miércoles, 24 de septiembre de 2014

Descubriendo a Linnea Quigley (Parte 7) - Final



En esta última entrada creo es acertado aprovecharla para hablar un poco del perfil más personal de la actriz: sus gustos, películas favoritas, hobbies, etc. Y se me hace curioso en el fondo, ya que precisamente en la primera entrada de este artículo dije claramente que me interesaba un comino su vida más “amarilla”, aunque mira, finalmente sin darme cuenta he ido introduciendo cosas relacionadas con la vida privada de la actriz, o conceptos de la orden pública (pero lejos del mundo del cine) como son “The Skirts”, “Playboy” o “Steve Johnson”, elementos también básicos para entender a Linnea Quigley. Pues ya puestos, podría acabar redondeando estas informaciones con cuatro cosillas más que en el fondo tampoco creo que estorben en este artículo.

Por un lado, me gustaría añadir algo más sobre su pasión por la música Punk de los ochenta. Linnea Quigley se consideró Punk, y no solo por participar en un par de grupos musicales de considerable éxito, sino por amar el ambiente que se generaba en él. La actriz, destaca en numerosas ocasiones que su momento más inolvidable en relación a la música fue el concierto que realizó con las “The Skirts” haciendo de teloneras de los “The Cramps”. Curiosamente en ese concierto también estaban los eternos “Dead Kennedys”, aunque entre el público, y eso la hizo sentir como si estuviera en una especie de nirvana particular. “Los punks eran realmente geniales. Eran buena gente y muy cariñosa. También eran gente decente hasta que aparecieron los punks de postal que ensuciaron completamente la escena”, decía Linnea Quigley en una entrevista en Crypticrock.com.

Además, la actriz reconoce lo que ya comenté en algunos momentos del artículo, que es la influencia de la escena punk en sus películas, o, mejor dicho, en los personajes que interpretó en ellas, como el de Trash en El regreso de los muertos vivientes o Spider en Chicas de fraternidad en la bolera. Ella amaba grupos de música como “Fleetwood Mac”, “Stone Temple Pilots” y “Metallica”, entre muchas otras bandas como “The Rembrandts”, “AC/DC” y “The Ramones”. Respecto a esta última banda, la actriz mantuvo durante un tiempo una estrecha relacion con el cantante Johnny Ramone, y que le permitió participar en el videoclip del grupo “Substitute”. Según cuenta en la misma entrevista de la anterior fuente “él era muy dulce, muy buen chico”, y gracias a él y su participación en el la famosa película Rock'n'Roll High School, la actriz conoció la escena punk y por ello se involucró en películas que contemplaban esta escena, como Calles Salvajes o las ya comentadas anteriormente.

Pero cosas de la vida, aunque se considerara “muy punk” finalmente en 1990 Linnea Quigley quiso convertirse en agente de policía de Los Angeles. Posiblemente le cogió el gustillo a la profesión de policía después de participar en las dos primeras entregas de la saga Vice Academy (que comentaré seguidamente), quien sabe... Pero, pese a aprobar el examen escrito, la actriz decidió muy acertadamente seguir actuando a la gran -y sobretodo pequeña- pantalla.

Más cosas. Los animales. Hablar de Linnea Quigley también es hablar de animales, y es que Linnea ha contribuido a las campañas de PETA (People for the Ethical Treatment of Animals). Además, ella es vegetariana, y es por ello que ha promovido también campañas publicitarias sobre un modelo de vida alternativo basado en mantener una vida vegetariana manteniendo un consumo constante de lechuga... quizás por eso siempre ha estado tan delgada...

Por otro lado merece ser comentados sus gustos cinematográficos. Linnea Quigley no es una mercenaria del género, sabe de lo que habla, y prueba de ello son sus argumentos para justificar sus películas favoritas del género de terror. Dice que sus películas favoritas se encuentran principalmente en los años 70, concretamente son La matanza de Texas (1974) y Llama un extraño (1979). Ésta última es el filme original del fallido remake del 2006, y que personalmente es un auténtico peliculón, sobretodo su inicio. También subraya su pasión por Saw, la obra maestra de James Wan que sacudió el género hace ya 10 años, pero solo la primera parte. Sin olvidar también el cine de Herschell Gordon Lewis por su perfecta mezcla de comedia y terror. ¿Por qué no le gustan Llama un extraño 2, su remake Cuando llama un extraño, o la saga Saw? Como comenté en otra parte del artículo, concretamente en la película de Night of the demons (2009), Linnea Quigley odia a todas las secuelas y sobretodo remakes que no tienen un sentido argumental y sí económico, es decir, que se olvida el respeto por el filme original. De todos modos, la actriz tuvo su propio desliz artístico al participar en Vice Academy 2, una secuela fallida y que considero sin duda alguna como una de las peores películas de su carrera, que ya es decir.

