (cine exploitation para negros) por ejemplo, otra estrategia.
También Martel habla de los lobbys, en concreto de la MPAA, el brazo político de Hollywood, otro ejemplo de que el cine no es tan práctico y artístico como aparenta. Además, también dentro del mismo terreno de la MPAA, se fija, a base de entrevistas a sus responsables, del impacto nocivo que está teniendo Internet en la industria.

Por tanto, lo que Martel nos quiere transmitir a líneas generales es que tanto una canción, como una película, son sólo el resultado final y empaquetado de una serie de estadísticas, procesos políticos y luchas empresariales -incluso nacionales- para conseguir el mayor número de beneficios. Y esto no hace más que acentuar tendencias o modas, el mainstream, y en general, lo que quiere Martel, es intentar desvirtualizar de valores creativos a productoras en que simplemente son eso, empresas.

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