Como comentaba anteriormente, Vice Academy fue la primera de una saga de películas policíacas dirigidas por un tipo llamado Rick Sloane en que Linnea Quigley participó en sus dos primeras entregas. El total de la saga se compone de 6 películas, unas películas situadas en los años 90 a excepción de su primera parte que fue en 1989, pese a ya poseer un espíritu más noventero que otra cosa. Se trató de una saga de películas que querían parodiar con una versión estrictamente femenina las Loca academia de policías, unas películas que presumían de sus dosis de comedia por delante de la acción. La saga Vice academy también fue eso, pero con mucho menor presupuesto y sí muchas chicas de buen ver.

La primera entrega llegó a España como “Academia Antivicio”, y nos presenta a dos cadetes de policía que quieren entrar a trabajar en el cuerpo antidroga de Hollywood. Durante su entrenamiento, a modo prácticas, solicitan a las dos chicas para que se infiltren en una red pornográfica donde parece ser que se maltratan a sus actrices, además de trabajar en ella chicas menores de edad, y ellas dos deberán ser las encargadas de desarticular esa red pornográfica. Bueno... un argumento de sobremesa, para una película que solo sirve para hacer la siesta. Como comentaba, Vice Academy emula un espíritu más de los noventa, como si no quisiera explotar el cachondeo, la violencia, el sexo y la mala leche que tan bien identifican esa década. Es una película que se avergüenza de los tics de la serie B, y esa es una manera de hacer cine que no hay que olvidar que le funcionó muy bien a Linnea Quigley, ya que si hay algo a destacar ante todo en su carrera es que supo trabajar en películas que no tenían complejos en mostrar sus mediocridades y sabían presumir de ellas con cachondeo, y es que esa es precisamente la clave del buen cine casposo. Vice academy no posee nada de ello, y es por ello que es una película que aburre, que es mala, estúpida, sin gracia, y ni si quiera hay desnudos ni acción,... Una película que no vale la pena, como la gran mayoría de mediocridades casposas de los noventa.

Respecto al casting es lo único que puede conseguir que el público la recuerde hoy en día: además de Linnea Quigley, podemos encontrar a la guapa Karen Russell -que ya participó junto a Linnea en otras películas-, y a las ex-actrices porno de los ochenta Ginger Lynn y Julia Parton, además de Elizabeth Kaitan (una actriz que se la pudo ver en Noche de paz, noche de muete 2, y a Viernes 13 parte 5). Quizás es por este reparto estelar y lleno de silicona en las tetas que cuando se emitió la película por televisión consiguió un éxito de audiencia envidiable. También quizás, otros de los motivos fueron que Vice Academy ganó el Networks' B-Movie Awards for Best Picture curiosamente, algo que insisto es muy muy discutible.

Poco después de protagonizar Vice Academy, Linnea Quigley sacó tiempo para participar con un papel muy intrascendental -pero al fin y al cabo presente-, en una auténtica obra de culto del cine trash: Robot Ninja. Esta película cuenta como un dibujante de cómics creador de un superhéroe que es la auténtica sensación en las librerías, ve como su adaptación cinematográfica destroza a su personaje, al edulcorar su historia con elementos infantiles y educativos, cuando “Robot Ninja” es una historia violenta sobre un superhéroe con modeles algo excesivos. Un día, este dibujante, decide disfrazarse y hacer realidad a Robot Ninja, y así implantar su justicia en las calles al mismo tiempo que populariza al verdadero personaje.

Es genial la película. Y eso que tiene miles de detractores por el hecho que su director J. R. Bookwalter llevaba años demostrando al mundo que es un verdadero inepto tras la cámara, a través de infinidad de títulos casposos entre los que destaca muy por encima del resto la sobrevalorada Mondo Zombie (A.K.A. “The Dead next door”). Si a eso le añadimos que David DeCoteau vuelve a meterse a la fiesta, la mala fama del filme es inevitable. En todo caso Robot Ninja también tiene sus defensores, entre los que me incluyo. ¿Acaso hay gente que no entiende la gracia del cine B-Z?

Amén al cine hecho con ilusión, para divertir, para un público tan concreto como somos nosotros, los amantes de la caspa. Pocas veces una película de este tipo es capaz de crear expectativas en su argumento, de atrapar al espectar, y joder, Robot Ninja consigue hacerlo! A medida que la película sitúa su argumento, reconozco que tenía ganas de ver en acción a Robot Ninja degollando cuellos y en sí matando a todos esos pandilleros violadores y asesinos. Y poca broma, porqué la película es de lo más salvaje que ha participado Linnea Quigley en su carrera, que nadie se confunda por su título infantiloide.


Una película altamente recomendable a aquellos amantes del gore y la caspa, por su desfachatez en mostrar puñados de escenas memorables, como el disparo en el ojo con la pistola previamente clavada en él (foto arriba), la autocuración de las heridas de Robot Ninja, una chica violando a un chico, mutilaciones varias, y una historia que si bien no termina como debería pienso que los de la Marvel y DC deberían echarle un vistazo, y aprender que sus propuestas basadas en cuestionar la ética de sus héroes -ocurre en todas sus películas- son cansinas. Robot Ninja no sirve para cuestionar nada, simplemente para pasar un buen rato de distracción viendo como un justiciero intenta hacer justicia en las calles. Y ya si aparece Linnea Quigley interpretando a una bella secretaria con poca ropa y gafas de pasta (la primera vez que Linnea aparece con gafas en una película) el título se redondea.

Llegados ya a 1990 todo cambió. Cambió la manera de hacer cine de terror, cambió el tipo de películas que escogía participar Linnea Quigley, y también cambió –pero en este caso estrepitosamente- la calidad de sus películas.

Sexbomb es, ante todo, una película que habla sobre el cine, y concretamente sobre el cine de terror de serie B. Y no se trata de un documental precisamente, ni tampoco es una película de terror, sino que es una película que se dedica a explicar una historia situada en el terreno del género de la comedia negra con tintes eróticos en que una sexy mujer planea matar a su marido junto a su novio. Esta historia sirve para desarrollar un escenario donde podemos encontrar al marido, que es un productor de cine de terror que se encuentra en pleno rodaje de 2 películas: “I Rip Your Flesh With Pliers” y “Werewolves in Heat”; el novio de la chica, que es el guionista de las películas; y a la actriz protagonista de ambas películas que es –obviamente- Linnea Quigley. Todo este escenario sirve para desarrollar una historia con algunos guiños a los tópicos del género de terror, como es hacer ironía a los desnudos gratis, a la cutrez de los maquillajes, y a los rodajes rápidos y en pocos días que habitualmente rellenan de fallos de raccord a las películas.


Sexbomb va muy ligada al el mierdón que interpretaría ese mismo año Linnea llamado Linnea Quigley’s Horror Workout, un título con un look mas a extra de DVD que a cine propiamente, pero en el fondo ambas son dos películas que pretenden explicar un tipo de cine, y por otro lado homenajear a la actriz americana. Personalmente Sexbomb es la última película decente -que no buena- de las que participó Linnea Quigley hasta 1990, y aunque se deja ver lo cierto es que su intensidad narrativa decae constantemente perdiéndose ella misma en una historia que se vuelve aburrida y sin gracia, y que tampoco sabe como finalizar con algo de épica y que la convierta en una película más memorable. Dicho de un modo rápido, “es una película de 1 solo visionado”.


El director de Sexbomb es un tal Jeff Broadstreet, un tipo que le recuerdo bien por haberle visto en 2006 Night of the living dead 3D, el clásico de George Romero destruido por un cutrísimo 3D.

Tras las horrendas Vice Academy, la decente Sexbomb, y la divetida Robot Ninja, Linnea Quigley llegó a los 90. Llevaba ya 15 años con una prolífica carrera de cine casposo que la convirtió en una leyenda activa de los videoclubes gracias a una cifra aproximada de 35 películas..., un verdadero récord. Ella era consciente que tenía seguidores por todo el mundo, que participó en verdaderos clásicos del género, y que su huella permanecería para siempre en una década como fueron los ochenta en que una manera de hacer cine completamente libre imperó tanto en la gran pantalla como sobretodo en la pequeña. Linnea creyó que era el momento de autohomenajearse, o quizás lo creyó David de Coteau -me da igual-, el productor ejecutivo de la película.

Linnea Quigley's Horror Workout fue dirigida por Kenneth J. Hall, un tipo desconocido por el público más allá de su dirección en la mediocre Evil Spawn. La película, como comento, es un homenaje en forma de falso documental en que Linnea se dedica a repasar algunos de los títulos más reconocidos de su carrera, mostrando también sus virtudes como actriz de tipo “screamqueen” (la técnica del grito, la acción, el baile, el sexo, etc.) además de su trabajo fuera de las cámaras, como es el entrenamiento de su físico. Todo esto, se acaba entremezclando con un ¿argumento? basado en un home invasion zombi, además de un “giro” final muy de género slasher. Ésto es la intención de la película.

¿Que tal? Desastrosa. Se trata de una película realizada sin ningún tipo de pretensión artística pese a las aportaciones de género en relación a los zombies y el cine slasher, que al cmenos divierten y muestran buenos maquillajes. El resto es mierda de la que apesta, en que Linnea, como si se tratara de Cindy Crawford, se dedica a conducir unos eternos -y al la vez muy cortos- 55 minutos, queriendo demostrar a los productores que vean la película que a sus 32 años aún está bien físicamente para lucir su cuerpo y enseñar sus pechugas operadas. Lo hace, insisto, como si imitara a Cindy Crawford en aquellos videos que puso tan de moda en los 80-90, donde aparecía haciendo educación física para que así todas las mamás se pusieran en forma en sus casas. Por tanto, Linnea realiza una serie de estiramientos y bailoteos que, todo sea dicho, demuestra que estaba muy en forma por aquellos tiempos, y todo eso entremezclado con algunos clips de sus películas más exitosas. Y lo que podría ser un intento de homenaje a la actriz, finalmente se queda en una película vacía, sin más, sin ningún tipo de análisis más allá de su egocéntrica actitud ante la cámara, quizás diciendo algún que otro comentario con interés pero al fin y al cabo sin ninguna voluntad de análisis. Solamente se dedica a estirar y a bailar en unas repetitivas e insoportables performance de una durada de casi 7-8 minutos cada una.


Para quedar bien con ella (nunca se sabe si leerá ésto algún día), diré que es una “curiosidad” con más pinta a carne de extra de DVD que a la propia película que es. De hecho, Linnea Quigley's Horror Workout fue un direct-to-video con más fama de la que merece. Olvidable.


Tras el éxito de la primera parte era muy previsible que apareciera una secuela, y así fue. Vice Academy 2 fue una realidad en 1990, y de nuevo fue escrita y dirigida por Rick Sloane, con un resultado muy similar a su primera entrega. Sloane, quiso recuperar el casting de actores que parece ser que tanto cuajó entre el público, compuesto por Ginger Lynn Allen y Linnea Quigley, y configurando una historia policíaca que se aleja algo más de las Loca academia de policías para acercarse más a la saga Arma Letal. Por tanto, el director escribió una historia donde las dos actrices deberán emplear sus armas -en este caso seductoras- contra el crimen, cuando se supone que ya son “profesionales”.

No se trata de una película que mejore nada de la primera parte, al contrario, sigue una linia paralela que repite esquemas, gags, y target al que va dirigida, pese a que en la primera escena de la película aparece Ginger Lynn Alen prometiendo al público que verá una película mucho más sexual que la primera parte, cuando en realidad sigue siendo un simple PG +13... y lo dice una ex-actriz porno... Bien, en todo caso solo contar que fue una película direct-to-video, y que no fue apenas distribuida por su notable mediocridad. Incluso Linnea Quigley se negó ya a participar ya en la 3a parte.

Personalmente se me hizo insoportable, la vi porqué el presente artículo me lo pide, pero vaya... solo me quedo con un detalle que necesito compartir: la actitud del “melenas” rubio antes los distintos streeptease que muestra la película. No tiene desperdicio! Aquí cuelgo un collage de sus gestos jejejeje:



El artículo dedicado a Linnea Quigley terminaría aquí. Pero a ser sinceros he de reconocer que hay 3 películas que no he podido incluir en él -además de cortometrajes y participaciones en televisión, que no he querido incluir-, como son Deadly Embrace, American Rampage y The girl I want, unas películas que no he sabido encontrar en la red. Lo siento, pero no las he visto y por lo tanto no puedo comentar. En todo caso, para compensar, a continuación comentaré por encima 3 películas más situadas a principios de los años 90, y que creo que merecen ser mencionadas más allá del calibre de la participación de Linnea Quigley en ellas. La primera se llama Mutronics.

Y si te dijera... “producción Brian Yuzna” + “años 90” + “Mark Hamill de protagonista” + “Michael Berryman haciendo de delincuente paleto” + “David Gale encarnando de nuevo a un doctor malo malísimo” + “artes marciales” + “live action del manga Guyver”?? ehh... ehh... Dios mío, es Mutronics!!!! Joder que mala es, y que buena a la vez! Con peleas dignas del mejor cine chino de artes marciales de serie Z, efectos especiales chulísimos, disfraces de carnaval resultones, un diseño de producción logrado, y en si es como si Mutronics se tratara de un hijo bastardo de los Power Rangers. Desvergüenza total. Y a eso hay que añadirle, obviamente, un cameo de Linnea Quigley de medio minuto, donde aparece interpretando un papel en el rodaje de una película, chillando sórdidamente. Y tan sórdidamente! De hecho según se dice en distintas fuentes el chillido de Linnea es considerado como el más largo jamás visto en una película... juzgar vosotros mismos.

En resumen, una buena-mala película en que lo peor es ese tono infantiloide que tanto molesta y que según parece el manga original no tiene. De todos modos no lo conozco apenas, así que opinen los fans... que miedo...

(La escena del grito de Linnea Quigley)


Y Sangre Fresca! No me podía olvidar de esta joya del gran John Landis, responsable de clásicos del genero como Un hombre lobo americano en Londres, u otras que valen su peso en oro como Granujas a todo ritmo. Landis es un tipo de director que ama el género pese a que no se dedicó completamente a lo largo de su carrera, y como amante que es sabe perfectamente cual es la fórmula ideal para conseguir satisfacer al público con una comedia de terror: mala leche, gore, ironías, desnudos, y cameos de gente famosilla, y si a eso resulta que el director sabe dirigir con gracia el resultado puede ser espléndido, y en éste caso lo fue. ¿De qué va? Siempre habrá tiempo para hablar de la película, solo decir que es una comedia de terror vampírico que se mezcla con el cine negro. Pero el artículo es sobre Linnea Quigley, así que, qué hay de ella? Pues bien, respeto a los cameos que aparecen en Sangre Fresca podemos encontrar a Sam Raimi, Tom Savini, Dario Argento, y a Linnea Quigley, que interpreta a una enfermera que aparece unos escasos segundos. Esa escena lo cierto es que está metida con calzador en la película, pero resulta uno de los momentos más divertidos de la película. Más que explicarla, mejor os dejo una imagen de la escena y contempláis a qué nivel se encuentra el momento je, je.

(su cameo de Sangre Fresca)

Monsters! On the beeeaaaaach!!, Monsters! On the Biiiiiiiitch!!! Lo siento, el “bitch” final no me he podido resistir. Ese estribillo es el que da vida a la música que se escucha en Las chicas playeras del otro mundo, y es que jodida canción! no me la puedo sacar de la cabeza ni con los mejores temas de Ricky Martin. Al caso. Después de unas 40 películas comentadas el artículo llega a su final dentro de éste grupo de películas que las considero como un anexo, más que nada por ser películas que considero que sería una pena no mencionarlas debido a su cercanía con los ochenta. Pero Las chicas playeras del otro mundo tiene un algo más que la hace distinta del resto, y nada tiene que ver con su calidad, sino que la considero como la verdadera y definitiva despedida de Linnea Quigley de los ochenta, y más concretamente de un estilo de hacer cine basado en el desnudo (aunque su crisis artística entre el año 95 y 2000 la llevaría incluso a relizar cine porno! pero eso ya sería otro tema). Si, parece ser que, con la presente película, una de las más subiditas de tono de la actriz, es como si quisiera explicar que quiere dejar paso a nuevas generaciones de screamqueens para que se dediquen a reemplazarla en un oficio en el que se dedicó incansablemente durante más de 15 años. Es como si quisiera decirnos que necesitaba hacer un punto y aparte en su carrera para dedicarse exclusivamente a “interpretar”, como si hubiese madurado, dejando atrás todas esas películas de adolescentes sobrehormonados, asesinos empalmados, cameos para complacer al fan más pajillero, y en general todo el cine que he ido comentando a lo largo de todo el artículo. Es como si quisiera retirarse de eso que se llama "vivir del cuerpo", ya que en la presente película se dedica a dar culto a nuevos cuerpos femeninos, reiterando a la vez su condición retirada del mundo del espectáculo erótico, marcando así una especie de distancia a todo eso que en gran parte caracterizó su carrera. No se, quizás son imaginaciones mías, pero veo en Las chicas playeras del otro mundo un mensaje subliminal de la actriz de deseo a un cambio en su carrera. De todos modos, Linnea Quigley fue víctima de su propia fama, de su cuerpo, y nunca pudo abandonar su condicion de actriz habituada al desnudo.

La película es muy simple. Está producida por un clásico de éste artículo como es Charles Band, y dirigida por otro clásico como es David DeCoteau, en 1993. El argumento es una tontería de dimensiones astronómicas, simplemente 3 alienígenas se dirigen a la Tierra en busca de 3 hombres para ligar con ellos: uno musculoso, otro artista, y otro inteligente. Al llegar aterrizan a una playa de California, donde se celebra un concurso de bikinis, es allí donde encontrarán a sus “príncipes”. Qué verá el espectador? Pues a montones de chicas y chicos de buen ver, con poca ropa, bailando sin parar, fornicando, y ya está. Por en medio se encuentra Linnea Quigley, haciendo un papel secundario organizando el evento.


Llegados aquí, como dije al inicio de todo el artículo, al igual que no sé empezar tampoco sé terminar. Solo espero que los que hayáis seguido la carrera de la actriz al igual que lo he hecho yo, sepáis ver que ella misma se despidió de su público, porqué quiso decir adiós en Sexbomb, y también lo hizo en Linnea Quigley's Horror Workout, en Vice Adademy, y nos dijo una especie de "adiós" supuestamente definitivo en Chicas playeras del otro mundo. Ella sabía que algo terminaba, y no se equivocó, terminó en ella unas participaciones en películas que eran divertidas, cachondas y duras, mejores o peores pero al fin y al cabo era un cine con personalidad y que quería divertir por encima de cualquier otra pretensión, y pienso que lo consiguió. Sus nuevas películas noventeras normalmente fueron productos hechos en cadena y sin ánimo de divertir, con aún más bajo presupuesto, y ademá, sin la atenta mirada de aquellos fans que la siguieron en los 80 para fijarse en otras más jóvenes destinadas a triunfar. Es decir, vino su decadencia, y artísticamente vino la mierda en su forma más pura.

Me quedo con esta imagen:



lunes, 22 de septiembre de 2014

R100 - Hitoshi Matsumoto, 2014



TÍTULO ORIGINAL: R100
AÑO: 2013
DURACIÓN: 100 min.
PAÍS: Japón
DIRECTOR: Hitoshi Matsumoto
GUIÓN: Hitoshi Matsumoto, Mitsuyoshi Takasu, Tomoji Hasegawa, Kôji Ema
MÚSICA: Hidekazu Sakamoto
FOTOGRAFÍA: Kazushige Tanaka
REPARTO: Nao Ohmori, Mao Daichi, Shinobu Terajima, Matsuo Suzuki, Atsuro Watabe, Hairi Katagiri, Gin Maeda, Eriko Satô
PRODUCTORA: Warner Bros. Japan

NOTA: 7





Dicen que en la vida tenemos que escoger entre las cosas buenas y las cosas malas, y solo de ese modo conseguiremos ser felices. Cada uno escoge lo que cree correcto, pero también debe ser consecuente con sus actos. Partiendo de esta base, el director de R100, Hitoshi Matsumoto, desarrolla un argumento que pretende reflejar al ciudadano medio japonés de hoy según su particular visión, a unos hombres que viven inmersos en una sociedad reprimida sexualmente y con ganas de liberar sus deseos pervertidos. Es, en definitiva, una película que pretende deconstuir con el modelo familiar tradicional japonés, y provocar al espectador al mismo tiempo con un discurso “absurdo” de lo que es para Matusmoto el absurdo en sí. Telita, eh? Vayamos por partes.

La película es difícil de seguir, pero intenta explicar como un hombre de mediana edad y padre de un hijo de unos 5 años tiene una vida triste y gris, además que su mujer se encuentra en el hospital sumergida en un profundo coma desde hace unos 3 años. Un día, accede a un extraño club sadomasoquista para poder saciar sus deseos sexuales más perversos, un club sin reglas donde todo vale, donde mujeres seductoras y dominantes controlan la situación y obligan a sus clientes a ser dominados. Pero solicitar los servicios de este club implica firmar un contrato que liga al cliente con la empresa hasta un año, y no se puede cancelar bajo ningún concepto... Al principio todo parece gustarle al hombre, hasta que la situación se le escapa de las manos.


Bien, sobre esta base, el director Hitoshi Matsumoto, pretende emular en R100 la idea que ya propuso en su anterior filme Scabbard Samurai -la que es, personalmente, una de las películas que más he disfrutado en Sitges desde que tengo uso de la razón-, es decir, en la idea del bucle y de la incomprensión de la situación por parte del protagonista. Pero para los que recuerden Scabbard Samurai, aquí todo está desarrollado de un modo mucho menos coherente y con situaciones que rozan entre lo absurdo y lo grotesco. No por ello su contenido es menos claro, ya que Matsumoto pretende explicar con la película que la sociedad actual japonesa es víctima de su sumisión a lo rutinario, a lo esclavo, a la humillación y a la burla, pero que pese a ello el habitante japonés es capaz de encontrar el placer en medio de todo este drama. ¿Como lo hace? Mediante el sadismo. R100 trata de eso, del proceso que hace un habitante japonés hacia el conformismo e incluso la obtención de placer en una sociedad que putea a su gente, y para conseguirlo hay que pasar de ser un reprimido a un sádico. Solo de ese modo es como un habitante puede encontrar la felicidad entre la mierda.

Con todo esto, la película irá mostrando una serie de situaciones en que al protagonista le aparecerán distintas chicas vestidas de cuero para obligarle a participar en sesiones bondage, con latigazos, escupinadas, palizas, quemaduras, etc. Tampoco quiero engañar a nadie, se trata de una película que no es accesible para todos los públicos, muy de festival, y extravagante en su forma, aunque bastante clara en su mensaje. Pero a los atrevidos que quieran atreverse a disfrutarla estoy seguro que se llevarán una grata sorpresa. Matsumoto se ríe de todos, incluso de él mismo con la propuesta que presenta al espectador. Y es que, a lo largo de la película, irán apareciendo un grupo de espectadores de mediana edad que irán criticando a la vez que alarmándose de las locuras y excesos que Matusumoto va mostrando en R100 -espectadores como tú o yo-, llegando esa gente a la conclusión que se trata de una película que solo la puede haber realizado un director de más de 100 años, la única persona capaz de hacer lo que le dé la real gana sin ningún miedo a las críticas. Y es que, según esos críticos, R100 pretendía ser una especie de versión punk de “El principito” de Antoine de Saint-Exupéry, pero que al director se le fue de las manos... Es decir, que esa gente llega a la conclusión que solo una persona de 100 años es la única capaz de decir bien alto y claro que se la suda las críticas negativas por haber realizado una película tan extravagante, y eso no es más que un mensaje crítico a las limitaciones que ofrece el cine. Por lo tanto, para Matsumoto, un artista es aquella persona libre y que hace caso omiso a los críticos, modas y clichés cinematográficos impuestos por la industria. 


En resumen, R100 es una película que gustará a los espectadores que busquen un desafío a la corrección, también la autoparodia como espectadores, a la vez que quieran descubrir un mensaje crítico sobre la moral japonesa -y por qué no, también occidental-. Es una película que, simplemente, pretende decir bien alto “HAZ EN TU VIDA LO QUE TE DÉ LA PUTA GANA”, sin miedo a las críticas ni al ridículo. Por otro lado, tampoco se queda corto Matsumoto al demostrar que domina la cámara a la perfección y que sabe lo que quiere en el montaje. En definitiva, es una película a descubrir, igual como debería hacerse con la divertidísima Scabbard Samurai, aunque R100 ya son palabras mayores.

Por cierto, Matsumoto aparece a la película en un cameo, haciendo de policía.

TRAILER:


lunes, 15 de septiembre de 2014

Dead Snow 2: Red vs Dead - Tommy Wirkola, 2014





TÍTULO ORIGINAL: Død Snø 2 (Dead Snow 2: Red vs. Dead)
AÑO: 2014
DURACIÓN: 100 min.
PAÍS: Noruega
DIRECTOR: Tommy Wirkola
GUIÓN: Tommy Wirkola, Stig Frode Henriksen, Vegar Hoel
MÚSICA: Christian Wibe
FOTOGRAFÍA: Matthew Weston
REPARTO: Vegar Hoel, Stig Frode Henriksen, Martin Starr, Ørjan Gamst, Monica Haas, Jocelyn DeBoer


NOTA: 8




Es evidente que la sociedad europea de hoy vive una realidad basada en el recelo hacia la tolerancia, hacia la igualdad, hacia la solidaridad y hacia la unión, muy posiblemente como consecuencia de unos tiempos de crisis financiera que ha afectado a los bolsillos de la gente, y esa es una situación de la que la derecha política siempre ha sabido beneficiarse para abonar el terreno del fascismo. Y esta es la sociedad europea de hoy, una sociedad que cada vez más opta por votar a unos políticos de “ultraderecha”, un término que utilizan los políticos y la prensa para definir a esta ideología, pero que los historiadores se encargan de desenmascararla para denominarla “nazismo”.

Tommy Wirkola ha querido aprovechar de un modo superficial esta realidad europea de hoy para estirar el cabo suelto dejado en Dead Snow (2009), la que es una de las mejores películas del género zombie que se han realizado en los últimos años. Si bien aquella película se basaba en utilizar un argumento tópico del género de terror y, sobretodo, del clásico de Sam Raimi Evil Dead, en Dead Snow: Red vs Dead, va mucho más allá con una historia infinitamente más ambiciosa que pretende parodiar en clave de género de cine zombie la realidad europea de hoy, junto con algunos guiños históricos. Tema aparte es si Wirkola consigue convencer en sus intenciones, pero si más no, los zombies ya no son simples “guerreros” de la nieve cazadores de un grupo de jóvenes en busca de fiesta, sexo y alcohol, para convertirse ahora en un ejército temido y que cada vez capta más adeptos entre su gente. De hecho, Wirkola insiste en algunos diálogos que no está mostrando a zombies hambrientos de carne humana, sino a una gente que pretende recuperar algo que perdió: el poder, y el poder consiste en rearmarse y hacerse fuerte, algo parecido a lo que está consiguiendo la ultraderecha de hoy.



Pero bien, esa es una visión que cada espectador podrá hacer -o no- sobre ciertos paralelismos con la sociedad de hoy. Para el resto, simplemente estarán delante de uno de los mejores títulos que el género de terror nos ha regalado en los últimos años, e incluso supera considerablemente a su predecesora. Es genial Dead Snow 2. Tiene todo lo que se le puede pedir a una película de comedia-zombie, como es unas altas dosis de casquería y violencia, mucha mala ostia, humor negro de ese que los norte-europeos tan bien saben hacer -y que resulta completamente efectivo-, y situaciones curiosas que presentan escenas merecedoras de ser recordadas. Y es que de eso se trata una secuela, de querer esforzarse a superar a su predecesora en todos los aspectos, en detrimento del factor sorpresa claro, pero eso es algo que aquí poco importa, porqué Dead Snow 2 presenta una historia distinta y mucho más atrevida que su primera parte, y en que casi todas sus propuestas convencen, divierten y sorprenden mire por donde se mire. Y todo desarrollado con mucha acción, detalles encantadores como es un brazo zombie, el mad doctor, o el ejército zombie comunista, por no hablar del humor enfermizo a niveles "tromáticos". Es, por decirlo de un modo claro y contundente, un título de instantáneo culto para los fans al género.



Quizás la única pega que merece ser comentada de la película es su ritmo narrativo intermitente, debido a un guión demasiado superficial y con poca garra, basado en mostrar un puñado de situaciones límite cargadas de gore y gags de humor resultones, que, todo sea dicho, funcionan ambos de maravilla, pero la repetición de esquemas no me hicieron atrapar a la trama todo lo deseable, y en algunos tramos noté bajones narrativos importantes. Es como si echara en falta un espíritu más “survival”, que diera más emoción a la trama. De todos modos quiero insistir en lo disfrutable del conjunto, y en todas esas escenas memorables que muestra, como aquélla en el tramo final de la película en que los zombis nazis se enfrentan a los zombis comunistas, una escena al más puro estilo Green Street Hooligans... Ahí lo dejo. Enorme! 



Un apunte: esperad hasta final de los créditos, hay una sorpresa preparada ;-)


TRAILER:



lunes, 8 de septiembre de 2014

¿Se resuelve el enigma? La verdadera identidad de Jack el Destripador


Uno de los misterios más populares y que jamás se resolvieron es sin duda el caso de Jack el Destripador. Mucho se ha escrito sobre él, también se han contado muchas teorías, aparecido sospechosos de todo tipo, y obviamente el cine también ha querido hacer negocio en numerosas ocasiones.
Pero a lo largo de las últimas décadas, gracias a los avances tecnológicos relacionados con el estudio del adn, los científicos han podido elaborar nuevas teorías sobre la identidad del asesino que asedió el barrio londinense de Whitechappel a finales del s. XIX, llegando incluso a relacionar los sucesos con la monarquía británica o incluso que el asesino podía ser una mujer. Pero hasta el día de hoy, según cuenta el noticiario The Daily Mail, no ha habido jamás una prueba tan potente que culpabilice a una persona como hasta ahora: el asesino podría ser un hombre llamado Aaron Kosminski, un peluquero medio judío y medio polaco que vivía en Whitechappel por aquellos tiempos.
Cabe decir que, el tal Kosminski, ya fue uno de los principales sospechosos de aquellos tiempos, pero la falta de pruebas que le involucraran con los asesinatos le hizo quedar en libertad -aunque no por mucho tiempo, ya que tres años después de los 5 asesinatos de Jack el Destripador (en 1888), en 1991 a Aaron Kosminski le encerraron en un manicomio-.

¿Cómo han llegado los expertos hasta señalar con el dedo a Kosminski? Bien, ante todo hay que tener en cuenta que han pasado ya más de 100 años, e investigar este caso es complicado hoy en día, y por tanto no hay que olvidar que pese a las pruebas existentes que le pueden incriminar hay una parte teórica. Según se cuenta, Aaron Kosminski se cree que no fue exactamente la persona que detuvieron en su día, es decir, que parece ser que la policía londinense le confundió con otra persona con el mismo nombre y apellido y detuvieron a un inocente, y es por ello que lógicamente había pocas -o ninguna- evidencia que conectaran las pruebas incriminatorias con esa persona que detuvieron, ya que lógicamente su coartada tenía que ser muy sólida. Por tanto, se confundieron de persona, quedando así en libertad el verdadero asesino.
Por otro lado, las investigaciones de hoy revelan que se ha encontrado adn del verdadero Aaron Kosminski en un chal que perteneció a Catherine Eddowes, una de las víctimas de Jack el Destripador. Ese adn ha sido encontrado en el chal manchado de sangre que llevaba la víctima en el momento del asesinato, por unos restos de semen impregnados en él que pertenecían a Aaron Kosminski.
El inocente Aaron Kosminski (que dicen que podría tratarse de un tal David Kosminski) murió en 1919 a causa de una gangrena que sufría en su pierna, en el hospital psiquiátrico al que estaba encerrado.

En todo caso todo esto no deja de ser una teoría que, después de 126 años, solo podemos escucharla como una teoría más entre las muchas que corren. En todo caso es quizás ésta es la prueba más sólida de las muchas que se han conspirado, y eso hará seguir escribiendo a la gente ríos de tinta demostrando una vez más que la leyenda de Jack el Destripador sigue viva, muy viva!

 Fuente:
http://www.dailymail.co.uk/news/article-2746321/Jack-Ripper-unmasked-How-amateur-sleuth-used-DNA-breakthrough-identify-Britains-notorious-criminal-126-years-string-terrible-murders.html

Si clicas AQUÍ puedes leer un completo artículo dedicado a Jack el destripado.